sábado, 2 de mayo de 2009

Topónimos y gentilicios

Es una realidad que vivimos intercomunicados de lado a lado del planeta, por lo que no faltan ocasiones en las que se plantean dudas sobre topónimos y gentilicios, esto es, nombres propios de lugar y pertenecientes a esos lugares o países. Por eso, revisamos hoy unos cuantos.
Iraní (iraníes) es el natural del actual Irán, e iranio (iranios) el perteneciente al Irán antiguo.
Aunque son aceptadas las dos formas de escribir el nombre del país asiático Iraq e Irak, la Academia aconseja Iraq con su correspondiente gentilicio, iraquí (iraquíes).
Bengalí (bengalíes) es el natural de Bangladesh y cingalés el de Ceilán.
Más raro resulta el gentilicio de Jerusalén: hierosolimitano, pero no lo es tanto considerando que el nombre original de la capital de Israel es Hierosolyma.
Países Bajos es el nombre oficial de ese país de Europa, y se usa normalmente con artículo: los Países Bajos. Su gentilicio, neerlandés, se aplica, además, como sustantivo, al idioma que allí se habla. Pero teniendo en cuenta que es de uso común nombrar a este país como Holanda, a pesar de ser ésta una región occidental del mismo, también se emplea holandés como gentilicio y como nombre del idioma.
Todos sabemos que Estados Unidos es el nombre abreviado de los Estados Unidos de América. Puede usarse con artículo o sin él. Si lo lleva, el verbo irá en plural: “Los Estados Unidos pidieron a Francia…” Si no lo lleva, el verbo irá en singular: “Estados Unidos está preparado para negociar”. Es frecuente referirse a este país a través de su abreviatura EE.UU. (con puntos como toda abreviatura), o de la sigla E U A (sin puntos como cualquier sigla). Pero en español no debe emplearse la sigla inglesa U S A.
El gentilicio recomendado es estadounidense, mejor que estadunidense, aunque éste también es válido.
Y aunque Beijin, Pekín y Pequín son los topónimos empleados para nombrar la capital de China, el gentilicio en español es pekinés. Y como el nombre de China, en Occidente, se derivó del griego “Sina” (con sigma inicial que en español suena “s”) sinología es el estudio de las lenguas y culturas de China, y sinólogo, el que lo practica.

Luque Maricarmen

Tres adjetivos con sus tres sustantivos

Eficaz, eficiente y efectivo; he aquí tres adjetivos con sus correspondientes sustantivos, eficacia, eficiencia y efectividad, que muchas veces empleamos indistintamente. Y aunque son prácticamente iguales en su significado, conviene hacer algunas puntualizaciones sobre su uso.
Eficaz, aplicado a una cosa, es que produce el efecto esperado: “el jugo es eficaz en las afecciones febriles”. Puede aplicarse también a personas, con el sentido de competente —que cumple perfectamente su cometido—, pero en este caso, es preferible usar eficiente, que coincide en el significado: “La eficiente enfermera abandonó el quirófano”.
Eficaz para cosas, eficiente para personas.
El nombre o sustantivo correspondiente a eficaz es eficacia, capacidad de lograr el efecto buscado, capacidad de ser eficaz: “Una buena tecnología amplía la eficacia de la intervención humana sobre la naturaleza”. Eficacia mejor que efectividad. Y con personas: “La eficacia de Juan es reconocida por todos sus compañeros de trabajo”.
El sustantivo correspondiente a eficiente es eficiencia, equivalente a eficacia, y sólo aplicable a personas: “Les sorprendió la eficiencia de las dos enfermeras”.
Efectivo, aplicado siempre a cosas, nunca a personas, posee dos acepciones: Una, lo que es real o verdadero: “Se pactó un aumento efectivo del 8 por ciento”. Otra, coincidiendo con eficaz —lo que es capaz de lograr el efecto que se desea—: “Hablaremos ahora sobre el más efectivo (o eficaz) antídoto contra la corrupción”.
Como ya vimos, la efectividad coincide con la eficacia en el sentido de lo que causa efecto, aunque sea preferible el uso de eficacia.
Por otra parte, la palabra efectivo usada como sustantivo significa: (Singular colectivo), —número de hombres que tiene una unidad militar—: “Para la invasión se contaba con un efectivo de siete mil guerrilleros”.
Y aunque lo leamos en los periódicos, no es correcta la frase: “Llegó el juez y un efectivo de la Policía”. Efectivo deberá sustituirse por “elemento” o escribir simplemente “un policía”.
El espacio de hoy, amigos, no es fácil y está lleno de efes. Para finalizar con la misma letra: ¡Feliz semana!

Luque Maricarmen

Hablamos y escribimos un idioma rico

La verdad, amigos, es que hablamos y escribimos en un idioma rico, expresivo y bello. Nuestra lengua posee tantos matices, que una sola raíz cuando está acompañada de los distintos afijos (prefijos y sufijos) aportados por las diversas lenguas que conformaron la nuestra, genera múltiples significados, aumentando casi indefinidamente el número de vocablos. Y así, nuestra capacidad de expresión es casi ilimitada. Es sorprendente, sin embargo, que la mayoría de los hablantes nos conformemos con un reducido número de términos para hacernos entender. Cierto que el fin primordial del lenguaje es la comunicación, pero, ¿por qué desperdiciar las infinitas posibilidades de nuestro idioma para comunicarnos mejor? ¿Y por qué no reflexionar sobre él de vez en cuando?
Para hacerlo les propongo algunas palabras sobre las qué pensar. El sentido del sufijo aumentativo “on” es aumentar o añadir intensidad. Sin embargo, a veces hace lo contrario. Por eso vemos que la pluma es cada una de las piezas que forman la cubierta exterior (plumaje) de un ave, mientras el plumón, que nace en la parte más interior, es más suave y más pequeña.
La rata es un roedor de unos 36 centímetros, con cola incluida, más grande que ratón, que no pasa de los 20 centímetros y, curiosamente, frente a pelo está pelón que significa carencia de lo que expresa la palabra de que procede. Curiosidades del lenguaje.
Los prefijos “ante” y “anti” a veces son confundidos. “Ante” denota anterioridad y equivale a “antes”. “Anti” es lo opuesto y equivale a “contra”. Por eso, anteayer es antes de ayer, anteproyecto, antes del proyecto. Así como antitusígeno es contra la tos, y antisocial, opuesto a la sociedad. Con esto queda aclarada la duda sobre si a lo que sucedió antes del diluvio, me refiero al diluvio universal, cuando Noé se encerró en un arca con una pareja de cada especie animal, se le aplica el calificativo antidiluviano o antediluviano. Y por extensión, se califica de antediluviano a lo que es antiquísimo.

Luque Maricarmen

Bienvenidos los neologismos

Se habla mucho de los que con celo se preocupan por la lengua, y con frecuencia se critica a los académicos y a los que se empeñan en la lucha por la pureza del idioma.
Recuerdo un artículo del antiguo director de la Academia, Fernando Lázaro Carreter, (q.e.p.d.) en el que trataba este tema, y resalto algunos aspectos del mismo que vienen al caso.
En estos tiempos que nos ha tocado vivir, donde impera el “todo vale” y el “ahí vamos”, es lógico que esa laxitud alcance también al idioma. Y no faltan quienes defendiendo el postulado de que la lengua es un elemento vivo que debe evolucionar, ¡quién lo duda!, olvidan que toda lengua se construye entre dos fuerzas: la de los que al poseer contenidos mentales ricos luchan por plasmar en ella esa riqueza y la de los que sólo la usan como recurso elemental para entenderse, privándola de matices y belleza.
Es obvio que los idiomas cambian, pero siempre impulsados por esas dos fuerzas que se contrarrestan y se equilibran.
Porque cuando la fuerza trivializadora es la que se impone, ocurre lo que sucedió con la ruina del latín, la gran noche de Occidente. Se rompió una gran lengua y surgieron unos idiomas rudos y primitivos.
Y no se puede olvidar que para convertir esos idiomas en grandes lenguas, sus mejores hablantes tuvieron que volver a la tutela clásica dotándolas de normas cultas, a imitación de la latina.
¿O es que se piensa que la poesía y la prosa de Fray Luis de León, de Cervantes o de Sor Juana, o las de nuestros insignes contemporáneos salieron de la laxitud o la relajación?
Si el español existe como lengua de cultura se debe a los recursos que le aportaron los mejores. Porque la lucha contra la dejadez y el “ahí se va” forma parte del vivir de toda lengua.
Cuando una cosa se dice mal y muchos lo hacen, significa que hay una falta individual y colectiva de instrucción, y denunciarlo supone salud idiomática y capacidad de reacción.
Bienvenidos sean los neologismos. Y bienvenida sea la capacidad de juzgarlos, discutirlos, aceptarlos o rechazarlos. Eso significa no sólo que la lengua está viva, sino también los que la hablan.

Luque Maricarmen

El museo lateral

La palabra “lateral”, ¿es masculina o femenina?
Del adjetivo latino, lateralis procede nuestro adjetivo, lateral; como tal, carece de género, es decir, toma el del sustantivo a que acompaña. Su significado: “Situado al lado de una cosa” se acomoda tanto a nombres masculinos (el espacio lateral, un camino lateral) como a femeninos (una zona lateral, la parte lateral).
Sin embargo, cuando lateral funciona como sustantivo con el significado de “cada uno de los lados de una avenida separado de la parte central por un camino o un seto”, su género es masculino: “El Museo de Antropología se encuentra en un lateral del Paseo de la Reforma”.
Y ya que salió la palabra museo, conviene saber que es de origen griego: Museion, colina de Atenas dedicada a las Musas. Del griego pasó al latín: museum, lugar de las musas, y de ahí a nuestro museo. Su historia viene de antiguo.
Existió en Roma la costumbre de exhibir los objetos artísticos expoliados durante la conquista de nuevos territorios. Y eran expuestos en lugares públicos, aunque el gusto por el coleccionismo de estos objetos llenó de ellos las casas de los poderosos.
En el siglo I a. C., el emperador Agripa, temeroso de que se perdieran las obras de arte desperdigadas por las villas romanas, propuso reunirlas en edificios especiales donde la gente pudiera verlas y estuviesen protegidas. Es entonces cuando nacen los museos.
Ya en la Edad Moderna, en el Renacimiento (s. XV y XVI), cuando el arte llena los palacios de los mecenas italianos, Vasari realiza el primer proyecto de un edificio que se construirá expresamente para ser utilizado como museo: el palacio de los Uffizi en Florencia.
En los siglos posteriores, los reyes, la aristocracia y los altos dignatarios de la Iglesia, apasionados coleccionistas de arte, sientan las bases de los museos nacionales, pero todos de carácter privado.
Es en el siglo XVIII cuando se funda el primer museo público de Europa, el Museo Británico, en 1753.
El Museo de Louvre fue abierto al público en 1793, y el Museo del Prado se inauguró en 1819.
El significado más antiguo de la palabra museo ha derivado hacia el sentido actual donde tienen cabida no sólo objetos artísticos sino científicos o de otro tipo, y en general, de valor cultural.

Luque Maricarmen

Amemos y defendamos nuestra lengua

Hablar de la pureza de una lengua es casi una entelequia, porque la perfección de algo que es inherente al ser humano y lo acompaña a lo largo de su vida para poder abrirse y comunicarse con los demás, no puede ser puro, si por puro se entiende lo que está libre y exento de toda mezcla.
La pureza es una cualidad que no puede aplicarse a una lengua porque no hay lengua pura.
Todas, y la nuestra en especial, nacieron mestizas.
Si ya el latín, lengua de la que procede el español, no era una lengua pura sino que provenía de otra antiquísima, el indoeuropeo, que se hablaba hace siete mil años, menos lo será el castellano, que se formó mediante la asimilación del latín con las lenguas autóctonas que se hablaban en la península ibérica.
Y después llegarían otras, como el griego y el árabe, para quitarle pureza al español a cambio de enriquecerlo.
Y más adelante, el francés, por las rutas del Camino de Santiago que los peregrinos recorrían para llegar a la tumba del Apóstol, fue invadiendo de galicismos el castellano, que así creció y se hizo grande.
Y cuando en el siglo XVI atraviesa los mares y llega al otro lado del Atlántico, el español adquiere su verdadera dimensión, su inmensidad.
Por lo que no es su impureza lo que nos debe preocupar.
Que los anglicismos entren a raudales porque la técnica lo exige, llenando vacíos que existen en nuestra lengua, es bueno para el idioma porque lo enriquecen.
Lo que, sin embargo, sí le hace daño es el hablante que usa y adopta el anglicismo innecesario, ése que sustituye al vocablo español que ya existe con el mismo significado: chance, parking, cash, overbooking en lugar de oportunidad, estacionamiento o aparcamiento, efectivo, sobreventa.
Amigos, lo importante es que amemos nuestra lengua, que la defendamos y nos sintamos orgullosos de ella, y, sobre todo, que la usemos mucho y bien.

Luque Maricarmen

La lengua española es un tesoro


Sobre la base de un artículo publicado por la ensayista Pilar García Moutón, les paso hoy la novedad de una publicación interesantísima para los amantes de la lengua. Se trata de la reedición del Tesoro de la lengua castellana o española —Editorial Ignacio Arellano y Rafael Zafra, Universidad de Navarra/Iberoamericana/Vervuert/REal Academia Española, 2006— obra escrita por el gran lingüista español Sebastián de Covarrubias en 1611.
Es un diccionario espectacular en el que la cultura y los hablantes de principios del siglo XVII adquieren vida propia.
En una época que empezaba a mostrar el orgullo por su lengua, Covarrubias considera que con su diccionario, ésta ya no se contará “entre las lenguas bárbaras”, y pide licencia al rey para ponerle el nombre de Tesoro.
Perteneció Covarrubias a una familia de humanistas ilustres con raíces toledanas. Gramático y sacerdote, fue canónigo en Cuenca, capellán del rey Felipe III, además de especialista en historia antigua y en griego, latín y hebreo. Un hombre de letras apasionado, como lo demuestra la referencia clásica mezclada con la etimología popular que acompaña a las palabras que aparecen en su diccionario, con descripciones de la vida cotidiana a través de cancioncillas, refranes y creencias.
Con la lectura de su obra nos llegan las voces de los hombres, las mujeres y los niños de su tiempo, en una sociedad permeabilizada por la religión, todavía reciente la convivencia con las culturas árabe y judía, y una gran curiosidad por todo lo que llegaba de América.E
l gran sentido lingüístico de Covarrubias no sólo se muestra en su interés por las etimologías, sino a través de sus comentarios, como el seseo de los moriscos a los que reconocían por la manera de pronunciar cebolla (sebolla).
Amigos, un perfecto regalo navideño, tanto para lingüistas como para los que sienten curiosidad por el recorrido y la historia de esta lengua nuestra, es el Tesoro de la lengua castellana o española. Yo ya se lo pedí a los Reyes Magos.
A mis lectores: toda la suerte y felicidad posibles en el año 2007, de momento…


Luque Maricarmen