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domingo, 3 de enero de 2010

Hablemos hoy de latinismos

De latinismos está lleno nuestro idioma.
Etcétera es una expresión que se usa para no terminar una exposición o para cerrar enumeraciones incompletas.
Procede de las palabras latinas et caetera, cuyo significado literal es “y el resto y las demás cosas”.
En la escritura va siempre precedida de una coma, se emplea frecuentemente en su forma abreviada y, como cualquier abreviatura, va seguida de punto (etc.): “Compraremos lápices, bolígrafos, cuadernos, etc., o sea, todo el material escolar”.
Como sustantivo, es masculino, tiene forma de plural y admite calificativos: “Infinitos etcéteras convertían aquel escrito en algo indefinido e inconcluso”.
La expresión ad hoc, que literalmente significa “para esto”, se emplea como adjetivo con el sentido de “adecuado, apropiado, dispuesto para este fin”: “Después de muchas pruebas encontró el lugar ad hoc para aquel cuadro”.
Ad litteram es la forma de decir en latín nuestra expresión “al pie de la letra”, cuyo sentido es “literalmente, sin variación, sin añadir ni quitar nada”.
Por cierto, también es nombre del programa matutino que cada día comparto en la radio con todos los que quieren escucharme al empezar su jornada.
Por deformación de las palabras latinas a latere, al lado, se formó la palabra completa adlátere, de uso frecuente en español con el significado de “persona que acompaña habitualmente a otra, a la que, por lo general, está subordinada”: “El director recorría cada mañana los distintos departamentos de la compañía acompañado por sus incondicionales adláteres”.
Del latín mare mágnum, que literalmente significa mar grande se formó la palabra maremágnum o más hispanizada, maremagno. Ambas formas significan “confusión” y “masa confusa y numerosa de personas o cosas”: “En el maremagno (o maremagnum) de la pasión olvidó cuál era el propósito de su visita”; “Debía encontrar el informe en aquel maremagno (o maremagno) de archivos”.
Latinismos, esos giros, palabras o construcciones propios de la lengua latina, o formados a partir del latín, la cuna del español.

Luque Maricarmen

domingo, 12 de julio de 2009

Latinismos

Muchos son los latinismos o locuciones latinas que aparecen en nuestro idioma. Y tiene su explicación, ya que fue el latín la lengua culta usada durante siglos y de la que procede la nuestra. Unos pasaron a la historia. Otros muchos son exclusivos del lenguaje jurídico y otros permanecen y se emplean en el lenguaje coloquial, al que dotan de cierta erudición. Hoy les traigo algunos.
“Errare humanum est” significa ‘errar es humano’ y se emplea como disculpa ante una equivocación o un error.
La locución “modus operandi” significa ‘modo de obrar’. Tiene género masculino y es invariable en plural. Por ejemplo: “En los dos atentados los terroristas emplearon el mismo modus operandi”.
Las mismas características tiene “modus vivendi”, cuyo significado en el lenguaje corriente es ‘modo de ganarse la vida’. Por ejemplo: “Tenía tanta habilidad para la falsificación que la convirtió en su modus vivendi”.
“Verba volant, scriptum manet” significa ‘las palabras vuelan, lo escrito permanece’. Es una sabia frase de fácil aplicación.
Un latinismo de uso frecuente es déficit, 3ª persona singular del presente del verbo deficio cuyo significado es ‘faltar’. Empezó a usarse en el siglo XVIII en el ámbito económico con el sentido de ‘diferencia negativa entre ingresos y gastos’. El déficit, en general, es la ‘falta o escasez de algo que se juzga necesario’: “la ciudad tiene déficit de viviendas”. El plural es déficits.
Se sabe que para cerrar enumeraciones incompletas se usa la palabra etcétera, abreviada: etc. Procede de la expresión latina “et caetera” que se traduce por ‘y lo demás’.
Este latinismo, que en la escritura se emplea normalmente en forma abreviada, siempre va precedido de coma: “empezaron a llegar animales: perros, gatos, ardillas, patos, etc. Aquello parecía un zoológico”.
Como sustantivo, etcétera es masculino y admite plural: “Habría que añadir a lo dicho infinitos etcéteras”.
La locución latina “sui géneris” significa literalmente ‘de su género o especie’. Se usa como adjetivo con el sentido de ‘singular o peculiar’: “ese novelista tiene una forma sui géneris de escribir”.
“Vox pópuli” se traduce literalmente por ‘voz del pueblo’ y se emplea con el sentido de ‘rumor popular que corre de boca en boca’: “la infidelidad del rey ya era vox pópuli”, quiere decir que era del dominio público, o sea, conocida por todos.
Y termino con una que pueden encontrarse escrita y suele despistar; es “in púribus”. Originalmente era “in puris naturálibus”, literalmente ‘en puro estado natural’, pero con el tiempo la expresión latina se redujo, quedando en la forma actual, con el significado de: ‘completamente desnudo’. Por ej. “Los amantes apagaban la luz antes de quedarse in púribus’.
La lista sería interminable. Seguiremos.

Luque Maricarmen

miércoles, 29 de abril de 2009

Es correcto decir los currículum vitae

La locución latina currículum vitae es de sobra conocida por todos. Literalmente se traduciría por la “carrera de la vida”, pero el sentido que se le da en el uso habitual que de ella se hace en muchos idiomas es “la relación de los datos personales, formación académica, actividad laboral y méritos de una persona”.

Sin embargo, es frecuente que muchos hablantes se planteen dudas a la hora de pluralizar la expresión. En latín se haría cambiando sólo la primera parte del sintagma. Así: “currícula vitae”, pero en español, según el Diccionario Panhispánico de Dudas, para el singular y el plural la expresión es invariable: el currículum vitae y los currículum vitae.

Tampoco sería correcto emplear “currícula” como un sustantivo femenino con el significado de “plan de estudios”. Para este sentido debe usarse la palabra castellana, currículo.

Aunque es bueno saber que si el hablante no quiere recurrir a latinismos, puede también expresar la misma idea del “currículum vitae”, con el término currículo, en singular, y currículos, en plural.

En cuanto a la pronunciación de “vitae”, puede hacerse juntando las dos vocales finales, con sonido “e”, propia del latín vulgar (vite) o separando el diptongo “ae”, propio del latín clásico (vitae).

Otra locución latina, más amena que la anterior, es alea iacta est, que significa “la suerte está echada”. Se usa cuando ya se tomó una decisión de la que uno no puede volverse atrás. La frase, contundente y definitiva, tiene su historia. Fue pronunciada por el general romano Julio César al atravesar el Rubicón, hoy Fiumicino, de camino hacia Roma, a pesar de que el Senado había declarado enemigo al que lo hiciera.

Pero él lo cruzó con sus legiones, lanzando la famosa frase alea iacta est (la suerte está echada) que pasó a la historia.

Y fue su arrojo u osadía lo que le valió entrar triunfante con sus soldados en la ciudad de Roma.

Luque Maricarmen

martes, 31 de marzo de 2009

La plaga de algunos términos

Nuestro idioma está plagado de términos derivados de las dos grandes lenguas de la Antigüedad clásica, el latín y el griego, y son tantos “logos”, “grafos” y “fonos”, que a veces confundimos el significado de las palabras formadas con esos sufijos.
Tal sucede con grafólogo y calígrafo.
Grafología y caligrafía tienen en común el sufijo “graf” que es letra. Pero, mientras la grafología relaciona a la letra con “logos” que es estudio o conocimiento (grafología: estudio de la letra), la caligrafía lo hace con “kallós” que es belleza, (caligrafía: belleza de la letra). El oficio del calígrafo fue siempre escribir con hermosa letra. Y como escribía con péndola o pluma, a veces de ave, se les llamó también pendolistas.
Pero, con el paso del tiempo, y casi desaparecido el oficio del calígrafo o pendolista sustituido por los medios mecánicos de escritura, la palabra calígrafo se aplica además a las personas capacitadas para dictaminar acerca de la autenticidad o falsedad de un texto manuscrito.
El grafólogo, por su parte, es el perito en averiguar, por las particularidades de la letra, cualidades psicológicas de quien la escribe.
Tienen también relación entre sí los términos ortografía, ortofonía y ortología. Los tres están formados por el prefijo griego “orto” que significa correcto.
La ortografía, cuya etimología la define como “correcta escritura”, es el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua, y se ocupa del buen uso de las letras y de los signos especiales.
La ortofonía corrige los defectos de la voz y de la pronunciación.
Y la ortología es el arte de pronunciar correctamente, y en sentido más general, de hablar con propiedad, es decir, bien.

Luque Maricarmen