La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
miércoles, 1 de julio de 2009
Acerca de las palabras homónimas
Los homófonos son mucho más numerosos: haya (árbol o del verbo haber), halla (del verbo hallar) y aya (mujer encargada del cuidado de niños). Hola (saludo) y ola (onda formada en la superficie del agua). Hojear (pasar las hojas de un libro) y ojear (mirar superficialmente un texto). Varón (humano de sexo masculino) y barón (título de dignidad). Hora (fracción de tiempo) y ora (del verbo orar). Vaya (del verbo ir), valla (vallado para defensa) y baya (fruto carnoso). Grabar (captar imágenes o sonidos para reproducir) y gravar (imponer un gravamen o carga). Hasta (preposición) y asta (cuerno de animal o palo para sostener la bandera). Revelar (descubrir lo secreto o hacer visible la imagen impresa en una placa) y rebelarse (sublevarse, desobedecer). Y podríamos seguir hasta cansarnos, porque hay muchos más.
Y todos, homógrafos y homófonos son homónimos, porque sus nombres suenan igual, pero sus significados son tan distintos que conviene estar atento para que la interpretación que se haga de ellos sea la adecuada al contexto en que aparezcan.
Distinta cosa son los parónimos, vocablos que se relacionan o son semejantes por su etimología o por su forma o sonido, aunque sus significados difieren notablemente: absorber y absolver, vocal y bucal, desbastar y devastar son algunos; tan parecidos en su forma y tan diferentes en lo que expresan.
Luque Maricarmen
miércoles, 29 de abril de 2009
No es lo mismo: especie que especia
Dudas y más dudas que conducen a errores en nuestra comunicación diaria. Siguen confundiéndose las palabras especie y especia, parecidas en la forma pero sin ninguna relación semántica. Y no es extraño oír referirse a la pimienta, el estragón, el orégano, la nuez moscada, etcétera, como especies cuando en realidad son especias, esto es, sustancias vegetales aromáticas usadas como condimentos.
Otra cosa bien distinta es la especie, “clase o conjunto de seres semejantes”: la especie humana, la especie animal.
Y “pagar en especie” es una locución que significa pagar en género o frutos, no en dinero.
Un matrimonio morganático es el contraído entre un príncipe y una mujer de linaje inferior, o viceversa. Distinto es el matrimonio endogámico, cuando los contrayentes son de ascendencia común, es decir, tienen algún grado de parentesco, aunque sea remoto. La endogamia se da, sobre todo, en pequeñas localidades o comarcas.
Aunque suene raro, el valor, los bríos o la fuerza que a veces hay que tener para hacer algo se llaman redaños, no reaños, y siempre se usa en plural: “hacen falta redaños para enfrentarse a esa fiera”.
¿Sabían que hacer dulce algo es endulzar, dulcificar o edulcorar? Y no sólo se endulzan las cosas materiales, sino que hay trabajos o incomodidades difíciles de soportar que también pueden dulcificarse. Es curioso constatar la aceptación que el anglicismo “master” ha tenido en muchos lugares de habla española, quedando ya incorporado a nuestro vocabulario habitual. En algunos países de América significa el grado universitario inmediatamente inferior al de doctor.
Más general es el sentido de máster como un curso de posgrado, normalmente orientado a la inserción laboral. Y aunque, escrito así ya está aceptado por la RAE, sin embargo, en gran parte de la América hispanohablante, para este sentido se emplea, hablando con mayor propiedad, maestría.
En algunos deportes, como el tenis o el golf, se usa el plural Torneo de “Masters” con el sentido de “torneo en que sólo participan jugadores que han alcanzado la categoría de maestros”. Más propio sería llamarlo Torneo de Maestros, en español.
Luque Maricarmen
Y siguen las dudas
Siguen las dudas…
¿Predecible o predectible? Como viene del verbo predecir, es predecible: lo que se puede decir o anunciar por conocimiento o conjetura, antes de que suceda.
Verter, que no vertir, es derramar un líquido o pasarlo de un recipiente a otro. Puede referirse también a cosas menudas no compactas, como harina, azúcar, etcétera. Incluso, a veces, este verbo toma el valor de traducir. Se conjuga como el verbo entender y, como él, es irregular: vierto, viertes, vertemos, vertí, vertiste, vertieron, verteré y verterán.
¿Existe en realidad el singular de la palabra preces? Cuando se habla de rezos u oraciones, de ruegos o súplicas, siempre se usa el plural que todos conocemos: preces. Raramente aparece con el mismo sentido el singular “prez”, que, sin embargo, puede encontrarse en el lenguaje exclusivamente literario con el valor de honor, estima o consideración.
No es tan raro encontrarse la locución o sea escrita en una sola palabra: osea, lo que equivale a confundir la expresión que significa “es decir”, con el adjetivo femenino ósea: hecha de hueso.
Por cierto, que estas locuciones explicativas: o sea, es decir, esto es, etcétera siempre van escritas entre comas: “un lustro son cinco años, o sea, la mitad de una década”.
¿Todo o toda? Como norma general, delante de topónimos, es decir, nombres de lugar, se usa toda cuando el nombre acaba en “a” sin acento: Toda Oaxaca, toda Salamanca, toda España, toda Francia. Ante los demás topónimos, se emplea todo: todo México, todo Madrid, todo Bogotá.
Delante de sustantivos femeninos que comienzan por “a” tónica, como ansia, agua, aula, hambre, etc. no debe emplearse todo, sino toda, (aunque vayan precedidos por el artículo “el”): “Hay que erradicar toda el hambre del mundo”. “Toda el agua se derramó por el suelo”.
Parece necesario aclarar que no es lo mismo vocal tónica (con acento prosódico) que vocal con tilde o acentuada (con acento ortográfico o escrito).
Luque Maricarmen
Los parecidos pueden confundir
Hoy ponemos sobre el tapete algunas palabras que por su parecido confundimos y otras que involuntariamente usamos mal.
Dos vocablos que heredamos de los árabes son algarada y algazara. Una algarada es un tumulto de escasa importancia causado por algún tropel de gente. Pero no debe confundirse con la algazara, que es el ruido de muchas voces juntas que nacen, por lo general, de la alegría. Noten la diferencia: “La manifestación de los maestros terminó en una algarada en el patio del colegio, mientras la suspensión de clases produjo una alegre algazara estudiantil”.
Arrogarse no es lo mismo que irrogar. Arrogarse es atribuirse o apropiarse indebidamente de facultades, derechos u honores. Sin embargo, irrogar es causar o infligir daños o perjuicios a otros. Así: “Los parientes de Sinatra se arrogaron el derecho de disponer de su legado benéfico, irrogando un perjuicio económico a las instituciones beneficiarias”.
Y ya que salió la palabra infligir cuyo significado es causar daños, debemos distinguirla de infringir, que significa quebrantar leyes, órdenes o preceptos.
Frecuentemente se comete error al conjugar el presente y el pasado del verbo venir, y se oyen a menudo frases como: “¿ayer veniste a esta casa o fuimos nosotros los que venimos?
Cuando lo correcto es “ayer viniste y nosotros vinimos” (en pasado). Venimos, en presente.
Me preguntan cuál es la diferencia entre mecenas y prócer. Un mecenas es la persona que patrocina las letras o las artes. Aunque, ciertamente, con frecuencia esa persona es eminente, elevada o prócer de la sociedad a que pertenece.
De hecho, Cayo Mecenas fue un personaje destacado en la sociedad romana, allá por el año 68 a. de Cristo. Consejero del emperador Augusto, fue protector de las letras y de los literatos. Por eso el nombre de mecenas se aplica a aquellos que desde su elevada posición protegen y ayudan a escritores y artistas.
Luque Maricarmen
sábado, 18 de abril de 2009
Vocablos parecidos
Hace poco, leía en un periódico el siguiente titular: “El descuido de los padres y la temeridad de los jóvenes son la primera causa de incidentes acuáticos”. Y al pie de una fotografía donde se contempla a los bañistas disfrutando de sus vacaciones en la playa, se lee: “Las motos acuáticas y el windsurf son las actividades que más incidentes causan”.
A continuación señala el reportaje el elevado número de ahogamientos infantiles y casos de invalidez en jóvenes que se producen, año tras año, por las causas citadas.
Pero yo me resisto a llamar incidentes a hechos cuyas consecuencias son tan dramáticas.
La definición de incidente es algo tan inocuo como “lo que sobreviene en el curso de un asunto o negocio y tiene con éste alguna relación”.
Sin embargo, ¿no se ajusta más a la realidad de los hechos que comentamos la palabra accidente, cuyo significado, por todos conocido, es “suceso eventual o acción de la que involuntariamente resulta dañino para las personas o cosas”?
Los afectados por un accidente, las víctimas, son los accidentados, y no existe, en cambio, el adjetivo “incidentados” para nombrar a los afectados por un incidente.
El titular, “(…) son la primera causa de accidentes acuáticos”, y el pie de foto, “(…) son las actividades que más accidentes causan” quedarían más adecuados, ¿no creen?
Para entendernos, no basta con emplear palabras de amplio sentido que pueden aplicarse a muchas realidades o situaciones distintas. En el idioma, amigos, creo que hay que precisar, se debe buscar los términos más exactos y adecuados, los que mejor expresen lo que queremos comunicar.
Luque Maricarmen
miércoles, 15 de abril de 2009
El honor de la palabra: Igualdad de los significados
¿Es lo mismo empaquetar que empacar? Pues sí, ambos vocablos son sinónimos en el sentido de “hacer paquetes”, aunque empacar se usa más con el significado de “hacer el equipaje”.
Generalmente se piensa que la cualidad es algo naturalmente bueno, pero no es así. Las cualidades son los caracteres naturales o adquiridos que distinguen a unos seres vivos de otros o a unas cosas de otras. Cada cual tiene sus cualidades, que pueden ser buenas o malas.
Por eso, la esterilidad es la cualidad que consiste en no dar fruto, en no producir nada. Es estéril el hombre o la mujer que no puede reproducirse. O la tierra que no da cosecha. Sinónimo de esterilidad es infertilidad, cualidad que consiste en la incapacidad de reproducirse.
Sin embargo, amigos, en algún consultorio médico he visto diferenciadas ambas cualidades. No sé el porqué.
A la hora de nombrar un centro de salud, muchas veces dudamos del nombre que debemos aplicarle: hospital, sanatorio, clínica, etcétera.
Un hospital es un establecimiento destinado al diagnóstico y tratamiento de enfermos, donde se practican también la investigación y la enseñanza. El sanatorio es el establecimiento convenientemente dispuesto para la estancia de enfermos que necesitan someterse a tratamiento. Pero lo cierto es que la mayoría de hospitales son también sanatorios, y viceversa.
La clínica es el establecimiento sanitario, generalmente privado, donde se practican las mismas actividades que en los anteriores. El ambulatorio y el dispensario son también centros sanitarios donde se presta asistencia médica a enfermos que no se alojan en ellos. Y, por fin, un nosocomio, aunque suene raro, no es otra cosa que un hospital.
Luque Maricarmen
Ahí van las homónimas
Por ejemplo, hormiga y hormigo. La palabra hormiga tiene una terminación única, femenina, para referirse al insecto macho o hembra; por lo que el hormigo nada tiene que ver con ella.
El hormigo es una especie de atole hecho con harina de maíz, y también un plato de repostería elaborado con pan, almendras machacadas y miel.
No se puede relacionar el trigo, la gramínea que ha servido de base en la alimentación de tantas generaciones de seres humanos, con la triga, un carro tirado por tres caballos.
Y menos establecer relación entre una joya, el adorno hecho de oro, plata o platino, a veces con perlas o piedras preciosas, usado por mujeres y hombres a lo largo de miles de años, con el joyo, nombre que se le da también a la cizaña, esa planta gramínea que surge espontáneamente en los sembrados, a los que puede malear con la harina de su semilla, que es venenosa. Por eso ha quedado en el lenguaje la expresión de “sembrar cizaña” para señalar la acción de promover enemistad o discordia entre las personas.
Como nada tiene que ver la rótula, hueso que forma parte de la articulación de la tibia con el fémur, con un rótulo, el letrero o inscripción con que se indica el contenido de otras cosas, o el destino o la dirección de algo.
Y podríamos seguir hasta cansarnos descubriendo palabras iguales cuya diferente letra final las desliga de cualquier vínculo semántico entre ellas: un rato con una rata, el rodillo con la rodilla, un velo con una vela, un libro con una libra… y si sigues pensando, seguro que descubres muchas más.
Luque Maricarmen