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miércoles, 10 de marzo de 2010

Los nombres de personajes notables


Cualquier camino es bueno si conduce al enriquecimiento de la lengua. Personajes notables que destacan en el ámbito de su profesión tienen parte activa en la formación del idioma, pues consiguen que de su nombre o su obra pasen vocablos a la lengua, donde quedan asentados y son de uso normal.

Del actor londinense de principios del siglo XX, Charles Chaplin, creador del personaje cómico inolvidable del cine mudo, Charlot, nos llegó la palabra charlotada, con el sentido de “actuación pública colectiva, grotesca o ridícula”. Pero, curiosamente, fue el torero bufo Carmelo Tusquellas quien, tomando el apodo de Charlot e imitando en su vestido y actitudes al conocido actor cinematográfico, instituyó una forma de torear cómica y grotesca que se hizo famosa. Y como charlotada se conoce también desde entonces , “cualquier festejo taurino de carácter cómico, rayando en lo grotesco”.



Más cercano a nosotros es el famoso actor y comediante mexicano Mario Moreno, Cantinflas, quien, a lo largo del siglo XX cautivó, enterneció e hizo reír con sus frases y maneras geniales a varias generaciones. Y a su personaje cómico debemos una serie de palabras: cantinflear, “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”; cantinflesco, “que habla a la manera del actor mexicano Cantinflas”, y cantinflada, “dicho o acción de quien habla o actúa como Cantinflas”.



Del personaje más conocido de la literatura universal, el Quijote, protagonista de la novela escrita en el siglo XVII por Miguel de Cervantes, tenemos en nuestra lengua: quijote, con el significado de “hombre que antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada y comprometida en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo”, exactamente las cualidades que definen al famoso hidalgo.



Y por semejanza con el aspecto físico del personaje, también se aplica este apelativo al “hombre alto, flaco y grave, cuyo aspecto y carácter hacen recordar al héroe cervantino”. Quijotada o quijotería es “la acción propia de un quijote” y quijotesca, el adjetivo que la califica. Estos términos reflejan el sentido caricaturesco de la novela, que es el que el autor quiso darle; pues en realidad su obra es una sátira al héroe de los “libros de caballerías”.

Luque Maricarmen

domingo, 3 de enero de 2010

La gente prominente

La palabra gente es motivo de preocupación para mucha gente. Todo lo que hay que saber respecto a su uso correcto cabe en pocas líneas.
Este sustantivo femenino se emplea en general como nombre colectivo no contable y significa personas: Ese tipo de música gusta sobre todo a la gente joven. La gente siempre sigue a sus ídolos.
Como otros colectivos (grupo, ejército, multitud) admite un plural expresivo, usado en la lengua literaria: Enseguida se hizo popular entre las gentes del lugar.
En cuanto a la concordancia, aunque gente, por ser colectivo, encierra la idea de una pluralidad de individuos, cuando actúa de sujeto lleva el verbo en singular: La gente, al ver sus esperanzas truncadas, se sintió defraudada.
Como tal colectivo se usa en singular en frases como: Hubo mucha gente en la manifestación; asistió mucha gente a la misa; en el Zócalo se reunió mucha gente.
En ciertas zonas de América, especialmente en México y en varios países centroamericanos, la palabra gente se usa también con el sentido de “persona o individuo”, por lo que deja de ser colectivo para ser individual y, por lo tanto, admite el plural. En consecuencia, serían correctos los ejemplos: Luis es una gente de trato agradable; él es muy buena gente; en ese salón caben más de cien gentes.
Caso aparte es la duda que se produce entre las palabras prominencia y preeminencia, aunque hay que reconocer que el sentido de ambas frecuentemente tropieza. En principio, una prominencia es una “elevación o abultamiento”: Estaba preocupado porque se detectó una prominencia en el cuello. Pero también prominencia puede significar “cualidad de prominente o destacado”: “Sentía celos por la prominencia social de su hermano. Y es en este sentido en el que tropieza con preeminencia, cuyo significado es “superioridad” y “privilegio o ventaja en razón de algún mérito”: El cargo que ocupaba le confería una preeminencia notable sobre sus compañeros. Y lo mismo sucede con los adjetivos correspondientes, prominente y preeminente: Tenía una nariz prominente; estaban acusadas varias personas prominentes de la ciudad; una de las figuras preeminentes de la cultura hispánica fue José Vasconcelos.

Luque Maricarmen

miércoles, 13 de mayo de 2009

Sustantivos que indeterminan

Cuatro palabras existen en español, desde antiguo, para expresar la idea de personas no determinadas. Son fulano, zutano y mengano.
Fulano, procedente del fulan árabe, aparece en el siglo XII significando “tal”, y se usó durante mucho tiempo como adjetivo, así: “fulano lugar o fulana isla”, lo que hoy se diría “tal lugar o tal isla”.
Con el tiempo, se aplicó, ya como sustantivo, a alguien de quien no se conoce o no se quiere expresar el nombre: ese fulano o aquella fulana. Hoy este uso ha tomado cierto matiz despectivo.
La historia de zutano es curiosa: tiene su origen en la antigua interjección, “zut”, que se empleaba para llamar a alguien sin nombrarlo. De ahí pasó a “shut” en otras lenguas, de donde derivó a nuestro “chist”, sonido de chistar, que es lo que se hace para llamar la atención de alguien, sin llamarlo por su nombre.
Pero de ese antiguo “zut”, pasó a llamarse “don zut” a aquél cuyo nombre se ignoraba, y finalmente, se le añadió la misma terminación de fulano, para expresar la idea de éste, surgiendo así zutano.
Y más tarde, en el siglo XIX, procedente del árabe mankán, aparece mengano, igualándose en el significado y la terminación, con fulano y zutano. Quedan así los tres vocablos para expresar la misma idea de identidad indeterminada, y suelen usarse juntos.
Y aún más: a finales del siglo XIX, surge otra, menos conocida por menos usada: perengano, posiblemente un cruce de Pérez y mengano, identificándose con el sentido de las tres anteriores.
Y así quedó una serie de palabras para referirse a las personas de las que se ignora u omite el nombre, y que suelen usarse en frases como: “Nunca se sabe de quién es la culpa; el caso es que unas veces por fulano, otras por zutano, otras por mengano o perengano, siempre están las cosas mal hechas”.
Es una forma de no señalar.

sábado, 2 de mayo de 2009

Tres adjetivos con sus tres sustantivos

Eficaz, eficiente y efectivo; he aquí tres adjetivos con sus correspondientes sustantivos, eficacia, eficiencia y efectividad, que muchas veces empleamos indistintamente. Y aunque son prácticamente iguales en su significado, conviene hacer algunas puntualizaciones sobre su uso.
Eficaz, aplicado a una cosa, es que produce el efecto esperado: “el jugo es eficaz en las afecciones febriles”. Puede aplicarse también a personas, con el sentido de competente —que cumple perfectamente su cometido—, pero en este caso, es preferible usar eficiente, que coincide en el significado: “La eficiente enfermera abandonó el quirófano”.
Eficaz para cosas, eficiente para personas.
El nombre o sustantivo correspondiente a eficaz es eficacia, capacidad de lograr el efecto buscado, capacidad de ser eficaz: “Una buena tecnología amplía la eficacia de la intervención humana sobre la naturaleza”. Eficacia mejor que efectividad. Y con personas: “La eficacia de Juan es reconocida por todos sus compañeros de trabajo”.
El sustantivo correspondiente a eficiente es eficiencia, equivalente a eficacia, y sólo aplicable a personas: “Les sorprendió la eficiencia de las dos enfermeras”.
Efectivo, aplicado siempre a cosas, nunca a personas, posee dos acepciones: Una, lo que es real o verdadero: “Se pactó un aumento efectivo del 8 por ciento”. Otra, coincidiendo con eficaz —lo que es capaz de lograr el efecto que se desea—: “Hablaremos ahora sobre el más efectivo (o eficaz) antídoto contra la corrupción”.
Como ya vimos, la efectividad coincide con la eficacia en el sentido de lo que causa efecto, aunque sea preferible el uso de eficacia.
Por otra parte, la palabra efectivo usada como sustantivo significa: (Singular colectivo), —número de hombres que tiene una unidad militar—: “Para la invasión se contaba con un efectivo de siete mil guerrilleros”.
Y aunque lo leamos en los periódicos, no es correcta la frase: “Llegó el juez y un efectivo de la Policía”. Efectivo deberá sustituirse por “elemento” o escribir simplemente “un policía”.
El espacio de hoy, amigos, no es fácil y está lleno de efes. Para finalizar con la misma letra: ¡Feliz semana!

Luque Maricarmen