Hoy les traigo dos palabras que nos llegaron del francés y que tienen su historia. La primera, de uso no demasiado frecuente, es martingala. La martingala es el artificio o astucia para engañar a alguien y conseguir algún fin. Es lo mismo que artimaña o trampa. Pero lo curioso de esta palabra es su procedencia.
Parece que antiguamente, en un pueblo francés de la Provenza, llamado Martigue, cuya situación aislada fue causa de que sus habitantes tuvieran fama de gente rústica, los vecinos usaban unas calzas con un falso fondo, que les protegía cuando sufrían súbitas y apremiantes necesidades fisiológicas. Y era tan ingenioso el sistema inventado por los martigaleses que pasó a considerarse símbolo de artimaña o trampa, quedando la palabra alterada, martingala, con el sentido que hoy tiene de truco o ardid que engaña.
Como se desprende de la frase: “Usó astutamente todo tipo de martingalas para quedarse con el dinero de los demás”
También tiene el sentido de cierto lance que se hace en algunos juegos de azar.
Y de procedencia francesa es también la palabra semáforo, que, aunque parece de ayer, fue en el siglo XIX cuando llegó a nuestra lengua.
Etimológicamente, semáforo viene del griego sema que es signo y fero llevar. Durante mucho tiempo se refirió a un telégrafo óptico que había en las costas para comunicarse con los buques por medio de señales o signos. También se llama así el dispositivo de señales usado en las vías de ferrocarril. Pero, desde la llegada del automóvil, todos llamamos semáforo al “aparato eléctrico de señales luminosas utilizado para regular la circulación”.
Parece ser que fue en 1840 cuando se instaló el primer semáforo para este fin, en la ciudad de Boston, aunque era muy distinto del que hoy conocemos, pues no tenía luces, sino un mecanismo formado por dos tablillas con las palabras go y stop que subían y bajaban alternativamente.
Un policía de Detroit, en 1920, fue quien ideó el sistema actual, quedando desde entonces instalado el semáforo moderno, el cual ayuda a ordenar y regular el caos circulatorio de nuestras grandes ciudades.
Luque Maricarmen
La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
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miércoles, 13 de mayo de 2009
sábado, 2 de mayo de 2009
Lo que nos dejó el griego y el latín
Ya sabemos que el español tiene su origen en las dos grandes lenguas de cultura, latín y griego, lo que hace que muchas palabras nuestras estén formadas por elementos compositivos de estas lenguas. Tal sucede con el grupo consonántico “ps”, resultado de la transcripción de la letra griega “psi” que aparece en la posición inicial de numerosos vocablos cultos: psicología, psicosis, psiquiatría, psicoanálisis (de “psyché”, alma) y pseudointelectual o pseudoprofeta, (de “pseudo”, falso).
En todos estos casos se admite la reducción del grupo “ps” a “s” y, aunque el lenguaje culto prefiere conservar la “p”, en el uso habitual pueden escribirse sin ella: sicología, siquiatría, seudoprofeta, etcétera.
En cuanto a la simplificación consistente en suprimir la letra “h” del prefijo griego “hexa”, elemento compositivo de las palabras hexágono (polígono de 6 lados) y hexagonal, escribiendo exágono y exagonal, es desaconsejable esta práctica, pues si bien “hexa” significa seis: hexaedro, (poliedro de 6 caras) hexámetro (verso de 6 pies) hexápodo (insecto de 6 patas), el prefijo “exa” significa un trillón. Nada que ver.
Sin olvidar que del numeral latino “sex” también se formaron muchas palabras relacionadas con el seis: sexto (6º) sexagésimo (60º) sexagenario (ya cumplió los 60, pero no llega a 70) sexenio, sexenal, etc.
Y hablando de prefijos, tengo que recordar que a veces se confunden “ante” y “anti”, olvidando que “ante” indica anterioridad y equivale a antes, y “anti” es “lo opuesto” y equivale a contra.
Resulta obvia la diferencia en las palabras anteayer (antes de ayer), anteproyecto (antes del proyecto), frente a antidepresivo (contra la depresión) antitusivo (contra la tos) o antitérmico (contra la fiebre).
Por eso, lo que sucedió antes del diluvio, me refiero al diluvio universal, cuando Noé se metió en un arca con una pareja de cada especie animal, es antediluviano, no antidiluviano, como tantas veces se oye. Y por extensión, se aplica este adjetivo a lo que es antiquísimo.
Luque Maricarmen
En todos estos casos se admite la reducción del grupo “ps” a “s” y, aunque el lenguaje culto prefiere conservar la “p”, en el uso habitual pueden escribirse sin ella: sicología, siquiatría, seudoprofeta, etcétera.
En cuanto a la simplificación consistente en suprimir la letra “h” del prefijo griego “hexa”, elemento compositivo de las palabras hexágono (polígono de 6 lados) y hexagonal, escribiendo exágono y exagonal, es desaconsejable esta práctica, pues si bien “hexa” significa seis: hexaedro, (poliedro de 6 caras) hexámetro (verso de 6 pies) hexápodo (insecto de 6 patas), el prefijo “exa” significa un trillón. Nada que ver.
Sin olvidar que del numeral latino “sex” también se formaron muchas palabras relacionadas con el seis: sexto (6º) sexagésimo (60º) sexagenario (ya cumplió los 60, pero no llega a 70) sexenio, sexenal, etc.
Y hablando de prefijos, tengo que recordar que a veces se confunden “ante” y “anti”, olvidando que “ante” indica anterioridad y equivale a antes, y “anti” es “lo opuesto” y equivale a contra.
Resulta obvia la diferencia en las palabras anteayer (antes de ayer), anteproyecto (antes del proyecto), frente a antidepresivo (contra la depresión) antitusivo (contra la tos) o antitérmico (contra la fiebre).
Por eso, lo que sucedió antes del diluvio, me refiero al diluvio universal, cuando Noé se metió en un arca con una pareja de cada especie animal, es antediluviano, no antidiluviano, como tantas veces se oye. Y por extensión, se aplica este adjetivo a lo que es antiquísimo.
Luque Maricarmen
sábado, 18 de abril de 2009
Soy fiel a la etimología
Al estudiar geometría, todos aprendimos los distintos nombres de los polígonos, según el número de lados de que cada uno estaba formado: pentágono, heptágono, octógono, etcétera, derivados del latín, lengua a la que pasaron procedentes del griego. Y nunca dudamos a la hora de escribir el de seis lados así: hexágono, con hache.
Y es que, gracias a nuestros conocimientos (superficiales o profundos), de etimología, sabíamos que el prefijo griego “hex” significaba, y significa, seis.
Del griego se formó el vocablo latino “hexagonum”, del cual directamente procede nuestro hexágono.
Pero hoy la Academia, en un arranque simplificador, acepta escribir también la palabra que nombra el polígono de seis lados, así: “exágono”, y su derivado, “exagonal”, aunque tales formas son consideradas semicultas.
Complicada decisión que planteará dudas a la hora de buscar el origen de estas palabras, teniendo en cuenta que el poliedro de seis caras sigue escribiéndose hexaedro, el verso de seis pies, hexámetro, el de seis sílabas, hexasílabo, y hexápodo el insecto que tiene seis patas. Yo, fiel a la etimología, seguiré escribiendo hexágono y hexagonal.
Sin olvidar que muchas de las palabras en cuyo significado entra el número seis también se forman con el prefijo latino “sex”, de significado idéntico al “hex” griego: sexto, sexagenario, sexagésimo, etcétera.
Y es que, gracias a nuestros conocimientos (superficiales o profundos), de etimología, sabíamos que el prefijo griego “hex” significaba, y significa, seis.
Del griego se formó el vocablo latino “hexagonum”, del cual directamente procede nuestro hexágono.
Pero hoy la Academia, en un arranque simplificador, acepta escribir también la palabra que nombra el polígono de seis lados, así: “exágono”, y su derivado, “exagonal”, aunque tales formas son consideradas semicultas.
Complicada decisión que planteará dudas a la hora de buscar el origen de estas palabras, teniendo en cuenta que el poliedro de seis caras sigue escribiéndose hexaedro, el verso de seis pies, hexámetro, el de seis sílabas, hexasílabo, y hexápodo el insecto que tiene seis patas. Yo, fiel a la etimología, seguiré escribiendo hexágono y hexagonal.
Sin olvidar que muchas de las palabras en cuyo significado entra el número seis también se forman con el prefijo latino “sex”, de significado idéntico al “hex” griego: sexto, sexagenario, sexagésimo, etcétera.
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