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La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
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viernes, 11 de abril de 2014
Cambios en el alfabeto y en las reglas de escritura
Drásticos cambios en el alfabeto y en las reglas de escritura contiene
la nueva edición de Ortografía elaborada por la Real Academia Española
(RAE), que se publicará a fines de este año.
Entre las
modificaciones más llamativas está la eliminación de algunas letras del
alfabeto. Éstas son la "ch" y "ll", que fueron suprimidas formalmente de
la tabla del alfabeto, por lo que las letras del abecedario ahora pasan
a ser 27.
También la RAE decidió cambiarle el nombre a
algunas letras. De este modo, la "i griega" se llamará "ye". Con esto,
la "i latina" pasará a denominarse simplemente "i".
En
tanto, la "b" se llamará sólo "be" y la "v" sólo "uve" –y no "be alta",
"be larga", "ve baja" ni "ve corta"–. En el caso de la "w", se nominará
sólo "doble uve".
Respecto de la tilde, dejará de usarse
en la palabra "solo" incluso en casos de posible ambigüedad, como "voy
solo al cine", aunque no se condenará si alguien quiere utilizarla.
Tampoco
llevarán tilde "guión", "huí" y "truhán", debido a que se considera que
son palabras "monosílabas a efectos ortográficos", cualquiera sea la
forma de pronunciarlas.
Asimismo, se eliminará la tilde
entre números, por ejemplo "4 ó 5". La explicación es que esta regla se
basaba en que antes todo el mundo escribía a mano. Sin embargo, ahora se
toma en cuenta que tanto la máquina de escribir como el computador han
eliminado "el peligro de confundir la letra ‘o‘ con la cifra cero, que
es de tamaño mayor".
"Cuórum" y "Catar"
La
RAE decidió además en algunas palabras cambiar la "q" por la letra "c" o
"k", dependiendo del caso. Así, "Iraq" será "Irak", "Qatar" se
escribirá "Catar", "quásar" será "cuásar", y "quórum" ahora será
"cuórum".
Esto se debe a que en nuestro sistema de
escritura la letra "q" sólo representa al fonema "k" en la combinación
"qu" antes de la "e" o la "i", por lo que escribirla en estas otras
palabras "representa una incongruencia con las reglas".
Quienes
prefieran escribir estas palabras de la forma anterior, deberán hacerlo
como si fueran extranjerismos, es decir en cursiva y sin tilde.
Finalmente,
el prefijo "ex" se escribirá unido a la base léxica, en caso de que
afecte a una sola palabra. Por ejemplo: "exmarido", "exministro" y
"exdirector", pero continuará escribiéndose separado cuando se trate de
palabras compuestas, como "ex director general"
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Plural de gente
1. En el español general, este sustantivo femenino se emplea como nombre colectivo no contable y significa ‘personas’: «La gente acudía a su bar» (Obligado Salsa [Arg. 2002]); «En torno a nosotros había un grupo de gente joven que reía y voceaba» (Salisachs Gangrena [Esp. 1975]). Como otros nombres colectivos, admite un plural expresivo, usado casi exclusivamente en la lengua literaria: «Fue ella quien me introdujo en las cosas, en las comidas, en las gentes de aquí» (Benedetti Primavera
[Ur. 1982]). La divergencia entre su referente (plural) y su número
gramatical (singular) puede dar lugar a errores de concordancia (→ concordancia, 4.7).
2.
En el español de ciertas zonas de América, especialmente en México y
varios países centroamericanos, se usa también con el sentido de
‘persona o individuo’, es decir, como sustantivo contable y no
colectivo: «Luis era una gente muy caballerosa» (Prensa [Nic.] 3.2.97); con este sentido, su uso en plural es obligado cuando se desea aludir a más de una persona: «Alrededor de la tina, en la que podían caber cinco gentes, había muchas plantas» (Mastretta Vida [Méx. 1990]). En España solo es normal el uso de gente con referente singular en la expresión buena (o mala) gente, que también se documenta en el español americano: «Yo soy muy buena gente» (Gala Invitados [Esp. 2002]); «Tato, por su parte, no era mala gente» (ÁlvzGil Naufragios [Cuba 2002]).
3.
En el español coloquial de muchos países de América se emplea también,
como adjetivo o como sustantivo, con el sentido de ‘[persona] honesta,
amable y servicial’ y ‘[persona] distinguida o de buena posición’: «Sería conveniente que llamara al doctor Pereyda [...]; él es muy gente y seguramente no le cobrará» (Olivera Enfermera [Méx. 1991]); «Ese es para mí menos que nada, aunque estos caballeros hablen de él como si fuera gente» (Piglia Respiración [Arg. 1980]).
Diccionario panhispánico de dudas ©2005
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viernes, 14 de febrero de 2014
Acrósticos, siglas y acrónimos
Vamos
por partes.
El
acróstico es una composición poética hecha por versos cuyas letras iniciales,
medias o finales forman una palabra o una frase. A veces se plantea el
acróstico como un pasatiempo que consiste en encontrar esas palabras o frases.
La sigla, como se sabe, es el conjunto de letras iniciales con que se abrevia
una expresión compleja, así SEP, UNAM, ONU, etcétera son siglas conocidas por
todos. Un acrónimo es un tipo de sigla que se pronuncia como una palabra, por
ejemplo OVNI que es la sigla correspondiente a objeto volante no identificado. Pero un OVNI ya no es solo una
sigla es un acrónimo que tiene su propia identidad. El OVNI es un objeto
considerado de procedencia extraterrestre. UFOLOGIA se llama la investigación
que se basa en esa creencia, es palabra tomada del inglés ufology. Y son también acrónimos los vocablos que se forman por la
unión de las letras o sílabas iniciales y finales de palabras, por ejemplo
FERRONALES, acrónimo de Ferrocarriles Nacionales o BANXICO, acrónimo de Banco
de México.
Pero
lo que demuestra el ingenio creador del hombre y su afán por comunicarse es la
formación de palabras nuevas a partir de siglas y acrónimos. Así por ejemplo de
SIDA, acrónimo de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida cuyo significado es
enfermedad viral consistente en la ausencia de respuesta inmunitaria se han
formado sidafobia, el miedo morboso al SIDA y sidoso que es el afectado de
SIDA.
Ya
decía el poeta Pedro Salinas en 1948 “vivimos en el siglo de las siglas”, y hoy
sesenta añor después ya en otro siglo, se cumple lo que otro poeta auguró de
ellas “las siglas, ese gris ejército esquelético, avanza implacable”. Lástima
con ellas se va perdiendo el placer de saborear las palabras, de descubrir y
disfrutar de sus distintos matices. Les traigo a este respecto un poema de
Salinas. En sus versos exalta el valor de las palabras, su origen y el camino
recorrido hasta llegar a nosotros, escuchen:
De dónde, de dónde acuden huestes calladasA ofrecerme sus poderes, santas palabras.Como el arco de los cielos, luces dispara
Quién llegarme hasta los ojos, mil años tardan
Así bajan por los tiempos las milenarias.
Cuantos millones de bocas tienen pasadas
En sus hermanados sones, tenues alas
Vienen del ayer hasta el hoy, va hacia el mañana.
De qué lejos misteriosos su vuelo arranca
Norte y sures y orientes, luces romanas
Misteriosas selvas góticas, cálida Arabia.
Desde sus tumbas sinnúmera sombras calladas,
Padres míos, madres mías, a mí las mandan.
Cada día más hermosas por más usadas,
Se ennegrecen, se desdoran oros y plata,
Hijo, rosa, mar, estrella nunca se gastan.
Bocas humildes de hombres por su labranza
Temblor de labios monjiles en la plegaria,
Todos, un son detrás de otro, la vuelven clara
Y entre todos me la hicieron, habla por habla
Soñando, sueña que sueña, canta que canta.
Maricarmen Luque
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viernes, 27 de enero de 2012
Reforma ortográfica de la lengua española
Este texto circula por la red, la autoría no la tengo identificada pero vale la pena leerlo con detenimiento:
El maravilloso texto se refiere a una supuesta reforma ortográfica que va a aplicar la Real Academia, a fin de hacer más asequible el español como lengua universal de los hispanohablantes y de las soberanías soberanistas. Y lo reproduzco con escasas modificaciones.
Según el plan de los señores académicos "expertos en lanzada a moro muerto", la reforma se llevará a cabo empezando por la supresión de las diferencias entre c, q y k. Komo komienzo, todo sonido parecido al de la k será asumido por esta letra. En adelante se eskribirá kasa, keso, Kijote.
También se simplifikará el sonido de la c y la z para igualarnos a nuestros hermanos hispanoamerikanos: "El sapato ke kalsa Sesilia es asul". Y desapareserá la doble c, reemplazándola la x: "Mi koche tuvo un axidente" Grasias a esta modifikasión los españoles no tendrán ventajas ortográfikas frente a los hermanos hispanoparlantes por su estraña pronunsiasión de siertas letras.
Se funde la b kon la v, ya ke no existe diferensia entre el sonido de la b larga y la v brebe. Por lo kual desapareserá la v y beremos kómo obbiamente basta con la b para ke bibamos felises y kontentos.
Lo mismo pasará kon la elle y la ye. Todo se eskribirá kon y: "Yébame de biaje a Sebiya, donde la yubia es una marabiya". Esta integrasión probocará agradesimiento general de kienes hablan kasteyano, desde Balensia hasta Bolibia.
La hache, kuya presensia es fantasma en nuestra lengua, kedará suprimida por kompleto: así, ablaremos de abichuelas o alkool. Se akabarán esas komplikadas y umiyantes distinsiones entre echo y hecho, y no tendremos ke rompernos la kabesa pensando kómo se eskribe sanaoria. Así ya no abrá ke desperdisiar más oras de estudio en semejante kuestión ke nos tenía artos.
Para mayor konsistensia, todo sonido de erre se eskribirá kon doble r: "El rrufián de Rroberto me rregaló una rradio". Asimismo, para ebitar otros problemas ortográfikos se fusionan la g y la j, para que así jitano se escriba como jirafa y jeranio como jefe. Aora todo ba con jota de cojin. Por ejemplo: "El jeneral corrijió los correajes". No ay duda de ke estas sensiyas modifikasiones arán ke ablemos y eskribamos todos kon jenial rregularidad y más rrápido rritmo.
Orrible kalamidad del kasteyano, jeneralmente, son las tildes o asentos. Esta sankadiya kotidiana desaparese con la rreforma; aremos komo el ingles, que a triunfado unibersalmente sin tildes. Kedaran ellas kanseladas en el akto, y abran de ser el sentido komun y la intelijensia kayejera los ke digan a ke se rrefiere kada bocablo: "Obserba komo komo la paeya".
Las konsonantes st, ps, bs o pt juntas, kedaran komo simples t o s, kon el fin de aprosimanos a la pronunsiasion ispanoamerikana y para mejorar ete etado konfuso de la lengua. Tambien seran proibidas siertas asurdas konsonantes finales ke inkomodan y poko ayudan al siudadano: "¿Ke ora da tu rrelo?", "As un ueco en la pare" y "Erneto jetiona lo ahorro de Aguti". Por supueto, entre eyas se suprimiran las eses de los plurales:
"La mujere y lo ombre tienen la mima atitude y fakultade inteletuale".Yegamo trite e inebitablemente a la eliminasion de la d del partisipio pasao y kanselasion de lo artikulo, impueta por el uso: "E bebio te erbio y con eso me abio".Kabibajo asitiremo eta kotumbre bulgar, ya ke el pueblo yano manda, kedando suprimía esa de interbokalika ke la jente no pronunsia. Adema, y konsiderando ke el latin no tenia artikulo y nosotro no debemo imbentar kosa que Birjilio, Tasito y lo otro autore latino rrechasaba, kateyano karesera de artikulo. Sera poko enrredao en prinsipio, y ablaremo komo fubolita yugolabo en ikatola, pero depue todo etranjero bera ke tarea de aprender nuebo idioma rresulta ma fasile.
Profesore terminara benerando akademiko de la lengua epañola ke an desidio aser rreforma klabe para ke nasione ispanoablante gosemo berdaderamente del idioma de Servante y Kebedo.
Eso si: nunka asetaremo ke potensia etranjera token kabeyo de letra eñe. Ata ai podiamo yega. Eñe rrepresenta balore ma elebado de tradision ipanika y primero kaeremo mueto ante ke asetar bejasione a símbolo ke a sio y e korason bibifikante de lengua epañola unibersa.
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lunes, 10 de octubre de 2011
Difamar, calumniar, criticar. Verbo forzar, saber. Sabiondo.
Maricarmen Luque
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Palabras semánticamente parecidas: prejuicio, perjuicio. Bazar, vasar. Prólogo, prefacio, introducción, preámbulo.
Maricarmen Luque
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Plurales: pantalon, tijera, tenezas, alicates, gafa. Palabras terminas en "Y" precedidas de vocal. Palabras terminadas en "Y" precedida de consonante
Maricarmen Luque
domingo, 3 de enero de 2010
En torno al uso de la letra p
Sobre la letra p escriben los lingüistas Salvador y Lodares en su Historia de las letras, un libro que alguna vez les he traído a este espacio, reflexiones y comentarios acerca de esta letra que desde antiguo era usada como abreviatura.
Cuando los romanos escribían una p significaba pontifex (pontífice). PP: Pater Patriae (padre de la patria). PPP: Primus Pater Patriae (primer padre de la patria).
En los colegios y universidades del Renacimiento, la letra p equivalía a placet: “está bien”, expresión con la que los maestros indicaban la aprobación de los trabajos de los alumnos.
La tecnología moderna usa a veces como unidades de medida la mayúscula P: un pie, y la minúscula p: una pulgada.
También es notable el uso de esta letra en las onomatopeyas, es decir, el nombre de las palabras que imitan los sonidos: pum se emplea para representar un ruido, una explosión o un golpe. Pimpampúm es el nombre de un juego en que se derriban a pelotazos muñecos puestos en fila. Pío y piar es la voz universal de los pájaros; Ping- pong, el nombre, en inglés, del juego semejante al tenis, que se practica sobre una mesa, con pelota ligera. En español está propuesto el nombre de pimpón; también es de uso tenis de mesa.
En cuanto a la pronunciación de la letra p ante la letra t, en palabras cultas como apto, concepto, reptil, corrupto se aconseja mantenerla. Hay casos, como séptimo y septiembre, donde puede dejar de pronunciarse, e incluso de pronunciarse, aunque el uso culto aconseja conservarla.
Sin embargo, debe pronunciarse claramente la p ante la letra s: eclipse, cápsula, autopsia. Y puede no pronunciarse en el grupo inicial ps de palabras cultas como: (p)siquiatra, (p)sicólogo, (p)sicosis, (p)soriasis.
Y aunque hoy está aceptado académicamente suprimir también en la escritura la p inicial de esas palabras, es aconsejable mantenerla en favor de la etimología. Así se hace en otras lenguas, como el inglés, el francés y el alemán, donde mantienen intactos los grupos etimológicos en la escritura, aunque no los pronuncien.
Por lo tanto, aunque digamos siquiatra, sicosis y sicólogo, es más culto escribir psiquiatra, psicosis y psicólogo.
Luque Maricarmen

Cuando los romanos escribían una p significaba pontifex (pontífice). PP: Pater Patriae (padre de la patria). PPP: Primus Pater Patriae (primer padre de la patria).
En los colegios y universidades del Renacimiento, la letra p equivalía a placet: “está bien”, expresión con la que los maestros indicaban la aprobación de los trabajos de los alumnos.
La tecnología moderna usa a veces como unidades de medida la mayúscula P: un pie, y la minúscula p: una pulgada.
También es notable el uso de esta letra en las onomatopeyas, es decir, el nombre de las palabras que imitan los sonidos: pum se emplea para representar un ruido, una explosión o un golpe. Pimpampúm es el nombre de un juego en que se derriban a pelotazos muñecos puestos en fila. Pío y piar es la voz universal de los pájaros; Ping- pong, el nombre, en inglés, del juego semejante al tenis, que se practica sobre una mesa, con pelota ligera. En español está propuesto el nombre de pimpón; también es de uso tenis de mesa.
En cuanto a la pronunciación de la letra p ante la letra t, en palabras cultas como apto, concepto, reptil, corrupto se aconseja mantenerla. Hay casos, como séptimo y septiembre, donde puede dejar de pronunciarse, e incluso de pronunciarse, aunque el uso culto aconseja conservarla.
Sin embargo, debe pronunciarse claramente la p ante la letra s: eclipse, cápsula, autopsia. Y puede no pronunciarse en el grupo inicial ps de palabras cultas como: (p)siquiatra, (p)sicólogo, (p)sicosis, (p)soriasis.
Y aunque hoy está aceptado académicamente suprimir también en la escritura la p inicial de esas palabras, es aconsejable mantenerla en favor de la etimología. Así se hace en otras lenguas, como el inglés, el francés y el alemán, donde mantienen intactos los grupos etimológicos en la escritura, aunque no los pronuncien.
Por lo tanto, aunque digamos siquiatra, sicosis y sicólogo, es más culto escribir psiquiatra, psicosis y psicólogo.
Luque Maricarmen
Los signos de puntuación
Los signos de puntuación representan un escollo difícil de superar a la hora de escribir. Vayan unas breves nociones sobre sus funciones y uso para superar dificultades.
Sirven para marcar las pausas y la entonación de lo escrito a fin de facilitar su comprensión y evitar posibles ambigüedades. Hoy les traigo uno de los más usuales.
La coma indica una pausa breve dentro de un enunciado, aunque a veces se utiliza para encerrar incisos, esto es, explicaciones sobre lo que se está escribiendo: Los soldados, cansados de luchar, se retiraron del campo de batalla. Todos, incluidos los que no estaban presentes, fueron beneficiados.
La coma separa los elementos de una enumeración: Ayer compré ropa, calzado, libros, material escolar y una película para los niños. Acudió toda la familia: los abuelos, los padres, los hijos, los nietos, incluso algunos primos.
Se aíslan entre comas los sustantivos que sirven para llamar o nombrar al interlocutor: Por favor, María, no llegues tarde. Es importante, hijo mío, ser consecuente en la vida. También se escriben entre comas determinados enlaces, como es decir, a saber, ahora bien, en primer lugar, en fin, por último, además, en tal caso, sin embargo, no obstante, en cambio, por el contrario, o sea. Por ejemplo: En el examen tuvimos que escribir palabras sinónimas, es decir, del mismo significado, sin embargo, no nos pidieron escribir antónimos, o sea, de significado opuesto. Pudimos correr, jugar, escalar y, además, hacer turismo.
Se escribe coma delante de las conjunciones, o locuciones conjuntivas pero, más, aunque, así que, de manera que y ante. Por ejemplo: Ve al cine, pero antes debes estudiar. Me gusta hacer deporte, aunque prefiero practicar yoga. Saldremos a las nueve, así que sean puntuales. Allí compraremos refrescos, jamón, huevos, fruta.
Se escribe coma detrás de los complementos introducidos por las locuciones preposicionales: en cuanto a, respecto de, con respecto a, en relación con. Por ejemplo: En cuanto a él, no quiero volver a verle. En relación con lo dicho, estoy de acuerdo.
También se escribe coma detrás de la oración subordinada, cuando ésta precede a la principal. Por ejemplo: Si tú no vienes, iré yo solo. Cuando tú no estás, no me apetece salir. Aunque no lo creas, es verdad.
Seguiremos...
Luque Maricarmen

Sirven para marcar las pausas y la entonación de lo escrito a fin de facilitar su comprensión y evitar posibles ambigüedades. Hoy les traigo uno de los más usuales.
La coma indica una pausa breve dentro de un enunciado, aunque a veces se utiliza para encerrar incisos, esto es, explicaciones sobre lo que se está escribiendo: Los soldados, cansados de luchar, se retiraron del campo de batalla. Todos, incluidos los que no estaban presentes, fueron beneficiados.
La coma separa los elementos de una enumeración: Ayer compré ropa, calzado, libros, material escolar y una película para los niños. Acudió toda la familia: los abuelos, los padres, los hijos, los nietos, incluso algunos primos.
Se aíslan entre comas los sustantivos que sirven para llamar o nombrar al interlocutor: Por favor, María, no llegues tarde. Es importante, hijo mío, ser consecuente en la vida. También se escriben entre comas determinados enlaces, como es decir, a saber, ahora bien, en primer lugar, en fin, por último, además, en tal caso, sin embargo, no obstante, en cambio, por el contrario, o sea. Por ejemplo: En el examen tuvimos que escribir palabras sinónimas, es decir, del mismo significado, sin embargo, no nos pidieron escribir antónimos, o sea, de significado opuesto. Pudimos correr, jugar, escalar y, además, hacer turismo.
Se escribe coma delante de las conjunciones, o locuciones conjuntivas pero, más, aunque, así que, de manera que y ante. Por ejemplo: Ve al cine, pero antes debes estudiar. Me gusta hacer deporte, aunque prefiero practicar yoga. Saldremos a las nueve, así que sean puntuales. Allí compraremos refrescos, jamón, huevos, fruta.
Se escribe coma detrás de los complementos introducidos por las locuciones preposicionales: en cuanto a, respecto de, con respecto a, en relación con. Por ejemplo: En cuanto a él, no quiero volver a verle. En relación con lo dicho, estoy de acuerdo.
También se escribe coma detrás de la oración subordinada, cuando ésta precede a la principal. Por ejemplo: Si tú no vienes, iré yo solo. Cuando tú no estás, no me apetece salir. Aunque no lo creas, es verdad.
Seguiremos...
Luque Maricarmen
lunes, 26 de octubre de 2009
¡Cuidado con algunos sustantivos!
En español hay una serie de sustantivos femeninos que comienzan por a tónica, es decir, con tilde, como águila, ánfora, ágora, o sin ella, pero con acento prosódico, como alma, agua. Estas palabras, aun siendo femeninas, cambian el artículo la por el: el águila, el aula, el agua, el área, el ánfora, el ala, el arca (a no ser que se intercale alguna palabra entre el artículo y el sustantivo: la hermosa águila, la mejor agua).
Sirva como ejemplo: El agua inundó toda el área que rodeaba el aula del ala derecha del edificio.
Lo mismo sucede con los femeninos que llevan h inicial: el hacha, el habla: Es propio del habla culta escribir “el hacha afilada” (no afilado, porque esta conversión del artículo no cambia el género del sustantivo).
En la lengua actual, este fenómeno solo se produce ante los sustantivos, y no ante los adjetivos; por eso se dice la alta hierba.
El mismo fenómeno se da en las formas femeninas de los indefinidos uno, alguno y ninguno ante sustantivos femeninos que comienzan por a tónica; por eso: un águila, ningún agua, algún aula, ningún hacha (en lugar de una águila, ninguna agua, alguna hacha).
Pero, ¡cuidado!, porque no puede trasladarse este fenómeno a los demostrativos y es una incorrección bastante frecuente utilizar las formas masculinas este, ese y aquel ante sustantivos femeninos, en lugar de las correspondientes esta, esa y aquella. Sería erróneo decir este agua, ese arma o aquel hacha, cuando debería decirse: No bebas esta agua sin filtrar, y nunca dejes esa arma ni aquella hacha al alcance de los niños. El contagio se extiende en el habla descuidada a otros determinantes, como poco, mucho, todo, otro. Digamos, pues, mucha hambre en lugar de mucho hambre; poca agua en lugar de poco agua; toda arma en vez de todo arma y otra hacha en vez otro hacha.
Pero, como toda regla, también esta tiene su excepción: No se cambia la por el ante los nombres de las letras a, hache y alfa, aunque, como es obvio, comienzan con a tónica: La hache es la novena letra del alfabeto español y la alfa, la primera del griego.
Luque Maricarmen

Sirva como ejemplo: El agua inundó toda el área que rodeaba el aula del ala derecha del edificio.
Lo mismo sucede con los femeninos que llevan h inicial: el hacha, el habla: Es propio del habla culta escribir “el hacha afilada” (no afilado, porque esta conversión del artículo no cambia el género del sustantivo).
En la lengua actual, este fenómeno solo se produce ante los sustantivos, y no ante los adjetivos; por eso se dice la alta hierba.
El mismo fenómeno se da en las formas femeninas de los indefinidos uno, alguno y ninguno ante sustantivos femeninos que comienzan por a tónica; por eso: un águila, ningún agua, algún aula, ningún hacha (en lugar de una águila, ninguna agua, alguna hacha).
Pero, ¡cuidado!, porque no puede trasladarse este fenómeno a los demostrativos y es una incorrección bastante frecuente utilizar las formas masculinas este, ese y aquel ante sustantivos femeninos, en lugar de las correspondientes esta, esa y aquella. Sería erróneo decir este agua, ese arma o aquel hacha, cuando debería decirse: No bebas esta agua sin filtrar, y nunca dejes esa arma ni aquella hacha al alcance de los niños. El contagio se extiende en el habla descuidada a otros determinantes, como poco, mucho, todo, otro. Digamos, pues, mucha hambre en lugar de mucho hambre; poca agua en lugar de poco agua; toda arma en vez de todo arma y otra hacha en vez otro hacha.
Pero, como toda regla, también esta tiene su excepción: No se cambia la por el ante los nombres de las letras a, hache y alfa, aunque, como es obvio, comienzan con a tónica: La hache es la novena letra del alfabeto español y la alfa, la primera del griego.
Luque Maricarmen
Buen provecho con los términos gastronómicos
En el lenguaje gastronómico aparecen palabras que a veces nos hacen dudar, sobre su verdadera naturaleza o sobre la forma correcta de nombrarlas. Una de ellas es páprika.
Esta especia, que no es otra cosa que pimiento rojo reducido a polvo, se usa como condimento. Tiene nombre húngaro, pues fue de Hungría de donde nos llegó. En español se emplea con dos acentuaciones: la esdrújula, páprika, que es la original y, por tanto, preferida en el uso culto, y la más extendida, paprika, la llana. Ambas son válidas.
Su equivalente en español es pimentón, sin embargo, es lícito el empleo del extranjerismo por ser un condimento originario de Hungría.
Y ya que salió la palabra especia, es conveniente recordar que nada tiene que ver con especie. La especia es cualquier sustancia vegetal aromática usada como condimento, es decir, para sazonar y mejorar el sabor de algo. En la despensa de cualquier cocinera o cocinero que se precie nunca faltarán las especias: orégano, estragón, cayena, albahaca, cilantro, azafrán.
Por cierto, la cayena, especia muy picante extraída del guindillo de Indias, debe su nombre a la lengua tupí, pueblo indio muy numeroso que dominaba las costas de Brasil cuando llegaron los portugueses en los comienzos del siglo XVI. Quiynha era el nombre indígena de la especia, que con la influencia de Cayena, capital de la Guayana francesa, quedó con el nombre actual. También es conocida como guindilla.
Y tengo que señalar que el curri, condimento original de la India compuesto por una mezcla de polvo de diversas especias y procedente de la lengua tamil, hablada por uno de los pueblos que habitan en el sudeste del país, aunque en inglés se escribe curry, la forma propuesta para escribirlo en español es curri, con el plural, curris. Es incorrecta la forma currie.
Luque Maricarmen

Esta especia, que no es otra cosa que pimiento rojo reducido a polvo, se usa como condimento. Tiene nombre húngaro, pues fue de Hungría de donde nos llegó. En español se emplea con dos acentuaciones: la esdrújula, páprika, que es la original y, por tanto, preferida en el uso culto, y la más extendida, paprika, la llana. Ambas son válidas.
Su equivalente en español es pimentón, sin embargo, es lícito el empleo del extranjerismo por ser un condimento originario de Hungría.
Y ya que salió la palabra especia, es conveniente recordar que nada tiene que ver con especie. La especia es cualquier sustancia vegetal aromática usada como condimento, es decir, para sazonar y mejorar el sabor de algo. En la despensa de cualquier cocinera o cocinero que se precie nunca faltarán las especias: orégano, estragón, cayena, albahaca, cilantro, azafrán.
Por cierto, la cayena, especia muy picante extraída del guindillo de Indias, debe su nombre a la lengua tupí, pueblo indio muy numeroso que dominaba las costas de Brasil cuando llegaron los portugueses en los comienzos del siglo XVI. Quiynha era el nombre indígena de la especia, que con la influencia de Cayena, capital de la Guayana francesa, quedó con el nombre actual. También es conocida como guindilla.
Y tengo que señalar que el curri, condimento original de la India compuesto por una mezcla de polvo de diversas especias y procedente de la lengua tamil, hablada por uno de los pueblos que habitan en el sudeste del país, aunque en inglés se escribe curry, la forma propuesta para escribirlo en español es curri, con el plural, curris. Es incorrecta la forma currie.
Luque Maricarmen
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lunes, 10 de agosto de 2009
Los clínex y el signo @
Ya escribí hace tiempo, en este mismo espacio, sobre el signo @ y la palabra arroba. Que durante la Edad Media fue utilizado por los copistas como abreviatura de la preposición latina –ad cuyo significado es a, hacia o en. Que empezó a escribirse como el número 6, pero fue evolucionando hasta convertirse en @.
Que la palabra arroba tiene su origen en el vocablo árabe –ar-roba que significa 4ª parte, y que hoy es una medida de peso y capacidad que se utiliza en algunas zonas de América y España con distintos valores.
Que la primera representación escrita de este símbolo como unidad de medida fue en 1536 y figuraba en una carta escrita por un mercader italiano donde avisaba de un envío desde Sevilla a Roma. En ella se lee: “una @ de vino vale 7 u 8 ducados”.
Este símbolo ha sido resucitado por la actualidad informática para indicar la preposición española –en o la inglesa –at.
La primera dirección electrónica de la historia, tal como hoy las conocemos, fue la de Ray Tomlinson, en 1971, desde su computadora digital PDP-10: tomlinson@bbn-tenexa.
El símbolo que en español se llama arroba, es llamado en alemán y holandés, cola de mono; en búlgaro, monito; en checo, arenque; caracol acuático, en coreano; ratoncito, en chino; en finés (finlandés), cola de gato; en griego, patito; en italiano, caracol; perrito en ruso; mono, en polaco y rosa, en turco.
Son curiosidades que aparecen en uno de esos libros que vale la pena ojear u hojear, es decir, “leer superficialmente” o “pasar las hojas de un libro leyendo algunos pasajes”, como el de Pancracio Celdrán titulado: Hablar bien no cuesta tanto. Son libros que entretienen e instruyen.
El mismo autor nos cuenta cómo la palabra clínex ha pasado a nuestro idioma como adaptación gráfica del kleenex inglés, con el sentido de “pañuelo de papel desechable”. Los clínex (kleenex) aparecieron en la Gran Guerra de 1914, como sucedáneo del algodón (algodón de celulosa) y funcionaron como compresas, vendajes, etcétera. Su fabricación alcanzó tal auge que al acabar la contienda empezaron e emplearse en cosmética para eliminar el colorete, pintalabios, maquillaje. Pero el paso a su utilización como pañuelos desechables se debe a Andrew Olsen, de Chicago, que en 1921 ideó la caja dispensadora de clínex, cuyo nombre, acuñado por la Kimberley-Clark Company en 1924, se basa en el verbo inglés to clean.
El clínex o los clínex (invariable para singular y plural) amigos, para limpiarnos la nariz.
Luque Maricarmen

Que la palabra arroba tiene su origen en el vocablo árabe –ar-roba que significa 4ª parte, y que hoy es una medida de peso y capacidad que se utiliza en algunas zonas de América y España con distintos valores.
Que la primera representación escrita de este símbolo como unidad de medida fue en 1536 y figuraba en una carta escrita por un mercader italiano donde avisaba de un envío desde Sevilla a Roma. En ella se lee: “una @ de vino vale 7 u 8 ducados”.
Este símbolo ha sido resucitado por la actualidad informática para indicar la preposición española –en o la inglesa –at.
La primera dirección electrónica de la historia, tal como hoy las conocemos, fue la de Ray Tomlinson, en 1971, desde su computadora digital PDP-10: tomlinson@bbn-tenexa.
El símbolo que en español se llama arroba, es llamado en alemán y holandés, cola de mono; en búlgaro, monito; en checo, arenque; caracol acuático, en coreano; ratoncito, en chino; en finés (finlandés), cola de gato; en griego, patito; en italiano, caracol; perrito en ruso; mono, en polaco y rosa, en turco.
Son curiosidades que aparecen en uno de esos libros que vale la pena ojear u hojear, es decir, “leer superficialmente” o “pasar las hojas de un libro leyendo algunos pasajes”, como el de Pancracio Celdrán titulado: Hablar bien no cuesta tanto. Son libros que entretienen e instruyen.
El mismo autor nos cuenta cómo la palabra clínex ha pasado a nuestro idioma como adaptación gráfica del kleenex inglés, con el sentido de “pañuelo de papel desechable”. Los clínex (kleenex) aparecieron en la Gran Guerra de 1914, como sucedáneo del algodón (algodón de celulosa) y funcionaron como compresas, vendajes, etcétera. Su fabricación alcanzó tal auge que al acabar la contienda empezaron e emplearse en cosmética para eliminar el colorete, pintalabios, maquillaje. Pero el paso a su utilización como pañuelos desechables se debe a Andrew Olsen, de Chicago, que en 1921 ideó la caja dispensadora de clínex, cuyo nombre, acuñado por la Kimberley-Clark Company en 1924, se basa en el verbo inglés to clean.
El clínex o los clínex (invariable para singular y plural) amigos, para limpiarnos la nariz.
Luque Maricarmen
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historia,
origen,
ortografía,
significado
domingo, 12 de julio de 2009
Latinismos
Muchos son los latinismos o locuciones latinas que aparecen en nuestro idioma. Y tiene su explicación, ya que fue el latín la lengua culta usada durante siglos y de la que procede la nuestra. Unos pasaron a la historia. Otros muchos son exclusivos del lenguaje jurídico y otros permanecen y se emplean en el lenguaje coloquial, al que dotan de cierta erudición. Hoy les traigo algunos.
“Errare humanum est” significa ‘errar es humano’ y se emplea como disculpa ante una equivocación o un error.
La locución “modus operandi” significa ‘modo de obrar’. Tiene género masculino y es invariable en plural. Por ejemplo: “En los dos atentados los terroristas emplearon el mismo modus operandi”.
Las mismas características tiene “modus vivendi”, cuyo significado en el lenguaje corriente es ‘modo de ganarse la vida’. Por ejemplo: “Tenía tanta habilidad para la falsificación que la convirtió en su modus vivendi”.
“Verba volant, scriptum manet” significa ‘las palabras vuelan, lo escrito permanece’. Es una sabia frase de fácil aplicación.
Un latinismo de uso frecuente es déficit, 3ª persona singular del presente del verbo deficio cuyo significado es ‘faltar’. Empezó a usarse en el siglo XVIII en el ámbito económico con el sentido de ‘diferencia negativa entre ingresos y gastos’. El déficit, en general, es la ‘falta o escasez de algo que se juzga necesario’: “la ciudad tiene déficit de viviendas”. El plural es déficits.
Se sabe que para cerrar enumeraciones incompletas se usa la palabra etcétera, abreviada: etc. Procede de la expresión latina “et caetera” que se traduce por ‘y lo demás’.
Este latinismo, que en la escritura se emplea normalmente en forma abreviada, siempre va precedido de coma: “empezaron a llegar animales: perros, gatos, ardillas, patos, etc. Aquello parecía un zoológico”.
Como sustantivo, etcétera es masculino y admite plural: “Habría que añadir a lo dicho infinitos etcéteras”.
La locución latina “sui géneris” significa literalmente ‘de su género o especie’. Se usa como adjetivo con el sentido de ‘singular o peculiar’: “ese novelista tiene una forma sui géneris de escribir”.
“Vox pópuli” se traduce literalmente por ‘voz del pueblo’ y se emplea con el sentido de ‘rumor popular que corre de boca en boca’: “la infidelidad del rey ya era vox pópuli”, quiere decir que era del dominio público, o sea, conocida por todos.
Y termino con una que pueden encontrarse escrita y suele despistar; es “in púribus”. Originalmente era “in puris naturálibus”, literalmente ‘en puro estado natural’, pero con el tiempo la expresión latina se redujo, quedando en la forma actual, con el significado de: ‘completamente desnudo’. Por ej. “Los amantes apagaban la luz antes de quedarse in púribus’.
La lista sería interminable. Seguiremos.
Luque Maricarmen
“Errare humanum est” significa ‘errar es humano’ y se emplea como disculpa ante una equivocación o un error.
La locución “modus operandi” significa ‘modo de obrar’. Tiene género masculino y es invariable en plural. Por ejemplo: “En los dos atentados los terroristas emplearon el mismo modus operandi”.
Las mismas características tiene “modus vivendi”, cuyo significado en el lenguaje corriente es ‘modo de ganarse la vida’. Por ejemplo: “Tenía tanta habilidad para la falsificación que la convirtió en su modus vivendi”.
“Verba volant, scriptum manet” significa ‘las palabras vuelan, lo escrito permanece’. Es una sabia frase de fácil aplicación.
Un latinismo de uso frecuente es déficit, 3ª persona singular del presente del verbo deficio cuyo significado es ‘faltar’. Empezó a usarse en el siglo XVIII en el ámbito económico con el sentido de ‘diferencia negativa entre ingresos y gastos’. El déficit, en general, es la ‘falta o escasez de algo que se juzga necesario’: “la ciudad tiene déficit de viviendas”. El plural es déficits.
Se sabe que para cerrar enumeraciones incompletas se usa la palabra etcétera, abreviada: etc. Procede de la expresión latina “et caetera” que se traduce por ‘y lo demás’.
Este latinismo, que en la escritura se emplea normalmente en forma abreviada, siempre va precedido de coma: “empezaron a llegar animales: perros, gatos, ardillas, patos, etc. Aquello parecía un zoológico”.
Como sustantivo, etcétera es masculino y admite plural: “Habría que añadir a lo dicho infinitos etcéteras”.
La locución latina “sui géneris” significa literalmente ‘de su género o especie’. Se usa como adjetivo con el sentido de ‘singular o peculiar’: “ese novelista tiene una forma sui géneris de escribir”.
“Vox pópuli” se traduce literalmente por ‘voz del pueblo’ y se emplea con el sentido de ‘rumor popular que corre de boca en boca’: “la infidelidad del rey ya era vox pópuli”, quiere decir que era del dominio público, o sea, conocida por todos.
Y termino con una que pueden encontrarse escrita y suele despistar; es “in púribus”. Originalmente era “in puris naturálibus”, literalmente ‘en puro estado natural’, pero con el tiempo la expresión latina se redujo, quedando en la forma actual, con el significado de: ‘completamente desnudo’. Por ej. “Los amantes apagaban la luz antes de quedarse in púribus’.
La lista sería interminable. Seguiremos.
Luque Maricarmen
Problemas con la ortografía
Topónimos y gentilicios son términos que con frecuencia presentan problemas de ortografía. Los primeros se refieren a nombres propios de lugar y los gentilicios a los oriundos o pertenecientes a ese lugar.
Les paso el nombre, en español, de topónimos y gentilicios que a menudo encontramos en los medios de comunicación.
Abiyán es el nombre de la antigua capital de Costa de Marfil. No debe escribirse Abidjan, forma utilizada en inglés y en francés. El gentilicio correspondiente es abiyanés.
Debe evitarse el empleo de la forma inglesa, Abu Dhabi para escribir el nombre de la capital de los Emiratos Arabes Unidos. En español es Abu Dabi. Su gentilicio, abudabí; en plural, abudabíes
Afganistán es la forma tradicional en español del nombre de esta República del sudoeste de Asia. Su gentilicio, afgano, no debe confundirse con el nombre de su moneda oficial, el afgani.
La capital de Turquía es Ankara. Su nombre tradicional en español era Angora, término que se conserva en algunas especies de animales, como el gato, la cabra o el conejo de Angora.
Bangladés es el nombre en español de este país del sur de Asia, no Bangladesh ni Bangla Desh. El gentilicio más propio es bangladesí, plural bangladesíes, ya que bengalí, también usado, en realidad corresponde a Bengala, una región que incluye el actual Bangladés más el estado indio de Bengala Occidental.
Bogotá es el nombre abreviado de Santafé de Bogotá, capital de Colombia. Por razones históricas es correcta la forma Santafé, escrita en una sola palabra. El gentilicio es santafereño o bogotano.
El gentilicio de Brasil es brasileño o brasilero, no carioca, como a veces se usa impropiamente, y el de los Estados Unidos de América, estadounidense o estadunidense.
La isla que comprende Inglaterra, Gales y Escocia se llama Gran Bretaña; su gentilicio, británico. Puesto que abarca la mayor parte del Reino Unido, ambas denominaciones se emplean para referirse al país. También se usa el nombre de Inglaterra para referirse a todo el país, que incluye, además de Gales y Escocia, Irlanda del Norte. Inglés, se emplea extensivamente como gentilicio de Gran Bretaña o del Reino Unido.
La verde Erín es el nombre poético con que a veces es nombrada la isla de Irlanda; en gaélico se llama Eire.
Luque Maricarmen
Les paso el nombre, en español, de topónimos y gentilicios que a menudo encontramos en los medios de comunicación.
Abiyán es el nombre de la antigua capital de Costa de Marfil. No debe escribirse Abidjan, forma utilizada en inglés y en francés. El gentilicio correspondiente es abiyanés.
Debe evitarse el empleo de la forma inglesa, Abu Dhabi para escribir el nombre de la capital de los Emiratos Arabes Unidos. En español es Abu Dabi. Su gentilicio, abudabí; en plural, abudabíes
Afganistán es la forma tradicional en español del nombre de esta República del sudoeste de Asia. Su gentilicio, afgano, no debe confundirse con el nombre de su moneda oficial, el afgani.
La capital de Turquía es Ankara. Su nombre tradicional en español era Angora, término que se conserva en algunas especies de animales, como el gato, la cabra o el conejo de Angora.
Bangladés es el nombre en español de este país del sur de Asia, no Bangladesh ni Bangla Desh. El gentilicio más propio es bangladesí, plural bangladesíes, ya que bengalí, también usado, en realidad corresponde a Bengala, una región que incluye el actual Bangladés más el estado indio de Bengala Occidental.
Bogotá es el nombre abreviado de Santafé de Bogotá, capital de Colombia. Por razones históricas es correcta la forma Santafé, escrita en una sola palabra. El gentilicio es santafereño o bogotano.
El gentilicio de Brasil es brasileño o brasilero, no carioca, como a veces se usa impropiamente, y el de los Estados Unidos de América, estadounidense o estadunidense.
La isla que comprende Inglaterra, Gales y Escocia se llama Gran Bretaña; su gentilicio, británico. Puesto que abarca la mayor parte del Reino Unido, ambas denominaciones se emplean para referirse al país. También se usa el nombre de Inglaterra para referirse a todo el país, que incluye, además de Gales y Escocia, Irlanda del Norte. Inglés, se emplea extensivamente como gentilicio de Gran Bretaña o del Reino Unido.
La verde Erín es el nombre poético con que a veces es nombrada la isla de Irlanda; en gaélico se llama Eire.
Luque Maricarmen
Impreso o imprimido
Una palabra de uso frecuente en el ámbito del trabajo es el verbo imprimir, “marcar sobre papel u otro material un texto, un dibujo, por medios mecánicos o electrónicos”. Este verbo tiene dos participios: el regular, imprimido y el irregular, impreso. Y con frecuencia se plantea la duda sobre el uso de uno u otro, algo que desde hoy no sucederá.
Ambos participios pueden utilizarse indistintamente para formar los tiempos compuestos, en activa y pasiva. Así: Habían impreso (o imprimido) sólo billetes de alta denominación. La obra había sido imprimida (o impresa) en la ciudad de Buenos Aires. Se han impreso (o imprimido) muchos ejemplares.
Sin embargo, cuando el participio tiene función adjetiva, se prefiere en todo el ámbito hispánico la forma irregular impreso-a: En el papel pudo ver la imagen impresa de su hijo. En esa página aparecía su rostro impreso.
El sustantivo correspondiente es impresión, la acción o efecto de imprimir.
Consecuentemente, el verbo sobreimprimir, “imprimir algo sobre un texto o una imagen, o hacer que aparezca superpuesto a ellos”, que procedente del ámbito de la imprenta se emplea hoy en los campos del cine, la fotografía y la televisión, sigue la misma norma en el uso de sus participios sobreimprimido y sobreimpreso.
El sustantivo correspondiente es sobreimpresión, pero de él no puede formarse el verbo “sobreimpresionar”, ya que no existe en español.
Sí existe, en cambio, otro verbo, aunque es de uso relativamente reciente, abducir, cuyo significado, cuando se dice de un extraterrestre, es “secuestrar a alguien”: Aquel individuo manifestó haber sido abducido por una nave extraterrestre.
En otro sentido, abducir es “alejar algo (un miembro o un órgano) del plano imaginario que divide el cuerpo en dos partes simétricas: No podía girar ni abducir la cadera fácilmente.
Las palabras abducción y abductor corresponden al verbo abducir, en sus dos sentidos: Se trata de un caso de abducción extraterrestre, o Tenía lastimado el músculo abductor de la pierna derecha.
Luque Maricarmen
Ambos participios pueden utilizarse indistintamente para formar los tiempos compuestos, en activa y pasiva. Así: Habían impreso (o imprimido) sólo billetes de alta denominación. La obra había sido imprimida (o impresa) en la ciudad de Buenos Aires. Se han impreso (o imprimido) muchos ejemplares.
Sin embargo, cuando el participio tiene función adjetiva, se prefiere en todo el ámbito hispánico la forma irregular impreso-a: En el papel pudo ver la imagen impresa de su hijo. En esa página aparecía su rostro impreso.
El sustantivo correspondiente es impresión, la acción o efecto de imprimir.
Consecuentemente, el verbo sobreimprimir, “imprimir algo sobre un texto o una imagen, o hacer que aparezca superpuesto a ellos”, que procedente del ámbito de la imprenta se emplea hoy en los campos del cine, la fotografía y la televisión, sigue la misma norma en el uso de sus participios sobreimprimido y sobreimpreso.
El sustantivo correspondiente es sobreimpresión, pero de él no puede formarse el verbo “sobreimpresionar”, ya que no existe en español.
Sí existe, en cambio, otro verbo, aunque es de uso relativamente reciente, abducir, cuyo significado, cuando se dice de un extraterrestre, es “secuestrar a alguien”: Aquel individuo manifestó haber sido abducido por una nave extraterrestre.
En otro sentido, abducir es “alejar algo (un miembro o un órgano) del plano imaginario que divide el cuerpo en dos partes simétricas: No podía girar ni abducir la cadera fácilmente.
Las palabras abducción y abductor corresponden al verbo abducir, en sus dos sentidos: Se trata de un caso de abducción extraterrestre, o Tenía lastimado el músculo abductor de la pierna derecha.
Luque Maricarmen
La tilde, el ama de las palabras
¿Qué es lo que en realidad se llama tilde?
La tilde o el tilde, porque son aceptados ambos géneros aunque hoy se usa más el femenino, es el nombre, tanto del acento escrito como del rasgo, virgulilla o trazo pequeño que forma parte de algunas letras, como la –t, o la –ñ.
También significa “tacha o nota que denigra”, como en el ejemplo: “Solo le faltaba al personaje ese tilde de hereje”. Comparte este sentido con el verbo tildar, que además de “poner tilde a las letras que lo necesitan”, significa “señalar a alguien con alguna nota denigrativa”, como cuando se tilda a alguien de ambicioso, de flojo o de cualquier otro calificativo negativo, nunca de algo bueno; por ejemplo: “La joven no se atrevía a actuar de forma desenvuelta para no ser tildada de frívola”.
Pero es la tilde en el sentido de acento gráfico la que me preocupa; porque sucede, por alguna extraña razón, que los docentes, en muchos casos, no le dan la importancia que le es debida, considerando faltillas o pecadillos veniales ortográficos los errores de acentuación, lo que ha provocado que muchas veces en los escritos de personas consideradas cultas aparezcan múltiples yerros acentuales.
Y sucede que al leer esos textos se pierde con frecuencia la claridad de su significado.
El acento, como dijo el gran lingüista Menéndez Pidal, es el alma de las palabras. El acento da la forma y asegura la identidad sustancial de los vocablos.
Si lo dudan, consideren estos ejemplos: Termino este escrito, lo terminó mi maestro, el término de la vida es impredecible. La misma palabra en tres “posturas” diferentes, según el acento: presente, pasado y sustantivo.
En ocasiones, el acento marca ostensiblemente el cambio de significado: cortes y cortés, plato y plató (escenario para rodaje), libro y libró, pelicano (de pelo cano) y pelícano (ave), vengo y vengó, réprobo (malvado) y reprobó... y cientos de palabras cuya diferencia con su homónimo está marcada por la tilde o acento gráfico.
Los acentos y los signos de puntuación son la clave de un buen escrito. Pero esto ya lo trataremos en otro espacio.
Luque Maricarmen
La tilde o el tilde, porque son aceptados ambos géneros aunque hoy se usa más el femenino, es el nombre, tanto del acento escrito como del rasgo, virgulilla o trazo pequeño que forma parte de algunas letras, como la –t, o la –ñ.
También significa “tacha o nota que denigra”, como en el ejemplo: “Solo le faltaba al personaje ese tilde de hereje”. Comparte este sentido con el verbo tildar, que además de “poner tilde a las letras que lo necesitan”, significa “señalar a alguien con alguna nota denigrativa”, como cuando se tilda a alguien de ambicioso, de flojo o de cualquier otro calificativo negativo, nunca de algo bueno; por ejemplo: “La joven no se atrevía a actuar de forma desenvuelta para no ser tildada de frívola”.
Pero es la tilde en el sentido de acento gráfico la que me preocupa; porque sucede, por alguna extraña razón, que los docentes, en muchos casos, no le dan la importancia que le es debida, considerando faltillas o pecadillos veniales ortográficos los errores de acentuación, lo que ha provocado que muchas veces en los escritos de personas consideradas cultas aparezcan múltiples yerros acentuales.
Y sucede que al leer esos textos se pierde con frecuencia la claridad de su significado.
El acento, como dijo el gran lingüista Menéndez Pidal, es el alma de las palabras. El acento da la forma y asegura la identidad sustancial de los vocablos.
Si lo dudan, consideren estos ejemplos: Termino este escrito, lo terminó mi maestro, el término de la vida es impredecible. La misma palabra en tres “posturas” diferentes, según el acento: presente, pasado y sustantivo.
En ocasiones, el acento marca ostensiblemente el cambio de significado: cortes y cortés, plato y plató (escenario para rodaje), libro y libró, pelicano (de pelo cano) y pelícano (ave), vengo y vengó, réprobo (malvado) y reprobó... y cientos de palabras cuya diferencia con su homónimo está marcada por la tilde o acento gráfico.
Los acentos y los signos de puntuación son la clave de un buen escrito. Pero esto ya lo trataremos en otro espacio.
Luque Maricarmen
Da lo mismo Iraq que Irak
A la vista de la ambigüedad con que los medios de comunicación escriben la palabra Iraq o Irak, se impone la pregunta de cuál es la forma correcta de escribir el nombre del país árabe que se encuentra en los territorios de lo que antiguamente fue Mesopotamia.
Pues la grafía culta es Iraq, ya que la letra final árabe, qaf, se transcribe en español como q, y así ha sido transcrito el topónimo por los más prestigiados lingüistas y arabistas en sus escritos. Sin embargo, teniendo en cuenta lo ajena que resulta en español la letra q a final de palabra, desde hace ya mucho tiempo aparece también documentado este topónimo en la forma Irak, aceptada como válida.
Por lo que, aunque Iraq sea la forma culta de escribirse, por apoyarse en fundamentos lingüísticos más firmes, es también correcto escribir Irak.
El gentilicio es, para ambas formas, iraquí, y su plural, iraquíes.
Hay tres verbos en español que significan lo mismo, por lo tanto son sinónimos y se emplean indistintamente: alquilar, arrendar y rentar. El último, rentar, está asentado en México, y en algún otro país de América, por influjo del inglés “to rent, aunque el de uso más común en todo el ámbito hispánico es alquilar.
Los tres significan “ceder o adquirir, temporalmente, el uso de algo (una casa, un coche, etcétera) por un precio convenido”. El doble, y contrario, significado de estos verbos, ceder o adquirir, hace que en muchos casos su sentido sea ambiguo. Así, en la oración “Pedro alquiló o arrendó su casa a Luis” no queda expresado claramente quién es el que cobra y quién paga, Pedro o Luis, por lo que conviene ser muy explícito.
Lo que no ofrece duda es que el que paga la renta del alquiler de una casa es el inquilino o arrendatario, y el contrato que une a ambas partes es de arrendamiento o inquilinato.
Luque Maricarmen
Pues la grafía culta es Iraq, ya que la letra final árabe, qaf, se transcribe en español como q, y así ha sido transcrito el topónimo por los más prestigiados lingüistas y arabistas en sus escritos. Sin embargo, teniendo en cuenta lo ajena que resulta en español la letra q a final de palabra, desde hace ya mucho tiempo aparece también documentado este topónimo en la forma Irak, aceptada como válida.
Por lo que, aunque Iraq sea la forma culta de escribirse, por apoyarse en fundamentos lingüísticos más firmes, es también correcto escribir Irak.
El gentilicio es, para ambas formas, iraquí, y su plural, iraquíes.
Hay tres verbos en español que significan lo mismo, por lo tanto son sinónimos y se emplean indistintamente: alquilar, arrendar y rentar. El último, rentar, está asentado en México, y en algún otro país de América, por influjo del inglés “to rent, aunque el de uso más común en todo el ámbito hispánico es alquilar.
Los tres significan “ceder o adquirir, temporalmente, el uso de algo (una casa, un coche, etcétera) por un precio convenido”. El doble, y contrario, significado de estos verbos, ceder o adquirir, hace que en muchos casos su sentido sea ambiguo. Así, en la oración “Pedro alquiló o arrendó su casa a Luis” no queda expresado claramente quién es el que cobra y quién paga, Pedro o Luis, por lo que conviene ser muy explícito.
Lo que no ofrece duda es que el que paga la renta del alquiler de una casa es el inquilino o arrendatario, y el contrato que une a ambas partes es de arrendamiento o inquilinato.
Luque Maricarmen
Machismo y feminismo en la lengua
Por todos los ámbitos de la sociedad se paseó, y sigue paseándose, la cuestión del machismo y el feminismo, con protestas, cambios y reajustes para todos los gustos. Y la corriente llegó a la Academia de la Lengua.
Fue en el año 1999 cuando el Instituto de la Mujer, en España, levantó su voz presentado un estudio en defensa de la mujer y su entorno, en lo que al idioma se refiere.
Y el estudio, elaborado por expertas en lingüística y docencia, mostró cómo, en efecto, el Diccionario de la Real Academia Española en sus definiciones tomaba como base, en muchos casos, una perspectiva masculina, considerando al hombre como elemento central. Ciertamente, la sociedad va cambiando y la mujer hoy está presente en todos los estamentos sociales desempeñando las más variadas funciones, por lo que la Academia hubo de ajustar el género gramatical en profesiones, cargos, títulos y otras actividades de las que la mujer ya forma parte.
En líneas generales, la formación del femenino sigue las normas siguientes:
- En las palabras cuyo masculino termina en –o cambian esa o en –a: ingeniero/ingeniera, médico/médica, ministro/ministra, aunque hay excepciones como el/la piloto, el/la modelo.
- Los que acaban en –a son comunes: el/la terapeuta, el/la logopeda, el/la pedíatra. En algunos casos toma la terminación culta –isa: profeta/profetisa, poeta/poetisa, aunque también es válido poeta para mujer.
- Los que terminan en –e tienden a funcionar como comunes: el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre. Algunos forman el femenino con las terminaciones –es, -isa o –ina: conde/condesa, sacerdote/sacerdotisa, héroe/heroína.
- Son también comunes los terminados en –ante o –ente: el/la agente, el/la dibujante, el/la estudiante.
- Funcionan también como comunes los pocos que terminan en –i o en –u: el/la maniquí, el/la gurú.
- Los que acaban en –or forman el femenino añadiendo –a: gobernador/gobernadora, aunque en algunos casos presentan la forma culta en –triz: emperador/emperatriz, actor/actriz.
- Los que acaban en consonante suelen ser comunes: el/la cónsul, el/la capataz, el/la juez, aunque a veces toman una –a: juez/jueza, aprendiz/aprendiza.
Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los que designan grados en la escala militar: el/la teniente, el/la capitana, el/la teniente.
Como ven, la Academia adaptándose a las necesidades de la comunidad hablante.
Luque Maricarmen
Fue en el año 1999 cuando el Instituto de la Mujer, en España, levantó su voz presentado un estudio en defensa de la mujer y su entorno, en lo que al idioma se refiere.
Y el estudio, elaborado por expertas en lingüística y docencia, mostró cómo, en efecto, el Diccionario de la Real Academia Española en sus definiciones tomaba como base, en muchos casos, una perspectiva masculina, considerando al hombre como elemento central. Ciertamente, la sociedad va cambiando y la mujer hoy está presente en todos los estamentos sociales desempeñando las más variadas funciones, por lo que la Academia hubo de ajustar el género gramatical en profesiones, cargos, títulos y otras actividades de las que la mujer ya forma parte.
En líneas generales, la formación del femenino sigue las normas siguientes:
- En las palabras cuyo masculino termina en –o cambian esa o en –a: ingeniero/ingeniera, médico/médica, ministro/ministra, aunque hay excepciones como el/la piloto, el/la modelo.
- Los que acaban en –a son comunes: el/la terapeuta, el/la logopeda, el/la pedíatra. En algunos casos toma la terminación culta –isa: profeta/profetisa, poeta/poetisa, aunque también es válido poeta para mujer.
- Los que terminan en –e tienden a funcionar como comunes: el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre. Algunos forman el femenino con las terminaciones –es, -isa o –ina: conde/condesa, sacerdote/sacerdotisa, héroe/heroína.
- Son también comunes los terminados en –ante o –ente: el/la agente, el/la dibujante, el/la estudiante.
- Funcionan también como comunes los pocos que terminan en –i o en –u: el/la maniquí, el/la gurú.
- Los que acaban en –or forman el femenino añadiendo –a: gobernador/gobernadora, aunque en algunos casos presentan la forma culta en –triz: emperador/emperatriz, actor/actriz.
- Los que acaban en consonante suelen ser comunes: el/la cónsul, el/la capataz, el/la juez, aunque a veces toman una –a: juez/jueza, aprendiz/aprendiza.
Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los que designan grados en la escala militar: el/la teniente, el/la capitana, el/la teniente.
Como ven, la Academia adaptándose a las necesidades de la comunidad hablante.
Luque Maricarmen
Machismo y feminismo en la lengua
Por todos los ámbitos de la sociedad se paseó, y sigue paseándose, la cuestión del machismo y el feminismo, con protestas, cambios y reajustes para todos los gustos. Y la corriente llegó a la Academia de la Lengua.
Fue en el año 1999 cuando el Instituto de la Mujer, en España, levantó su voz presentado un estudio en defensa de la mujer y su entorno, en lo que al idioma se refiere.
Y el estudio, elaborado por expertas en lingüística y docencia, mostró cómo, en efecto, el Diccionario de la Real Academia Española en sus definiciones tomaba como base, en muchos casos, una perspectiva masculina, considerando al hombre como elemento central. Ciertamente, la sociedad va cambiando y la mujer hoy está presente en todos los estamentos sociales desempeñando las más variadas funciones, por lo que la Academia hubo de ajustar el género gramatical en profesiones, cargos, títulos y otras actividades de las que la mujer ya forma parte.
En líneas generales, la formación del femenino sigue las normas siguientes:
- En las palabras cuyo masculino termina en –o cambian esa o en –a: ingeniero/ingeniera, médico/médica, ministro/ministra, aunque hay excepciones como el/la piloto, el/la modelo.
- Los que acaban en –a son comunes: el/la terapeuta, el/la logopeda, el/la pedíatra. En algunos casos toma la terminación culta –isa: profeta/profetisa, poeta/poetisa, aunque también es válido poeta para mujer.
- Los que terminan en –e tienden a funcionar como comunes: el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre. Algunos forman el femenino con las terminaciones –es, -isa o –ina: conde/condesa, sacerdote/sacerdotisa, héroe/heroína.
- Son también comunes los terminados en –ante o –ente: el/la agente, el/la dibujante, el/la estudiante.
- Funcionan también como comunes los pocos que terminan en –i o en –u: el/la maniquí, el/la gurú.
- Los que acaban en –or forman el femenino añadiendo –a: gobernador/gobernadora, aunque en algunos casos presentan la forma culta en –triz: emperador/emperatriz, actor/actriz.
- Los que acaban en consonante suelen ser comunes: el/la cónsul, el/la capataz, el/la juez, aunque a veces toman una –a: juez/jueza, aprendiz/aprendiza.
Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los que designan grados en la escala militar: el/la teniente, el/la capitana, el/la teniente.
Como ven, la Academia adaptándose a las necesidades de la comunidad hablante.
Luque Maricarmen
Fue en el año 1999 cuando el Instituto de la Mujer, en España, levantó su voz presentado un estudio en defensa de la mujer y su entorno, en lo que al idioma se refiere.
Y el estudio, elaborado por expertas en lingüística y docencia, mostró cómo, en efecto, el Diccionario de la Real Academia Española en sus definiciones tomaba como base, en muchos casos, una perspectiva masculina, considerando al hombre como elemento central. Ciertamente, la sociedad va cambiando y la mujer hoy está presente en todos los estamentos sociales desempeñando las más variadas funciones, por lo que la Academia hubo de ajustar el género gramatical en profesiones, cargos, títulos y otras actividades de las que la mujer ya forma parte.
En líneas generales, la formación del femenino sigue las normas siguientes:
- En las palabras cuyo masculino termina en –o cambian esa o en –a: ingeniero/ingeniera, médico/médica, ministro/ministra, aunque hay excepciones como el/la piloto, el/la modelo.
- Los que acaban en –a son comunes: el/la terapeuta, el/la logopeda, el/la pedíatra. En algunos casos toma la terminación culta –isa: profeta/profetisa, poeta/poetisa, aunque también es válido poeta para mujer.
- Los que terminan en –e tienden a funcionar como comunes: el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre. Algunos forman el femenino con las terminaciones –es, -isa o –ina: conde/condesa, sacerdote/sacerdotisa, héroe/heroína.
- Son también comunes los terminados en –ante o –ente: el/la agente, el/la dibujante, el/la estudiante.
- Funcionan también como comunes los pocos que terminan en –i o en –u: el/la maniquí, el/la gurú.
- Los que acaban en –or forman el femenino añadiendo –a: gobernador/gobernadora, aunque en algunos casos presentan la forma culta en –triz: emperador/emperatriz, actor/actriz.
- Los que acaban en consonante suelen ser comunes: el/la cónsul, el/la capataz, el/la juez, aunque a veces toman una –a: juez/jueza, aprendiz/aprendiza.
Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los que designan grados en la escala militar: el/la teniente, el/la capitana, el/la teniente.
Como ven, la Academia adaptándose a las necesidades de la comunidad hablante.
Luque Maricarmen
Machismo y feminismo en la lengua
Por todos los ámbitos de la sociedad se paseó, y sigue paseándose, la cuestión del machismo y el feminismo, con protestas, cambios y reajustes para todos los gustos. Y la corriente llegó a la Academia de la Lengua.
Fue en el año 1999 cuando el Instituto de la Mujer, en España, levantó su voz presentado un estudio en defensa de la mujer y su entorno, en lo que al idioma se refiere.
Y el estudio, elaborado por expertas en lingüística y docencia, mostró cómo, en efecto, el Diccionario de la Real Academia Española en sus definiciones tomaba como base, en muchos casos, una perspectiva masculina, considerando al hombre como elemento central. Ciertamente, la sociedad va cambiando y la mujer hoy está presente en todos los estamentos sociales desempeñando las más variadas funciones, por lo que la Academia hubo de ajustar el género gramatical en profesiones, cargos, títulos y otras actividades de las que la mujer ya forma parte.
En líneas generales, la formación del femenino sigue las normas siguientes:
- En las palabras cuyo masculino termina en –o cambian esa o en –a: ingeniero/ingeniera, médico/médica, ministro/ministra, aunque hay excepciones como el/la piloto, el/la modelo.
- Los que acaban en –a son comunes: el/la terapeuta, el/la logopeda, el/la pedíatra. En algunos casos toma la terminación culta –isa: profeta/profetisa, poeta/poetisa, aunque también es válido poeta para mujer.
- Los que terminan en –e tienden a funcionar como comunes: el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre. Algunos forman el femenino con las terminaciones –es, -isa o –ina: conde/condesa, sacerdote/sacerdotisa, héroe/heroína.
- Son también comunes los terminados en –ante o –ente: el/la agente, el/la dibujante, el/la estudiante.
- Funcionan también como comunes los pocos que terminan en –i o en –u: el/la maniquí, el/la gurú.
- Los que acaban en –or forman el femenino añadiendo –a: gobernador/gobernadora, aunque en algunos casos presentan la forma culta en –triz: emperador/emperatriz, actor/actriz.
- Los que acaban en consonante suelen ser comunes: el/la cónsul, el/la capataz, el/la juez, aunque a veces toman una –a: juez/jueza, aprendiz/aprendiza.
Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los que designan grados en la escala militar: el/la teniente, el/la capitana, el/la teniente.
Como ven, la Academia adaptándose a las necesidades de la comunidad hablante.
Luque Maricarmen
Fue en el año 1999 cuando el Instituto de la Mujer, en España, levantó su voz presentado un estudio en defensa de la mujer y su entorno, en lo que al idioma se refiere.
Y el estudio, elaborado por expertas en lingüística y docencia, mostró cómo, en efecto, el Diccionario de la Real Academia Española en sus definiciones tomaba como base, en muchos casos, una perspectiva masculina, considerando al hombre como elemento central. Ciertamente, la sociedad va cambiando y la mujer hoy está presente en todos los estamentos sociales desempeñando las más variadas funciones, por lo que la Academia hubo de ajustar el género gramatical en profesiones, cargos, títulos y otras actividades de las que la mujer ya forma parte.
En líneas generales, la formación del femenino sigue las normas siguientes:
- En las palabras cuyo masculino termina en –o cambian esa o en –a: ingeniero/ingeniera, médico/médica, ministro/ministra, aunque hay excepciones como el/la piloto, el/la modelo.
- Los que acaban en –a son comunes: el/la terapeuta, el/la logopeda, el/la pedíatra. En algunos casos toma la terminación culta –isa: profeta/profetisa, poeta/poetisa, aunque también es válido poeta para mujer.
- Los que terminan en –e tienden a funcionar como comunes: el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre. Algunos forman el femenino con las terminaciones –es, -isa o –ina: conde/condesa, sacerdote/sacerdotisa, héroe/heroína.
- Son también comunes los terminados en –ante o –ente: el/la agente, el/la dibujante, el/la estudiante.
- Funcionan también como comunes los pocos que terminan en –i o en –u: el/la maniquí, el/la gurú.
- Los que acaban en –or forman el femenino añadiendo –a: gobernador/gobernadora, aunque en algunos casos presentan la forma culta en –triz: emperador/emperatriz, actor/actriz.
- Los que acaban en consonante suelen ser comunes: el/la cónsul, el/la capataz, el/la juez, aunque a veces toman una –a: juez/jueza, aprendiz/aprendiza.
Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los que designan grados en la escala militar: el/la teniente, el/la capitana, el/la teniente.
Como ven, la Academia adaptándose a las necesidades de la comunidad hablante.
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