La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
lunes, 26 de septiembre de 2011
lunes, 10 de agosto de 2009
Los clínex y el signo @
Que la palabra arroba tiene su origen en el vocablo árabe –ar-roba que significa 4ª parte, y que hoy es una medida de peso y capacidad que se utiliza en algunas zonas de América y España con distintos valores.
Que la primera representación escrita de este símbolo como unidad de medida fue en 1536 y figuraba en una carta escrita por un mercader italiano donde avisaba de un envío desde Sevilla a Roma. En ella se lee: “una @ de vino vale 7 u 8 ducados”.
Este símbolo ha sido resucitado por la actualidad informática para indicar la preposición española –en o la inglesa –at.
La primera dirección electrónica de la historia, tal como hoy las conocemos, fue la de Ray Tomlinson, en 1971, desde su computadora digital PDP-10: tomlinson@bbn-tenexa.
El símbolo que en español se llama arroba, es llamado en alemán y holandés, cola de mono; en búlgaro, monito; en checo, arenque; caracol acuático, en coreano; ratoncito, en chino; en finés (finlandés), cola de gato; en griego, patito; en italiano, caracol; perrito en ruso; mono, en polaco y rosa, en turco.
Son curiosidades que aparecen en uno de esos libros que vale la pena ojear u hojear, es decir, “leer superficialmente” o “pasar las hojas de un libro leyendo algunos pasajes”, como el de Pancracio Celdrán titulado: Hablar bien no cuesta tanto. Son libros que entretienen e instruyen.
El mismo autor nos cuenta cómo la palabra clínex ha pasado a nuestro idioma como adaptación gráfica del kleenex inglés, con el sentido de “pañuelo de papel desechable”. Los clínex (kleenex) aparecieron en la Gran Guerra de 1914, como sucedáneo del algodón (algodón de celulosa) y funcionaron como compresas, vendajes, etcétera. Su fabricación alcanzó tal auge que al acabar la contienda empezaron e emplearse en cosmética para eliminar el colorete, pintalabios, maquillaje. Pero el paso a su utilización como pañuelos desechables se debe a Andrew Olsen, de Chicago, que en 1921 ideó la caja dispensadora de clínex, cuyo nombre, acuñado por la Kimberley-Clark Company en 1924, se basa en el verbo inglés to clean.
El clínex o los clínex (invariable para singular y plural) amigos, para limpiarnos la nariz.
Luque Maricarmen
domingo, 12 de julio de 2009
Algunas curiosidades
Debacle es un sustantivo femenino que procede del francés y significa “desastre, ruina o derrota”. Se utiliza cuando se pierde el control de una situación, ante la proximidad de un desastre, para anunciar una derrota etc.; por ej. “Cuando sonó la señal de alarma todos salieron de estampida y se formó la debacle”. “Las últimas derrotas sufridas por el Real Madrid condujeron al equipo a la debacle”.
La palabra empezó a usarse en Francia tras su derrota por el ejército alemán en 1870. Su difusión fue definitiva con la publicación del libro La débâcle, en 1892, que sobre ese tema escribió el novelista francés Emile Zola.
Draconiano es un adjetivo que se aplica a una ley o a una medida sanguinaria o excesivamente severa. La palabra se debe a Dracón, legislador griego que 600 años antes de Cristo, dictó el primer código legislativo de Atenas. Y eran tan duras las penas con que las leyes castigaban hasta los pequeños delitos, que al cabo de más de veintiséis siglos, su dureza se recuerda en nuestra lengua con este calificativo. Por ej. “En el ejército se aplicaban medidas draconianas a los desertores”.
A la persona dominada por la gula se le llama heliogábalo, en memoria de aquel emperador romano, del siglo II a. de C. conocido por ese nombre, que comía opípara y vorazmente. Cuentan que a pesar de que solo duró en el trono tres años, de los 14 a los 17, asombró a sus súbditos de Roma, no sólo por su glotonería sino por sus muchas excentricidades; era tan afeminado que vestía ropas de mujer y se casó con varios gladiadores. En sus famosos banquetes se complacía en gastar pesadas bromas a sus invitados; en uno de ellos, a la hora de los postres, cuando ya todos estaban afectados por la bebida, para aterrorizarlos, cerró todas las puertas y soltó una manada de fieras salvajes a las que previamente había hecho arrancar dientes y garras. No parece que la gula fuese su peor defecto. Aunque más famoso por su buen yantar se hizo Pantagruel, el protagonista de la obra del francés Rabelais, del siglo XVI, Gargantúa y su hijo Pantagruel. Su desmedido apetito y las comilonas con que se agasajaba pasaron a la posteridad, por lo que suele calificarse de pantagruélico el festín excesivo y copioso.
Luque Maricarmen
domingo, 5 de julio de 2009
La historia del Día del Amor
Corría el siglo III, concretamente el año 270, cuando el emperador romano Claudio II, conocido como “el Gótico”, prohibió a sus soldados contraer matrimonio, considerando que eran más aptos para la guerra solteros que casados.
Valentín, un sacerdote cristiano, de la ciudad de Roma, enterado de la prohibición y considerando que esta atentaba contra los derechos de los jóvenes enamorados, invitó a todas las parejas de novios que quisieran casarse para, en secreto, unirlos en matrimonio. Y así lo hizo.
Pero sucedió que el hecho llegó a oídos del emperador, quien, enojado por la desobediencia del sacerdote, ordenó que fuese detenido, azotado y decapitado, lo cual tuvo lugar, precisamente el día 14 de febrero.
Doscientos años después de su muerte, Valentín fue elevado a los altares, instituyéndose ese mismo día, 14 de febrero, la festividad de San Valentín, que se dedicó, como era de esperar, a todos los enamorados, ya que fue la defensa del amor lo que le condujo al martirio.
Un suceso luctuoso convertido en una celebración jubilosa por mor de un súbdito díscolo pero romántico.
Y ya que salió, aprovecho para aclarar que la locución preposicional, “por mor de...” es una figura de dicción que significa “por amor de”, nunca más oportuna que en el remate de esta pequeña colaboración dedicada a una fecha erótica.
Amigos, felicidades a todos los que la celebren.
Luque Maricarmen
jueves, 2 de julio de 2009
Español, un poco de historia
La noticia que hoy les traigo cuestiona esta tesis.
Resulta que en un pueblito de la región de León, en España, se ha encontrado un listado de víveres y entregas de queso, escrito por un monje despensero del Monasterio de San Justo y San Pastor, fechado en enero del año 959, dieciocho años antes, y escrito en los primeros balbuceos de romance castellano.
Este hallazgo, bautizado como Nodicia de Kesos, puede constituir una prueba de que el alumbramiento de la lengua castellana corresponde a este documento, y no a las Glosas de San Millán.
Es entendible el interés de los cercanos al hallazgo por el reconocimiento internacional de este nuevo dato sobre el origen del español, pero habrá que esperar el dictamen de los expertos. Sería un dato más a añadir al conocimiento de la historia de nuestra lengua, que, sin lugar a dudas, nació entre los muros conventuales.
Recordemos que de aquella zona son las Glosas Silenses, también explicaciones hechas por la mano de un monje, sobre el texto de un Códice del Monasterio de Silos, en Burgos, a finales del siglo X.
Sin olvidar que del siglo XI son las “jarchas”, cancioncillas en verso, escritas en castellano mozárabe, que sirven de estribillo a unas composiciones hebreas.
Aunque tuvo que pasar un siglo para que apareciera la primera obra completa escrita en español, ya saben, El Cantar de Mío Cid, poema épico del siglo XII, que exalta en un delicioso castellano la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador.
Son noticias de nuestra lengua que merece la pena recordar.
Luque Maricarmen
miércoles, 1 de julio de 2009
El honor de la palabra/La S,letra silbante y susurrante
La forma de la s, como la de todas las letras, ha despertado curiosidad a lo largo de los siglos. Forma retorcida de culebra cuya voz es el silbo, elemental y poderosa. Pero también ha participado en otros ámbitos bien distintos. En las carreteras estadounidenses encontramos la indicación S curve, para advertir de una curva de doble trazado.
El escritor Gómez de la Serna, en una de sus Greguerías, dice: “La S es el anzuelo del alfabeto”. Y en el lenguaje coloquial, alguien que bebió con exceso se dice que “camina haciendo eses”.
La s fue el emblema del chelín británico y lo es del sucre ecuatoriano, del dólar y del peso mexicano.
Y de la particularidad de su sonido, los interesados por el estudio de las voces naturales admiten que las eses representan ruidos respiratorios, y les cuadra muy bien a los sonidos continuos pero cadenciosos.
Y si hacemos recuento de palabras cargadas de eses, que describen acciones similares, se leen en los diccionarios: bisbisear, musitar entre dientes; susurrar, hablar quedo produciendo un murmullo; sisear, emitir el sonido inarticulado de las eses (sssss) para manifestar desagrado .
El problema ortográfico de nuestra ese inicial seguida de consonante, tan frecuente hoy en los numerosos extranjerismos presentes en nuestro idioma, (snob, stress, standard, stereo) se han resuelto anteponiendo a esa ese la letra e: esnob, estrés, estándar, estéreo.
Nuestra ese actual es una y diversa. La letra es la misma para todos los hispanohablantes, pero en su pronunciación hay notables diferencias.
En el español escrito hay acuerdo unánime en respetar y practicar la modalidad escrita culta, que sí distingue gráficamente pozo de poso o ciervo de siervo. Porque es la norma escrita la que unifica. Y la lengua hablada la que diversifica.
El español es uno y diverso. Unidad, no uniformidad.
Luque Maricarmen
El tema de la corbata
Pero antes de seguir adelante, para no confundirles, aclaro que lo que se ha puesto de moda es el tema de la corbata. Y los ciudadanos asistimos atónitos a la “guerra de la corbata”, en la que unos políticos desaconsejan a los funcionarios su uso en verano, aun en los actos solemnes, para combatir el calor y economizar energía, y otros, se las envían de regalo para que la clase y distinción no desaparezca de los foros políticos.
Y es que la corbata, según nos cuenta el magnífico periodista Raúl del Pozo, parece un tema recurrente a lo largo de la historia.
En cierta ocasión, Mussolini se pavoneaba luciendo una horrible corbata, hasta que el escritor Curzio Malaparte se detuvo frente a él, y a la pregunta del Duce: “Qué mira?”, respondió: “Estoy viendo que lleva una corbata horrorosa”. Hace unos años, en la Cumbre Iberoamericana, en Chile, fue el entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar, quien mirando fijamente a Fidel Castro, le espetó: “¿Por qué te has puesto una corbata tan fea?” Ante la excusa de Castro, Aznar le ofreció una suya.
No deja de sorprender la capacidad del político de minimizar cuando la magnitud de las cuestiones que les ocupan a tantos nos desborda.
Pero a mí me ocupa otro tema, ¿cómo esa tira de seda o de otra tela que se anuda alrededor del cuello, dejando caer los extremos, llegó a nosotros con el nombre de corbata?
A partir del francés cravate. En el siglo XVII, durante la Guerra de los Treinta Años, en el ejército francés luchaba un cuerpo de croatas contratados por el Gobierno de Francia, a los que se nombraba con el gentilicio, “cravate”. Estos soldados usaban al cuello, como distintivo, una tira de tela, generalmente de seda; el uso de la prenda se puso de moda entre los civiles y se extendió más allá de las fronteras del país, recibiendo el nombre de los primeros usuarios. Como crovatta pasó al italiano y de ahí al español, corbata.
Luque Maricarmen
Barajando… los naipes
La palabra naipe es de etimología discutda, aunquparece de origen portugués; y apareció en nuestra lengua hacia el año 1400. Sin embargo, según el filólogo José María Iribarren, los naipes se inventaron en Francia, en 1331, para divertir al rey Carlos VI.
Por entonces comenzó en España a afición al jeo, como lo prueba el hecho de la prohibición de jugar dinero a los naipes, impuesta por el rey de Castilla, Alfonso VI, en 1332.
Hasta mediados el siglo XV, en que se inventó el grabado sobre madera, los naipes eran pintados a mano, or lo que resultaba my costosos; pero a partir de entonces los alemanes, que consiguieron abaratar su fabricación, esparcieron sus naipes por toda Europa a un precio asequible.
Cada país creó las figuras de los naipes al gusto y uso de la época. Enla baraja española se esampron los cuatro palos, que es como se llaman las cuatro series en que se divide la baraja de naipes; símbolos correspondientes a los cuatro brazos o poderes de aquel pueblo español: las copas (cálices) en representación del Estad eclesiástico. Las espdas,como distintivo de la nobleza militar. Los oros, signo de las monedas usadas en el comercio y los bastos, símbolo de un pueblo eminentemente agricultor.
Las cartas o naipes con esas mismas figuras son las que hoy se siguenbarajando, mejor que barajendo. unque no sólo se barajan los naipes cuando se mezclan unos con otros antes de repartirlos; en sentido figurado también se barajan las distintas posibilidades cuando se consideran antes de decidir algo o tomar una resolución
Luque Maricarmen
miércoles, 13 de mayo de 2009
Pero no furiosos: Débiles y nerviosos
Sabemos que el verbo enervar es “poner nervioso”, no furioso, como muchos creen. Por ejemplo: «me enerva el ruido de esa alarma que no deja de sonar» (me pone nervioso). Este es el significado que todos conocemos.
Sin embargo, el primer sentido del verbo enervar, que pocos hablantes conocen, es “debilitar, quitar las fuerzas”. Por lo que no sería extraño oír frases como: “muchas horas seguidas de sol en la playa me enervan”, es decir, me quitan las fuerzas. Y es enervante lo que causa debilidad, o también, lo que excita los nervios.
¿Sabían que el nombre original de la termita es termes o térmite? Ese insecto, llamado erróneamente hormiga blanca, que se alimenta de la madera que roe constantemente, recibió su nombre del latín termes que es “carcoma” o insecto masticador de la madera. Del latín pasó al francés como “termite” y de ahí a nuestra lengua como termita. Y así está aceptado, aunque bueno es conocer su nombre original, termes, como puede ser nombrado.
Y como el termes, todos los insectos que se alimentan de la madera son xilófagos, ya que el prefijo griego xilo significa “madera”. Por eso la xilografía es el arte de grabar en madera y xilógrafo el grabador. Y los productos que se emplean para proteger la madera se llaman xiloprotectores. Como xilófono, el instrumento musical de percusión formado por láminas de madera, y xilofonista el músico que lo toca.
Y puesto que estamos viendo palabras que comienzan con la letra equis les recuerdo que, en lingüística, los extranjerismos que se usan conservando su grafía original, como chalet, whisky, etcétera, reciben el nombre de xenismos.
La semana que viene, más.
Luque Maricarmen
La tarántula y el atarantado
El vocablo agenda procede del verbo latino agere que es “hacer”; en gerundio, agenda, tiene matiz de obligación, y significa exactamente “lo que se ha de hacer”. Por eso pasó a nombrar ese libro o cuaderno en que se apunta, para no olvidarlo, aquello que se tiene que hacer. Claro que hoy, con los adelantos de la técnica, el librito ha sido sustituido por la agenda electrónica portátil, ese instrumento prodigioso convertido en compañero inseparable e insustituible del ciudadano del siglo XXI.
Todos sabemos que el tabaco es de origen americano. La planta y la costumbre de fumar sus hojas (observadas por Colón en 1492) son oriundas de este continente, pero no la palabra. Las palabras “tabacco” y “atabaca”, procedentes del tabbaq o tubbaq árabe, se emplearon en Italia y en España desde 1410, pero eran nombres de hierbas medicinales que mareaban o adormecían. Pudo suceder que los españoles trasladaran este nombre europeo a la planta americana al ver que con ella se emborrachaban los indígenas antillanos.
¿Sabían que la palabra tarántula llegó al español en 1495, del italiano tarantola, procedente del nombre de la ciudad de Tarento, por abundar esta especie de araña en sus alrededores? De la misma raíz se derivó el verbo italiano attarantare cuyo significado era “morder la tarántula causando daños nerviosos”. Y de ahí surge nuestro verbo atarantar, que es aturdir, y el adjetivo atarantado, que es “picado de la tarántula”; aunque en el lenguaje coloquial el atarantado es el inquieto, el aturdido, e incluso el de poco juicio.
Y termino con dos palabras poco frecuentes, pero interesantes: talasocracia, que es el dominio sobre los mares, o el sistema político cuyo poder reside en el mar; y talasoterapia, el uso terapéutico de los baños o del aire del mar. Ambas tienen su origen en el vocablo griego thalass: mar.
Luque Maricarmen
miércoles, 29 de abril de 2009
Datos lingüísticos curiosos
Hoy les paso, amigos, datos curiosos sobre algunas palabras nuestras, sobre su origen y recorrido hasta aquí.
Una de ellas es fideo. Aparece en el dialecto mozárabe, esa lengua que hablaban cristianos y árabes en la España islámica. De fidaws pasó como “fideo” al castellano, al portugués y al catalán. Parece formada del antiguo verbo “fidear”: crecer, por su propiedad de aumentar de tamaño al cocerlos.
La palabra pasó al español en 1382, cuando los fideos se importaban de lo que se llamó “Berbería”, la zona de los países del noroeste de Africa, Marruecos, Argelia y Túnez, conocida hoy como el Magreb.
La definición académica de fideo es tan simple como “pasta alimenticia de harina en forma de cuerda delgada”, por lo que, en lenguaje coloquial, cuando alguien está muy delgado se dice que está “como un fideo”.
Muchos saben que la fucsia es una planta procedente de América meridional, cuyas flores de color rojo oscuro son hermosas y sirven de adorno. Su nombre se debe al famoso botánico alemán del siglo XVI, Leonhard Fuchs, en cuya memoria le puso el nombre el viajero francés, Plumier, cuando la descubrió, en 1899.
Muchos de ustedes, seguramente han montado alguna vez en funicular, vehículo cuya tracción se hace por medio de una cuerda, cable o cadena. La palabra, derivada del funículus latino, diminutivo de funis: cuerda, está presente en español desde el siglo XVIII.
De un siglo antes viene el término funámbulo, derivado de funis y ambulare: andar. Funámbulo es el acróbata que hace ejercicios sobre una cuerda floja o un alambre. Y como andar por la cuerda floja es algo inseguro y peligroso, para hacerlo se requiere de una destreza especial. Por eso, en sentido figurado, se llama funámbulo al que actúa y se desenvuelve con habilidad en la vida social y política, o sea, que domina el arte de “andar por la cuerda floja”, como un acróbata.
Porque, amigos, moverse en esos ámbitos, con frecuencia suele convertirse en un auténtico ejercicio de acrobacia. ¿O no?
Luque Maricarmen
miércoles, 15 de abril de 2009
Sobran palabras y reflexiones: Profundo dolor
Tsunami es hoy la palabra maldita. La palabra, de origen japonés, es “una ola gigantesca causada por un maremoto”. Como el que se ha llevado por delante ciudades, pueblos, aldeas y hasta islas enteras. Y miles de vidas humanas.
A lo largo de la historia se ha producido este fenómeno natural en varias ocasiones, siempre con efectos devastadores.
En 1876, una ola de 15 metros de altura se estrelló contra la costa de la bahía de Bengala alcanzando 365 kilómetros cuadrados tierra adentro y ocasionando la muerte a unas 25 mil personas.
Otro tsunami se produjo en 1883 en Indonesia, alrededor de la isla de Krakatoa, de unos 30 metros, que se pudo percibir en todos los mares del mundo.
El 1 de abril de 1946, los grandes fondos marinos del Pacífico norte, frente a Alaska, se vieron sacudidos por un maremoto que originó otro tsunami tan fuerte que, cuatro horas más tarde, la ola había cruzado 3 mil 600 kilómetros de océano a la increíble velocidad de 900 kilómetros por hora.
Aunque dicen que el mayor tsunami de los registrados en épocas históricas alcanzó los 85 metros de altura, chocando contra la isla Ishigaki, en Japón, en el año 1771, desprendiendo un enorme bloque de coral de 750 toneladas que salió proyectado hasta caer a dos kilómetros y medio de distancia.
Pero, más antiguo y mayor fue el que se supone que se produjo hace unos mil años. Un descomunal tsunami de 300 metros de altura que chocó contra las costas de Hawai.
Sin embargo, los expertos consideran que el del día 26 de diciembre de 2004 ha sido el más mortífero de la historia.
Triste récord el que se apuntó este año antes de abandonarnos.
Luque Maricarmen
martes, 31 de marzo de 2009
El campechano, monosabio y zascandil
De la jerga taurina nos llega el vocablo monosabio; seguramente alguna vez se han preguntado el porqué de ese extraño nombre para designar al mozo que ayuda al picador en la plaza de toros.
Parece ser que por el año 1847, llegó a la ciudad de Madrid un extranjero con una cuadrilla de monos amaestrados. Y eran tales habilidades las que los changos realizaban, que el público empezó a llamarlos monos sabios. Y como poco tiempo después los mozos de los cosos taurinos fueron uniformados de azul y rojo con trajes casi iguales a los que los monos lucían en sus exhibiciones, la gente, siempre presta a la broma, les puso el mismo nombre que a los hábiles changuitos. Y como monos sabios quedaron, aunque el vocablo hoy se dice y escribe en una sola palabra.
En distintos lugares de habla española se califica de campechano al que es llano, cordial y afable sin establecer distancia en el trato con los demás, aunque su posición sea encumbrada.
El adjetivo es de origen mexicano por la fama de cordiales que tienen los naturales de Campeche, tierra de vida placentera según la creencia popular. Y como Campeche procede de la palabra maya “Ah-Kin-Pech”, cuyo significado es “que viene del sol”, resulta que la campechanía, esa cualidad de alegre llaneza, es de origen divino.
El término zascandil se aplica al hombre despreciable, ligero y enredador. El zascandil es además bullicioso y entrometido, y ofrece cosas que no puede cumplir. Pero, lo más curioso de la palabra es su pintoresco origen. Parece que en los bailes y reuniones de gente grosera y pendenciera, el más atrevido derribaba de un golpe, ¡zas! el candil, y así, protegido por la oscuridad, cometía toda clase de excesos.
La historia resulta un poco chistosa, pero como me la contaron se la cuento.
Luque Maricarmen
miércoles, 25 de marzo de 2009
El surgimiento de la filatelia
Cuentan que en 1835, un miembro del Parlamento británico, Rowland Hill, fue sorprendido en un viaje por una fuerte tormenta y tuvo que guarecerse en una posada, donde fue testigo de un hecho curioso: Un empleado del servicio de Postas entregó una carta a una criada quien, después de revisar el sobre, se la devolvió al funcionario alegando que no tenía dinero para pagar la tarifa de envío, dado que en aquel tiempo ésta debía ser pagada por quien recibía la carta, no por el que la enviaba.
El político británico que presenciaba la escena, por ayudar a la criada, se brindó a abonar el importe, pero ella le contestó que no merecía la pena, ya que el sobre estaba vacío. Y le explicó al caballero que, como no sabía leer, su novio, de quien era la misiva, le enviaba solamente el sobre, dibujando en él unas señales, acordadas de antemano, que le informaban sobre su estado de salud, su trabajo y la fecha de regreso a su pueblo.
Por este procedimiento, estaba claro que cualquier destinatario de una carta podía recibir el correo, enterándose de su contenido mediante un código previamente establecido, sin desembolsar ni un penique por el servicio.
Esta fue la razón por la que Mr. Hill propuso en la Cámara de los Comunes la reforma del correo y, a partir de 1840, cada carta debía ser franqueada por el remitente mediante un timbre o sello de Correos engomado que se aplicaba al sobre.
El primer sello que se imprimió llevaba la efigie de la reina Victoria, y con él surgió el primer filatélico o filatelista; fue un miembro del servicio de conservación del Museo Británico quien desde el periódico Times solicitó el intercambio de sellos, naciendo así la filatelia, que hoy cuenta con miles de aficionados en el mundo entero.
¿Curioso, no? Otro día, más...
Luque Maricarmen
No amilanarse
Se dice que las gallinas se “amilanan” cuando se acobardan ante la presencia del milano. Pero el hombre también se amilana ante alguien o algo cuando se acobarda. Y considerando el aspecto transitivo del verbo amilanar, alguien amilana a otro cuando lo acobarda o atemoriza.
Otra cuestión es la de los afijos, letras que se fijan a las palabras y modifican el significado de éstas. Si el afijo va antepuesto a la palabra, se llama prefijo: desconfiar, prejuzgar. Si va pospuesto, se llama sufijo: casucha, perrazo. A veces el sufijo es un pronombre que se afija al verbo y forma con él una sola palabra: morirse.
En español, el sufijo “ble”, de origen latino, acompaña a adjetivos casi siempre verbales para expresar la cualidad de poseer lo que está indicando el verbo a que corresponde ese adjetivo. Amable, envidiable, respetable, soportable o deseable corresponden a los verbos amar, envidiar, respetar, soportar y desear, y son aplicados a los que tienen la cualidad de ser amados, envidiados, respetados, soportados y deseados.
Si llevan el prefijo privativo “in” significa que carecen de aquello que expresa el verbo. Indeseable, incorregible, insoportable e indestructible corresponden a los verbos desear, corregir, soportar y destruir, y se aplican a los que no pueden ser deseados, corregidos, soportados ni destruidos.
Pero no caigamos en la tentación de pensar que todas las palabras que empiezan por “in” tienen un sentido de carencia o privación, porque cometeríamos el dislate (disparate) de afirmar que inflamable es lo que no puede encenderse y desprender llamas, cuando, en realidad es lo contrario, ya que el verbo inflamar significa eso: encenderse y desprender llamas, por lo que inflamable es lo que se inflama.
Y es que en este caso, “in” forma parte de la raíz de la palabra, como en el caso de “infierno”, “inteligente, “indio”, “influencia” y muchas más.
La semana que viene intentaré estar de nuevo con ustedes. Saludos.
Luque Maricarmen
¡Eureka!: es haya, no haiga
Una vez más volvemos sobre el origen o la historia que llevan detrás esas expresiones o palabras de uso frecuente en nuestra lengua. Y como suelen ser curiosas, se las paso a mis amigos lectores.
Eureka es esa exclamación de júbilo que se emplea cuando se encuentra la solución de un asunto o problema buscado con afán. Y tiene su origen en el vocablo griego "eureka", que significa "he hallado", por lo que equivale al tan usado "lo encontré".
Se supone que el primero que empleó el ¡eureka! con ese matiz de entusiasmo fue Arquímedes, pues cuenta la leyenda, que el rey le encomendó que averiguase cuánto oro había en una corona, sin fundirla ni estropearla. Acongojado el sabio ante la responsabilidad de la respuesta, encontró la solución de una forma casual, como suele suceder con las cuestiones más difíciles.
Mientras disfrutaba de un baño, dio con la respuesta exacta, describiendo el principio de la hidrostática, que recibió con un formidable ¡EUREKA! El principio de Arquímedes pasó a la ciencia, y la expresión jubilosa ¡eureka! a muchas lenguas conocidas.
Esta que voy a contarles no tiene un origen tan noble. Es una palabra que no debía escapársele a nadie medianamente culto, pero que surge de repente y sin ninguna razón que lo justifique. Se trata de la palabra haiga, ese presente de subjuntivo del verbo haber que en buena ley todos, desde la escuela, hemos conjugado como haya, pero que, de vez en cuando, se disfraza de plebeyo y se convierte en "haiga".
Pues este espurio "haiga", no con este uso sino con otro de origen burlesco, se llego a popularizar en el habla de España; verán cómo:
Dicen que a poco de terminar la Guerra Civil Española, hacia los años 40 del siglo ya pasado, comenzaron a circular por las carreteras españolas caros y despampanantes modelos de automóvil extranjeros, y la gente comenzó a llamarlos "haigas", porque los propietarios eran indianos, españoles que volvían ricos de América, los cuales, al llegar a su patria, cuando se iban a comprar un automóvil, no preguntaban ni por el precio ni por la marca, simplemente decían: "Yo quiero el mejor que haiga". Y de esa metedura de pata gramatical, nació el apelativo burlón de "haiga" para nombrar aquellos automóviles deslumbrantes y de gran lujo.
La anécdota tiene su gracia, pero la palabra… mejor es olvidarla.
Luque Maricarmen