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viernes, 14 de febrero de 2014

Los Refranes

No me canso de comprobar la sabiduría popular que encierran los refranes, sabiduría no aprendida en libro alguno sino extraída de la vida misma. Decía en Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha a su incondicional escudero “paréceme Sancho que no hay refrán que no sea verdadero porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia madre de las ciencias todas”
Y es una lástima que no recurramos a ellos con más frecuencia en nuestro lenguaje diario, porque la verdad es que los hay una para cada una de las situaciones que vivimos. Sensato es el refrán propio de las tierras frías “calor de paño, jamás hizo daño”, supone una alabanza a la prenda de abrigo confecciona en paño tela de lana muy tupida que, aunque no fina, está indicada contra las mordeduras del frío.
Cuentan del poeta español Campoamor que allá por los años de su ancianidad a finales del siglo XIX tomó por costumbre usar, casi constantemente, un grueso paletó. El paletó que no el paleto que es la persona rústica y sacia, pues como les digo el paletó que el poeta no se quitaba de encima era un gabán de paño, grueso, largo y entallado. Y cómo alguien le preguntase porque se arropaba de tal manera, el socarrón asturiano contestó “porque quiero comprobar cuánto dura un poeta bien abrigado”. Y fíjense que no empleo mal método porque sin conocer los antibióticos el poeta llegó a cumplir 85 años de vida.
Otro refrán: “donde las dan, las toman” expresa que al que hace daño u ofende le acaban pagando con la misma moneda. En decir que el ofensor no tardará en ser ofendido. Y viene como anillo al dedo, o sea oportunamente, a la anécdota que les comento: todos sabemos que Bretaña es una región francesa y los naturales de ese lugar se llaman bretones. Pues cuentan que el escritor español apellidado Bretón de los Herreros, secretario que fue de la Real Academia de la Lengua allá por el siglo XIX, tenía un vecino bromista médico de profesión de apellido Mata. Un día el doctor Mata en plan de burla colgó un cartel en la puerta del escritor con la inscripción “en esta habitación no vive ningún bretón” y fíjense como donde las dan las toman al día siguiente en la puerta del galeno colgaba otro cartel que decía: “vive en esta vecindad cierto médico poeta, que al fin de cada receta pone Mata y es verdad”. Es un ejemplo práctico del refrán que les comento.

Bueno antes de irme quiero responder a una pregunta formulada por un radioescucha. ¿Cuándo a consecuencia de un golpe o por otra razón sale en la piel una mancha amoratada negruzca o amarillenta cómo se llama: moratón o moretón? De cualquiera de las dos formas, el moratón, moretón o cardenal, responden a la misma definición.

Maricarmen Luque

miércoles, 1 de julio de 2009

El idioma, el escritor y el libro en el mundo actual

Recordaba yo un encuentro en La Casa de América de Madrid, que tuvo lugar en los albores de este siglo por el que caminamos ya hace años...
Fue un ciclo de conferencias en el que dos escritores, uno portugués y otro español, reflexionaban sobre las letras, la palabra y el escritor en el mundo actual; y ambos coincidían en que la palabra y la reflexión están en crisis. En que la aceleración que nos invade y en la que estamos inmersos, plantea un futuro impredecible.
Se preguntaban los conferenciantes o conferencistas (los dos términos son válidos) si el idioma, el escritor y el libro serán tres víctimas del nuevo milenio, considerando el imperio de la imagen, el sonido y la propaganda.
Unas frases iluminadas me devolvieron la esperanza: “Mientras haya algo que relatar, habrá libros. Y el libro nunca será sustituido por la pantalla, porque ésta no permite tocar, acariciar ni percibir su olor como las páginas de un libro. Sobre un disco duro no se puede llorar como se llora sobre un libro”.
Recordaban los escritores la necesidad de reforzar el humanismo en nuestro mundo actual, un mundo que cada vez rebaja más la exigencias humanísticas en favor de los requerimientos científicos y tecnológicos.
Humanismo es el conocimiento y el cultivo de las letras humanas, de las humanidades. Y la formación humanística es parte importante en la formación integral del individuo.
Y son las lenguas un poderoso elemento de comunicación que transmite un enorme complejo de valores culturales. Por eso hay que conocerlas y cuidarlas.
Produce tristeza constatar el destrozo que se hace de la propia lengua en los mensajes que se envían a través de los teléfonos celulares, sacrificando la corrección y la estética del idioma a las exigencias de la prisa y el pragmatismo que nos dominan.
No es suficiente hacerse entender; eso es muy fácil; los animales lo consiguen sin ninguna preparación. La lengua es mucho más importante. Es un instrumento para crear belleza, de valor incalculable. En nuestras manos está su destino.

Luque Maricarmen

miércoles, 13 de mayo de 2009

Los “dichos” en la historia

Hay un dicho que muchas veces utilizamos, aplicándolo a la persona que triunfa en todo lo que emprende: “es como Midas; lo que toca lo convierte en oro”.
¿Conocen la historia?
Cuenta la leyenda, que allá por el año 700 a.C., el rey frigio Midas se había consagrado a propagar el culto del dios Baco, el cual, como premio, le concedió el poder de transformar en oro todo lo que tocaba.
Enseguida, Midas se dio cuenta de que el don concedido tenía enormes inconvenientes, ya que no podía comer, por transformarse también en oro sus alimentos.
Pidió al dios que le retirara ese don especial, y él accedió, ordenándole que se bañase en el río Pactolo, que desde entonces arrastró oro en sus arenas.
Pero sigue la leyenda narrando que siendo Midas nombrado juez en un concurso musical entre los dioses Apolo y Pan, falló a favor de este último, por lo que Apolo, enojado contra él, hizo que sus orejas creciesen como las de un asno.
Midas, avergonzado, ocultaba sus orejas cubriéndose la cabeza con un gorro frigio, por lo que solo su barbero conocía el secreto. Sin embargo, ocurrió que el barbero, chismosillo como buen barbero, harto de guardar el secreto y no pudiendo divulgarlo por temor a incurrir en la cólera real, cavó un hoyo en la arena y dentro de él susurró: “el rey Midas tiene orejas de asno”. Y cubrió de nuevo el hoyo.
Pero crecieron allí unas cañas que, al ser agitadas por el viento, expandieron el murmullo por el aire; por lo que Midas, avergonzado de que todos conocieran su defecto, se quitó la vida bebiendo sangre de toro.
Triste final para quien consiguió poseer tan especial don.
Cuando alguien está bajo la amenaza de un peligro constante se dice que tiene sobre él “la espada de Damocles”. Porque, según la leyenda, Damocles, cortesano del rey de Siracusa, Dionisio el Viejo, hacia el año 400 a.C., sentía una profunda envidia de la fortuna y posición del soberano. Enterado el rey, le cedió su puesto por un día para que juzgara por sí mismo; pero cuando más feliz estaba, al levantar la vista, vio una espada suspendida por una crin de caballo, colgando sobre su cabeza, lo que le indicó la constante inquietud en que vivía el rey, y su ilusoria felicidad.

Luque Maricarmen

Palabras y expresiones con historia

Hoy me he encontrado con una palabra de empleo no frecuente, pero cuyo uso permanece en nuestro lenguaje. Es varapalo.
Varapalo, formada por dos vocablos, como bien se ve, en su primer sentido es un “palo largo a modo de vara”. O el “golpe dado con un palo o una vara”. Aunque en el lenguaje coloquial, y en sentido figurado, un varapalo es el “daño o quebranto que alguien recibe en sus intereses materiales o en el aspecto moral”. Por ejemplo, de un candidato que no logró, ni por asomo, el número de votos que esperaba, puede decirse: “le dieron tal varapalo en las elecciones, que peligra su futuro político”.
Pero más rara y curiosa es la expresión “de consuno”. Tiene una larga historia.
Desde hace muchos siglos, existía en castellano la expresión “con so uno” que significaba “juntamente”. Esta locución dio lugar al verbo asonar, que entonces significaba “juntar en asonada, derivando en el significado que hoy tiene de “juntar o reunir”. La palabra, asonada, ya existía en el siglo XIII con el significado actual de “reunión tumultuaria y violenta para conseguir algún fin, generalmente político”. Son asonadas, por tanto, los disturbios, motines o revueltas de tipo político.
Pero la expresión de con so uno, además de “parir” las dos palabras mencionadas, no desapareció, sino que fue evolucionando hasta aparecer en 1438 en la forma “de consuno”, forma que perduró hasta hoy en nuestro idioma con el sentido de “juntamente, en unión o de común acuerdo”. Por eso hoy me encontré la frase que ha motivado estas líneas: “Es necesario que esas medidas políticas sean adoptadas de consuno por todos los partidos”.
Pues si la expresión hizo un recorrido tan largo por los caminos de la lengua, hasta llegar a nosotros, justo es que hoy echemos mano de ella, aunque sea de vez en cuando.
¿Qué tal si lo hacemos “de consuno”?

Luque Maricarmen

sábado, 2 de mayo de 2009

Los refranes con significación

Me gustan esas frases o refranes que, cargados de significación, pasan a través de generaciones y enriquecen el lenguaje añadiéndole expresividad.
Dar gato por liebre se usa desde antiguo con el sentido de “engañar en la calidad de una cosa por medio de otra inferior, que se le parece”.
Y de atrás viene el refrán, porque parece ser que el gato no fue considerado animal doméstico en Europa hasta bien entrada la Edad Media, cuando unos mercaderes orientales lo introdujeron en Venecia como remedio contra una plaga de ratas que infestaba la ciudad. Pero hasta entonces, el gato era considerado animal salvaje y un apetecible manjar, por lo que para tal fin era cazado, aunque, en la mesa, la liebre siempre fue preferida.
Y sucedió entonces, que un famoso cocinero llamado Ruperto de Nola, virtuoso como pocos en el arte culinario, a menudo engañaba a sus comensales haciendo pasar por liebre lo que en realidad era gato salvaje. Les daba gato por liebre. De ahí el sentido de engaño que encierra el refrán.
Y ya que hoy va de animales, leí hace tiempo que la paloma migratoria o viajera, esa especie que no hace mucho surcaba los vientos en inmensas bandadas, desapareció definitivamente el 1 de septiembre de 1914.
Unos años antes, a finales del siglo XIX, se habló de una bandada de palomas viajeras volando en una columna de unos 460 metros de anchura que tardó tres horas en pasar por encima de los que la observaban, y que según cálculos estaba formada por, aproximadamente, un billón de aves. Sin embargo, la desaparición de bosques y la caza masiva acabaron con estos animales en un tiempo relativamente corto.
Y no es de extrañar, pues en 1869 se llevó a cabo en Estados Unidos una cacería en la que se llegaron a capturar más de siete millones y medio de palomas migratorias. El último ejemplar de esta ave murió en 1914 en el zoológico estadounidense de Cincinnati.

Luque Maricarmen

miércoles, 29 de abril de 2009

La fuerza de algunas expresiones

Les comento hoy, amigos, la fuerza que tiene el uso de algunas palabras o expresiones que se ponen de moda y que, en cuanto llevan un tiempo pasando de boca en boca, desplazan a todas las que pueden utilizarse con el mismo sentido y se convierten en dueñas exclusivas de su territorio lingüístico. Y sucede, como siempre, en aras de lo útil, de lo práctico, de la rapidez.

Por eso, si llamas a la empresa preguntando por alguien de cierta relevancia, que está ausente, su secretaria te contestará con la frase, ya estereotipada, que “está reunido”. Con esas dos palabras debes entender que no puede o no quiere contestar. Difícilmente te va a decir que está ocupado, o que no está en ese momento, o que está con un cliente, o incluso, que está en una reunión. No. “Está reunido” se ha convertido en la frase cliché, breve y contundente. El frenazo en seco está servido y sobra toda explicación.

Y hablando de frases hechas, seguramente muchos de ustedes, yo también, usan el verbo dignarse en la locución “dignarse a”: “no se dignó a dirigirme la palabra”, “no te dignaste a mirarme”, etc. Y así lo hicieron y siguen haciéndolo hablantes y escritores de ambos lados del Atlántico.

Sin embargo, apoyándonos en los estudios que sobre este uso hizo el insigne lingüista Lázaro Carreter, anterior director de la Real Academia, buscando la trayectoria de la frase a lo largo de los siglos, resulta que “dignarse a” es considerado semiculto, mientras que “dignarse”, sin “a”, es considerado más culto, y empleado por escritores de aquí y de allá de la talla de Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Semprún, etc. “No se dignó dirigirme la palabra” o “se dignó bajar del palco para saludarme”.

Escrito está. Parece que “se dignó” mejor que “se dignó a”. Desde ahora, decirlo de una forma u otra no es cuestión de conocimientos, sino de elección.

Espero que se dignen leerme la próxima semana. Hasta entonces… ¡felices días!

Luque Maricarmen

miércoles, 22 de abril de 2009

Así toquemos madera

En ocasiones, leyendo textos jurídicos e incluso periodísticos, es fácil encontrarse con la palabra sic, cuyo significado puede no conocerse. “Sic” es un adverbio de modo latino que significa “así”, “de este modo”. Se usa, generalmente entre paréntesis, para indicar que lo escrito es textual, es decir, que reproduce fielmente o al pie de la letra el texto, la frase o la palabra a que alude.
Y una vez aclarada esta duda que alguien me planteó, les traigo un par de esos dichos o refranes, que enriquecen y añaden expresividad a nuestro lenguaje.
La frase “no todo monte es orégano” es usada para expresar el temor de que algún negocio o empresa tenga mal resultado, ya que aunque, a primera vista, algo puede parecer fácil o placentero, no siempre lo es en realidad.
La expresión alude a la bondad del orégano, cuya etimología griega significa “planta que alegra el monte”. Desde mucho tiempo atrás, se dice que su semilla machacada ayuda a concebir a la mujer, que funciona como antídoto contra el veneno de tarántulas y alacranes y que, tomado en infusión, esto es, el líquido resultante de sumergirlo en agua hirviendo, alivia las agruras o acidez del estómago.
Tantas propiedades tiene que, antaño, es decir, en tiempo pasado, era considerado como una panacea.
“Tocar madera” es un dicho que se emplea para alejar algo malo que se considera posible. Con el gesto de “toco madera” se alude a una costumbre propia de la religión de los persas, que desde mil años antes de Cristo ha pervivido a través de los siglos, y que estaba basada en la creencia de que el genio del fuego y la vida, al que se invocaba cada vez que se emprendía algo importante, vivía en las vetas de la madera.
Así pues, toquemos madera, amigos, y que la semana transcurra felizmente para todos.

Luque Maricarmen

lunes, 20 de abril de 2009

Palabras y frases de todos los días

Hoy les traigo, amigos, palabras y frases hechas que a menudo utilizamos para darle más expresividad a nuestro lenguaje cotidiano, y lo hago para que, juntos, encontremos la razón de su uso o el origen de su existencia.
Se tilda (tildar: señalar a alguien con alguna nota ofensiva) de cafre al que es bárbaro o cruel, al zafio o enormemente tosco.
Etimológicamente la palabra procede del árabe “kafir”, infiel o pagano.
Históricamente, los geógrafos de los siglos XVII y XVIII llamaban Cafrería a una zona de
Sudáfrica, antigua colonia inglesa, cuyos habitantes, los cafres, eran temidos por su fiereza.Andando el tiempo, el término pasó al español con la connotación que ya conocemos.
La expresión “moco de pavo” se emplea en el lenguaje habitual para aplicarse a algo de poca importancia o valor, seguramente siguiendo el sentido de la inutilidad de ese apéndice carnoso y eréctil que el pavo tiene sobre el pico.
Por el contrario, algo “no es moco de pavo” cuando sí posee valor o importancia. Por ejemplo: “Caramba, eso que me pides no es moco de pavo; cuesta carísimo”.
“Desternillarse de risa” se dice del que se ríe descontroladamente, de forma exagerada. Y es desternillante lo enormemente cómico o chistoso. Veamos por qué.
Desternillarse es romperse las ternillas, y ternilla es el cartílago elástico y blanquecino que todos tenemos en la nariz. De ahí la expresión y el adjetivo.
Naturalmente resulta exagerada esta expresión, pues a nadie conozco, afortunadamente, que se le haya roto la ternilla de la nariz por reírse, aunque lo haya hecho “a mandíbula batiente”, es decir, a carcajada tendida.
Lo que sí oigo con frecuencia es “destornillarse” en lugar de desternillarse, y no es lo mismo. Destornillarse es desconcertarse obrando o hablando sin juicio ni seso, o sea, sin cordura. Vamos, lo que coloquialmente es “perder un tornillo”.
La semana que viene, más. Hasta entonces, ríanse, amigos, ríanse todo lo que puedan. Es sanísimo.

Luque Maricarmen

sábado, 18 de abril de 2009

Unos minutos de su atención

En pocos minutos, amigos, revisemos juntos algunas palabras o expresiones de uso frecuente que contienen algún error de sentido o gramatical.
Podía haber empezado estas líneas con una de ellas: “En breves minutos, amigos,…” Es ésta una fórmula muy empleada, pero poco pensada. Los minutos no pueden ser breves o largos.
Tienen siempre la misma duración: 60 segundos, aunque a veces se nos hagan eternos. Cada vez se oye con más frecuencia el uso indebido de las locuciones adverbiales, “delante mío”, “detrás tuyo”, “enfrente suyo”, etcétera, las cuales reflejan un importante desconocimiento gramatical. Los adverbios: delante, detrás, enfrente, o cualquier otro, no pueden pertenecer a nadie, establecen simples relaciones de lugar, por lo que no se les puede aplicar un posesivo. En los casos mencionados, se utilizan los pronombres personales, que son los que sirven para referirse a las personas. Así: delante de mí, detrás de ti, enfrente de él.
Una palabra que en muchas ocasiones se pronuncia mal es cónyuge. Por alguna razón inexplicable se suaviza la última sílaba, dándole el sonido que le correspondería si llevara una u entre la g y la e (cónyugue), pero no la lleva y, por lo tanto, suena fuerte, como jota.
Hay dos adjetivos, extravertido (o extrovertido, menos habitual pero también aceptado), e introvertido, de uso frecuente, formados con los prefijos latinos “extra”, fuera, e “intro”, dentro. Extravertido es el que se interesa por lo que está fuera de sí mismo, el que sale de sí mismo por medio de los sentidos; lo contrario a introvertido, el que se interesa por lo que está dentro de sí, el que penetra en sí mismo abstrayéndose de los sentidos.
Es fácil suponer que, aun siendo necesaria la introversión para conocerse uno mismo, también es aconsejable la extraversión para mejor relacionarse con los demás.

Luque Maricarmen

miércoles, 15 de abril de 2009

El honor de la palabra: Quintaesencia de rizar el rizo

Se dice que alguien “riza el rizo” cuando lleva algo hasta el último extremo del rebuscamiento y la exigencia; “ya conseguiste lo que querías; pedir más sería rizar el rizo”.
La expresión viene de una de las piruetas más complicadas y difíciles que los aviadores de exhibición suelen hacer en sus demostraciones, dando una vuelta de campana con el avión en el aire y describiendo un dibujo como un bucle o rizo.
“Rizar el rizo” es la traducción literal de la expresión inglesa “to loop the loop”, que entre los angloparlantes tiene el mismo sentido.
Para expresar lo más puro, fino y acendrado de algo se usa la palabra quintaesencia, o en dos palabras, quinta esencia. La quintaesencia de algo es el “no va más” de ese algo, lo mejor. “Es la quintaesencia de la finura y la elegancia”, se dice de quien posee esas dos cualidades en el más alto grado. O “ese poema es la quintaesencia del lirismo y la emoción”, se afirma de esos versos cuya belleza te emocionó casi hasta las lágrimas.
El concepto viene de muy atrás.
La quintaesencia era el 5º elemento que consideraba la filosofía antigua en la composición del universo, una especie de éter sutil y purísimo del cual estaban formados los cuerpos celestes.
Pensaban los filósofos antiguos que además de los cuatro elementos tradicionales que componían el universo, existía un 5º, el éter sutil, la quintaesencia, que completaba la lista de los elementos básicos en la concepción del mundo. La quintaesencia se identificó con el llamado éter, que poéticamente es “una esfera aparente que rodea la Tierra”.
En física, se define el éter como un fluido sutil e invisible que llena todo el espacio.
En el año 1110 algunos alquimistas creyeron haber encontrado la quinta esencia cuando surgió de sus alambiques un agua que ardía, era fría al tacto y, al beberla, calentaba la garganta. Pero lo que acababan de descubrir era el alcohol.
Quintaesencia, una palabra que expresa algo inalcanzable, excelso, por encima de lo definible.

Luque Maricarmen

Frases históricas y literarias

Un recurso que podemos utilizar en el lenguaje es el de recurrir a frases históricas o literarias con el fin de reforzar el sentido de lo que decimos, o para dar más expresividad a nuestra conversación. De paso, estas frases evidencian la cultura histórica y literaria del hablante.
Como todo en la vida, debe emplearse con discreción.
De don Juan Tenorio tenemos: “¡Cuán gritan esos malditos…!”, que se utiliza cuando el griterío colectivo impide entenderse individualmente. También “¡doña Inés del alma mía!”, la usa un hombre cuando quiere manifestar a su enamorada su más alta expresión de amor.
De Rubén Darío: “La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?”, lo dice un hombre cuando ve a una mujer triste y melancólica. Y muy usada ante las primeras canas propias o ajenas es “juventud, divino tesoro que te vas para no volver…”
Sin embargo, sucede, a veces, que estas citas, ya popularmente aceptadas, no se ajustan literalmente a lo que se dijo o escribió, pues la gente frecuentemente las desvirtúa, retocándolas para mejor ajustarlas a la realidad que le interesa.
Tal es el caso de la frase: “Con la Iglesia hemos topado”, utilizada simbólicamente para indicar una situación en la que no se puede seguir avanzando, por oponerse alguien o algo poderoso y reaccionario.
La frase se atribuye a Cervantes, en su obra El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, el cual, en una situación determinada, dice a su escudero: “con la Iglesia hemos dado, Sancho”, y no “con la Iglesia hemos topado”, porque no es lo mismo dar que topar. “Hemos dado” tiene sentido de encuentro, y “hemos topado” lo tiene de encontronazo.Pero el pueblo exageró la frase cervantina sustituyendo el dado por el topado, para expresar con más claridad la referencia a la Iglesia del siglo XVI, tradicional e inmovilista, contra la que se estrellaban las iniciativas de libertad.
Como ven, amigos, el pueblo siempre atento a expresar en su lenguaje, muchas veces referencial, situaciones y realidades que vive.
Y como las fechas que vamos a vivir en estos días son las más entrañables del año, yo, desde aquí, les envío a todos mis sinceros deseos de felicidad.

Luque Maricarmen

martes, 31 de marzo de 2009

El origen de las frases

Escarbar en el origen de las frases que usamos en el hablar diario es tarea interesante a la que muchos estudiosos se dedican. Hoy les traigo algunas de esas frases con la historia que llevan detrás.
El que defiende la venganza, causando al ofensor el mismo daño que él infligió al ofendido, está aplicando la“ley del talión”, formulada en la frase de “ojo por ojo y diente por diente”, de inspiración hebraica. La tradición del talión, que aparece en el antiguo derecho griego, en el romano y en el de los pueblos bárbaros, fue combatida durante la Edad Media por la Iglesia.
Muchos siglos después, en el XX, un pacifista, Mahatma Gandhi, refiriéndose a la frase del “ojo por ojo”, diría casi proféticamente: “ojo por ojo y el mundo quedará ciego”, propugnando con ello la aplicación de la misericordia y el perdón en lugar de la venganza.
Que por encima de cualquier otro interés de tipo sentimental, familiar o de amistad está muchas veces el vil metal, el dinero, da fe la frase acuñada en distintos idiomas, que dice: “los negocios son los negocios”, “bussines are bussines” o “les affaires sont les affaires”. Y fue esta última, la francesa, la que dio origen a la irónica pero sentenciosa frase.
“Les affaires sont les affaires” sirvió de título a una comedia del autor Mirabeau, estrenada con gran éxito en París, en 1903. El título se ajustó tan bien al asunto de que trataba la obra, el valor que se le da al dinero, que quedó como frase proverbial ampliamente difundida y adaptada a los distintos idiomas.
Atribuir la culpa de algo a alguien es “cargarle el muerto”. Y lo dice el que se defiende contra la supuesta culpabilidad: “a mí no me cargues el muerto…”
Y es que, en la Edad Media, cuando en un pueblo aparecía una persona muerta violentamente sin que se supiera quién había sido el asesino, era costumbre obligar al pueblo entero a que pagara una multa a los familiares de la víctima. Por lo que los vecinos del pueblo donde eso ocurría, para librarse del pago, trasladaban a toda prisa el cadáver de la víctima a otro pueblo, al que le cargaban el muerto

Luque Maricarmen

La razón de algunas frases

Con frecuencia leemos en los periódicos u oímos en la radio o en la televisión frases y expresiones del lenguaje de la comunicación, que unas veces no entendemos y otras, intuimos lo que significan, pero casi nunca tenemos tiempo de investigarlas.
¿No han leído alguna vez sobre el “síndrome de Estocolmo”?
En septiembre de 1973, Clark Olofsson fue sorprendido por la policía atracando un banco de Estocolmo.
El atracador tomó como rehenes a todos los que en ese momento se hallaban en la oficina, los cuales, después de varias horas de negociación, fueron liberados y el atracador detenido.
Pero lo curioso del caso fue que en el juicio la mayoría de los secuestrados intercedieron por el secuestrador, movidos por su amabilidad en el trato y por los motivos que le empujaron a intentar el atraco.
Esta identificación entre secuestrador y secuestrado se estudió psicológicamente, formulando la teoría del citado síndrome cuyo nombre se aplicó, y se sigue aplicando, en situaciones semejantes a la que se produjo en la capital sueca en 1973.
¿Saben a quién se debe el nombre de “prensa amarillista”? A Yellow Kid, protagonista de una famosa historieta cómica que se publicaba a finales del siglo XIX en el periódico sensacionalista estadounidense The New York World.
El personaje y su camiseta amarilla se hicieron famosos, y convirtieron este color en el calificativo que se aplica a la prensa sensacionalista, la que busca más el escándalo que la verdad.
Y ya en el lenguaje cotidiano se usa frecuentemente la expresión de “ser un lince” para referirse a la persona lista y aguda, o la que tiene una muy buena vista.
Pues el lince fue considerado desde tiempos remotos como un animal de extraordinaria agudeza visual, cuya mirada, según la leyenda, era capaz de atravesar las paredes.
Por eso, son ojos linceos los dotados de vista muy aguda.

Luque Maricarmen

miércoles, 25 de marzo de 2009

Todo tiene su razón

Sobre las frases hechas, dichos, refranes y proverbios, hay mucho escrito, y lo que hay escrito suele ser ameno e interesante.
Cuando alguien se marcha de donde está, repentinamente y sin despedirse, se dice que se despidió “a la francesa”.
La expresión nació en el siglo XVII, cuando en la corte francesa se puso de moda abandonar las reuniones “sans adieu”, esto es, “sin adiós”, con lo que se daba a entender que, a pesar de que la reunión era agradable, uno tenía que irse por alguna razón ajena a su voluntad. Esa conducta entraba en las normas de la cortesía palaciega, donde se consideraba de mal gusto avisar de la marcha, y de peor educación aún, excusarse por irse.
Tal costumbre fue mal vista en el resto de Europa, dando lugar a la frase mencionada de: “despedirse a la francesa”. Aunque los franceses dicen hoy, en esa misma situación, “despedirse a la inglesa” o “despedirse a la española”.
Habrá que enterarse si es por devolver la pelota o si tiene fundamento.
Cuando dos personas hablan mal de una tercera, afeándole sus defectos o injuriándole, se dice que lo están poniendo “de chupa de dómine”.
La “chupa” era un saco o chaquetilla modesta que solía vestir el “dómine”, maestro de gramática latina: un individuo siempre de cortos recursos y cuya falta de aseo era proverbial. Ambas cosas se juntaban para que la “chupa” que usaba estuviera siempre sucia o vieja, o sea, hecha un trapo. Por eso, poner a alguien “como chupa de dómine” es lo mismo que ponerle “como un trapo”.
Cuando alguien destaca por su orgullo, vanidad y presunción, se dice que “tiene muchas ínfulas”.
La ínfula era un adorno de lana blanca, a manera de venda, con que se cubría la cabeza y de la cual colgaba a cada lado una cinta o listón. Antiguamente se usaba como símbolo de autoridad o como señal de clase alta. Solía ser ancha y se retorcía como una guirnalda, colocándose a modo de diadema y atándose por detrás con los listones colgantes.
Los sacerdotes paganos y los reyes de la antigüedad las usaban como distintivo de su dignidad. Por todo ello, del orgulloso, engreído, vanidoso o fatuo se dice que “tiene muchas ínfulas”.
Como ven, amigos, todo lo que decimos tiene su porqué. Otro día les cuento más.

Luque Maricarmen