La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
miércoles, 1 de julio de 2009
Cibernética e informática
La cibernética procede del griego kibernetiké, “arte de gobernar una nave”. En español, “estudio de las analogías entre los sistemas de control y comunicación de los seres vivos y los de las máquinas”.
El prefijo ciber forma parte de las palabras relacionadas con el mundo de las computadoras y de la realidad virtual: ciberespacio, cibernauta. Se recomienda su uso para la formación de términos pertenecientes al ámbito de la comunicación por Internet, para sustituir por palabras nuestras los innumerables anglicismos que nos invaden. Así van apareciendo términos como: cibercafé, ciberarte, ciberlector, en la prensa de la dilatada área hispanohablante.
Claro que también puede reemplazarse este procedimiento de formación por el adjetivo “electrónico” añadido al nombre correspondiente: correo electrónico, mensaje electrónico.
Cibernética e informática están estrechamente ligadas; pues si la cibernética se refiere a la ciencia, la informática, que es el tratamiento de la información mediante las computadoras u ordenadores, se refiere a su aplicación.
Y como salieron los dos términos, computadora y ordenador, es preciso saber que ambos tienen idéntico significado; son los nombres que en distintos lugares de habla española se dan a la máquina que además del tratamiento automático de la información, resuelve problemas matemáticos y lógicos mediante programas informáticos.
Internet, la red mundial de computadoras, es un nombre propio, por lo que debe escribirse con mayúscula; su género es femenino. El usuario de Internet se llama cibernauta. La Web o página web es el servicio de Internet que permite acceder a la información que ofrece esta red mundial de comunicaciones.
Y aprovecho la presencia de la palabra acceder, para recordar que este es el verbo utilizado en el lenguaje informático, y no accesar, como se usa erróneamente tantas veces por influjo del inglés.
A la información o datos contenidos en un sistema informático, se accede, no se accesa.
Luque Maricarmen
sábado, 2 de mayo de 2009
Bienvenidos los neologismos
Recuerdo un artículo del antiguo director de la Academia, Fernando Lázaro Carreter, (q.e.p.d.) en el que trataba este tema, y resalto algunos aspectos del mismo que vienen al caso.
En estos tiempos que nos ha tocado vivir, donde impera el “todo vale” y el “ahí vamos”, es lógico que esa laxitud alcance también al idioma. Y no faltan quienes defendiendo el postulado de que la lengua es un elemento vivo que debe evolucionar, ¡quién lo duda!, olvidan que toda lengua se construye entre dos fuerzas: la de los que al poseer contenidos mentales ricos luchan por plasmar en ella esa riqueza y la de los que sólo la usan como recurso elemental para entenderse, privándola de matices y belleza.
Es obvio que los idiomas cambian, pero siempre impulsados por esas dos fuerzas que se contrarrestan y se equilibran.
Porque cuando la fuerza trivializadora es la que se impone, ocurre lo que sucedió con la ruina del latín, la gran noche de Occidente. Se rompió una gran lengua y surgieron unos idiomas rudos y primitivos.
Y no se puede olvidar que para convertir esos idiomas en grandes lenguas, sus mejores hablantes tuvieron que volver a la tutela clásica dotándolas de normas cultas, a imitación de la latina.
¿O es que se piensa que la poesía y la prosa de Fray Luis de León, de Cervantes o de Sor Juana, o las de nuestros insignes contemporáneos salieron de la laxitud o la relajación?
Si el español existe como lengua de cultura se debe a los recursos que le aportaron los mejores. Porque la lucha contra la dejadez y el “ahí se va” forma parte del vivir de toda lengua.
Cuando una cosa se dice mal y muchos lo hacen, significa que hay una falta individual y colectiva de instrucción, y denunciarlo supone salud idiomática y capacidad de reacción.
Bienvenidos sean los neologismos. Y bienvenida sea la capacidad de juzgarlos, discutirlos, aceptarlos o rechazarlos. Eso significa no sólo que la lengua está viva, sino también los que la hablan.
Luque Maricarmen
miércoles, 29 de abril de 2009
Bienvenidos sean los neologismos
Se habla mucho de los que con celo se preocupan por la lengua, y con frecuencia se critica a los académicos y a los que se empeñan en la lucha por la pureza del idioma. Recuerdo un artículo del antiguo director de la Academia, Fernando Lázaro Carreter (q.e.p.d.) en el que trataba este tema, y resalto algunos aspectos del mismo que vienen al caso.
En estos tiempos que nos ha tocado vivir, donde impera el “todo vale” y el “ahí vamos”, es lógico que esa laxitud alcance también al idioma. Y no faltan quienes defendiendo el postulado de que la lengua es un elemento vivo que debe evolucionar, ¡quién lo duda!, olvidan que toda lengua se construye entre dos fuerzas: la de los que al poseer contenidos mentales ricos luchan por plasmar en ella esa riqueza y la de los que sólo la usan como recurso elemental para entenderse, privándola de matices y belleza.
Es obvio que los idiomas cambian, pero siempre impulsados por esas dos fuerzas que se contrarrestan y se equilibran. Porque cuando la fuerza trivializadora es la que se impone, ocurre lo que sucedió con la ruina del latín, la gran noche de Occidente. Se rompió una gran lengua y surgieron unos idiomas rudos y primitivos. Y no se puede olvidar que para convertir esos idiomas en grandes lenguas, sus mejores hablantes tuvieron que volver a la tutela clásica dotándolas de normas cultas, a imitación de la latina.
¿O es que se piensa que la poesía y la prosa de Fray Luis de León, de Cervantes o de Sor Juana, o las de nuestros insignes contemporáneos salieron de la laxitud o la relajación?
Si el español existe como lengua de cultura se debe a los recursos que le aportaron los mejores. Porque la lucha contra la dejadez y el “ahí se va” forma parte del vivir de toda lengua. Cuando una cosa se dice mal y muchos lo hacen, significa que hay una falta individual y colectiva de instrucción, y denunciarlo supone salud idiomática y capacidad de reacción.
:Bienvenidos sean los neologismos. Y bienvenida sea la capacidad de juzgarlos, discutirlos, aceptarlos o rechazarlos. Eso significa no sólo que la lengua está viva, sino también los que la hablan.
Amigos lectores: ¡mucha, muchísima felicidad les deseo en estas fiestas navideñas!
Luque Maricarmen
miércoles, 15 de abril de 2009
Términos relativamente nuevos
Gag es un sustantivo tomado del inglés que expresa el efecto cómico, rápido e inesperado en cualquier tipo de espectáculo. Ese golpe chistoso que se produce en una obra de teatro, por ejemplo, y con el que el público suelta la carcajada, ya se llama en español, gag. El plural lo forma añadiendo una “s” al singular, gags, y no gages, como cabría esperar. Tal vez sea para no confundirlo, al pronunciarlo, con “gajes”, que en la frase coloquial “gajes del oficio” son las molestias o perjuicios que se experimentan con motivo del oficio u ocupación: —¿Siempre tienes que salir el último del despacho? —Ya lo ves, son gajes del oficio.
Gagá es otro vocablo de nueva incorporación. Este procede del francés. Se dice de la persona mayor que ya ha perdido parte de sus facultades mentales: “el pobre ya está gagá”. Y, burlescamente, se aplica al que dice o hace tonterías como si estuviera mal de la cabeza. Gap, procedente del inglés, significa en español “vacío o distancia excesiva entre dos términos que se contraponen”. Por ejemplo: “se observa un gap entre la oferta y la demanda” o “entre abuelos y nietos existe un gap generacional”.
La palabra gurú, proveniente del sánscrito, antigua lengua de los brahmanes y que sigue siendo la lengua sagrada del Indostán, es el “maestro espiritual o jefe religioso del hinduismo”. En sentido figurado, se usa también para referirse a quien se le reconoce autoridad intelectual: “el tipo es un gurú de la astronomía”.
Y aprovecho este repaso a vocablos de origen extranjero para recordar que interfono, el aparato que sirve para comunicarse telefónicamente en el interior de un edificio, así se escribe y se pronuncia en nuestra lengua, no interphone ni interfón, como se empeñan muchos.
Luque Maricarmen