La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
lunes, 10 de octubre de 2011
Difamar, calumniar, criticar. Verbo forzar, saber. Sabiondo.
Maricarmen Luque
Rescatador, raigambre. Verbos: haber, comentar, evacuar, licuar, predecir
Maricarmen Luque
lunes, 3 de octubre de 2011
Posposición, posponer. Venimos y vinimos. Despresionar, despensarse, dispenderse. Dequeísmo
Maricarmen Luque
Puritanismo, crecer y dignarse
Maricarmen Luque
lunes, 26 de septiembre de 2011
Olfato. Apreciar, agradecer. Civilidad, civismo. Verdura, hortaliza. Genero de calor y maratón. Imprimir.
Maricarmen Luque
domingo, 25 de septiembre de 2011
Conjugación de verbos terminados en iar o ear. A favor o en favor. A cabo o al cabo.
Maricarmen Luque
miércoles, 10 de marzo de 2010
Verbos que a menudo crean confusión
Se atribuye un cuadro a quien se supone que lo pintó, una obra literaria a quien la escribió, una composición musical al que la compuso y una acción a quien la hizo.
También uno mismo puede también atribuirse o adjudicarse algo. Pero cuando lo que se atribuye es algo reprobable, el verbo adecuado es imputar. Alguien se convierte en terrorista cuando se le imputa un delito de terrorismo. Y se imputa el crimen al asesino o el robo al ladrón. El señalado por la imputación es el imputado, responsable de lo imputable. Por consiguiente, no se puede imputar a nadie algo bueno.
De la misma familia semántica es el verbo tildar: atribuir a alguien (o algo) una característica negativa, la cual va introducida por la preposición de: “En su época, Galileo fue tildado de hereje”. Es incorrecto su empleo con adjetivos de significado positivo; nadie podría ser tildado de inteligente, de tolerante o de cualquier otra buena cualidad.
Dos adjetivos muy semejantes en su forma, pero de distinto significado, son inmune e impune.
Inmune es libre o exento de algo considerado perjudicial o molesto. Una persona que se vacuna suele hacerse inmune a la patología del virus que se le ha inoculado. Porque eso es inocular, introducir en un organismo una sustancia que contiene los gérmenes de una enfermedad. Exactamente el efecto que causa la vacunación. Inmune es sinónimo de invulnerable. Pero nada tiene que ver con impune, que significa “sin castigo”. La justicia defiende que ningún delito quede impune.
A propósito, ¿sabían que el verbo vacunar y el sustantivo vacuna tienen su origen en la palabra vaca? La vacuna es una enfermedad vírica que afecta al ganado vacuno, es inoculable al hombre, en el que provoca leves trastornos, pero le inmuniza contra la viruela. Fue en 1796 cuando el científico Jener descubrió la vacuna como tal y la aplicó como remedio contra esa enfermedad. El término vacuna se generalizó para referirse al virus o principio orgánico que convenientemente preparado se inocula a personas o animales para preservarlos de una enfermedad determinada.
Así se va haciendo la lengua...
Luque Maricarmen
jueves, 2 de julio de 2009
No estamos apanicados, pero sí aterrados
La palabra recién es apócope del adverbio reciente, cuyo significado es “que acaba de hacerse o de ocurrir”. En su uso más general, significa “poco tiempo antes, hace muy poco” y va antepuesto a un participio para indicar que la acción expresada por este se acaba de producir: “Desayuné café recién hecho”. “Su casa está recién construida”.
Sin embargo, en el español de América, no en el de España, recién se antepone a verbos en forma personal: “Mi hermana recién tuvo un bebé”.
Nunca debe emplearse recién entre el verbo auxiliar y el participio: “Había recién llegado de la escuela”.
Recién puede anteponerse a algunos adjetivos verbales: “Mi habitación está recién limpia”; sin embargo, nunca debe usarse como adjetivo antepuesto a un sustantivo: “En el mismo avión viajaba el recién ganador del torneo de golf”; (debería decir: “el nuevo ganador”).
El adjetivo reciente admite dos superlativos: recentísimo, el más culto, que conserva la raíz latina, y recientísmo, menos culto, pero válido y de uso más frecuente. Como sucede con los adjetivos nuevo y fuerte, cuyos superlativos novísimo y fortísimo proceden de la raíz latina y representan la forma culta, aunque también son válidos nuevísimo y fuertísimo
En estos días de convulsiones bursátiles, inversores, financieros y amplios sectores de nuestra sociedad, y de otras muchas, están asustados, inquietos, alarmados, sorprendidos, desorientados... y como el pánico cunde, nuestros periodistas consideran que también están “apanicados”, un adjetivo que no existe en nuestra lengua, pero que se ajusta bien a la situación. Apanicados, que no abanicados, aunque no hubiera venido mal un abanico para aliviar tanto sofoco.
Si existiera el verbo “apanicar”, que no existe, también existiría su participio “apanicado”; pero del sustantivo pánico no hay derivados. Sustituyámoslo por otros muchos: asustado, aterrado, horrorizado, espantado, etcétera, que expresan la misma idea y además son correctos.
Luque Maricarmen
Aducir y abducir: Acciones contrarias
Aducir significa ‘presentar o alegar prueba o razones’: “Debió aducir su testimonio para salvar el prestigio de su compañero”.
El sustantivo correspondiente es aducción, que es la acción de aducir pruebas o razones. Pero la aducción también puede significar ‘el movimiento de acercamiento de un miembro u otro órgano al plano que divide el cuerpo en dos partes simétricas’: “En este punto se produce la flexión y aducción de los brazos”.
Y ese miembro u órgano capaz de ejecutar el movimiento de aducción sería el aductor: “Después de la jugada sentí un tirón en el aductor derecho”.
Otro sentido de aducción, aunque menos usado, es el de ‘transporte o conducción de agua’: “Construyeron un túnel de aducción para que llevara las aguas del río”.
Abducir es otro verbo distinto, aunque en algún sentido se acerca al anterior. Aplicado a extraterrestres, significa ‘secuestrar a alguien’: “Fue abducido por una nave extraterrestre”. En otro sentido significa ‘alejar un miembro u otro órgano del plano imaginario que divide el cuerpo en dos partes simétricas’: “No era capaz de rotar y abducir la cadera”.
El sustantivo correspondiente es abducción, ‘movimiento de alejamiento de un miembro u otro órgano del plano que divide el cuerpo en dos partes simétricas’: “la artrosis de cadera disminuye la amplitud de abducción de los muslos”. Y abductor es el miembro u órgano que realiza ese movimiento; en este caso, los muslos.
Como se ve, la aducción y la abducción son acciones contrarias: la primera supone un movimiento de acercamiento, mientras la segunda lo es de alejamiento.
Aunque no sean de uso habitual, bien está conocerlas en detalle, por si acaso.
Luque Maricarmen
Los vaivenes del lenguaje
Cierto que ambos son sinónimos, y en el sentido amplio significan “extender o dilatar”. Algo se amplifica cuando se amplía, se extiende o se dilata; pero para referirse concretamente a la “reproducción de fotografías, planos o textos en tamaño mayor del original” es más propio y culto decir ampliar que amplificar. Y lo que resulta no es una amplificación sino una ampliación.
Como dato complementario, el verbo ampliar se acentúa igual que “enviar”.
En cuanto a los adjetivos dactilar y digital, cuyo significado es “relativo o perteneciente a los dedos”, pueden usarse indistintamente cuando califican a los sustantivos “huella o impresión”. Y tan correcto es huellas dactilares o digitales, como impresión dactilar o digital.
Sin embargo, en el sentido de dígito, el adjetivo adecuado es digital; por eso se aplica a los instrumentos de medida expresada con números dígitos: reloj digital.
Algo menos árido es la explicación a las consultas que recibo sobre por qué se compara a la persona voluble con el camaleón, y a quién se conoce como “ratón de biblioteca”.
Considerando la capacidad del camaleón de cambiar de color según las condiciones ambientales, suena lógico que a quien cambia de opinión o de conducta por interés, es decir, al que es voluble, se le compare con este reptil.
Durante siglos se llamó “ratón de biblioteca” al erudito que asiduamente escudriñaba cultura en los libros, entre el polvo de las bibliotecas. Con las modernas tecnologías, ¿esta especie no correrá riesgo de extinción y desaparecerá el apelativo?
En fin, la marcha de la lengua va adaptándose a los tiempos y son éstos los que determinan los vaivenes de las palabras.
Luque Maricarmen
Hoy les traigo más errores
Cuando coinciden dos vocales iguales al final y al comienzo de palabras consecutivas, frecuentemente se pronuncian juntas; en “vamos a analizar”, se suelen juntar las dos aes en una sola, sin que se note demasiado.
Pero es de un efecto deplorable ver escrito: “se detuvo acomodar”, en lugar de “se detuvo a acomodar”, o “paso analizar”, en vez de “paso a analizar”.
Otra cuestión. Sigue siendo un caballo de batalla la acentuación de verbos como diferenciar, financiar, negociar, evidenciar, influenciar, reverenciar, etcétera. Todos ellos se acentúan como anunciar; por lo que nunca diferencío, ni financíe, ni negocíes, ni evidencías, ni influencíen, ni reverencíe sino diferencio, financie, negocies, evidencias, influencien y reverencien. Como anuncio, anuncias, anuncia, anuncies, anuncien.
Lo oirán muchas veces mal acentuado, incluso en los medios de comunicación, porque se trata de un error ya arraigado, pero como todo error, debe ser corregido
Alerta es una palabra con distintos perfiles. Procede de la interjección italiana all’erta, con la que se instaba a los soldados a ponerse en guardia ante un ataque. En español también se usa con valor de interjección, como voz de aviso o alarma: “¡Alerta!, el enemigo se acerca”.
Pero también puede ser un adjetivo, (sin variación de forma para masculino y femenino) con el significado de “vigilante y atento”: “El soldado, conteniendo la respiración, con los ojos alerta, vigilaba la zona enemiga”.
Cuando “alerta” funciona como complemento verbal, es considerado como un adverbio, por lo tanto es invariable: estar alerta, vivir alerta, permanecer alerta, etc.: “al manejar, el conductor debe estar alerta para no tener accidentes”.
Aunque la forma invariable, alerta, siempre es aconsejable, sin embargo, la palabra podría ser considerada como un adjetivo, por lo que es válido utilizarla con variación de número: “Los ciudadanos debemos estar alertas frente a las disputas de poder”.
Luque Maricarmen
Vamos a ver si hay
Haber es el principal verbo auxiliar en español, ya que se emplea para formar los tiempos compuestos de cualquier conjugación: ha estudiado, habían querido, habrá llegado, hemos viajado, hayan vivido, etcétera. Pero nunca debe usarse la forma arcaica habemos en lugar de hemos, ni la vulgar haiga en lugar de haya.
El uso que más dudas presenta este verbo es en su valor impersonal: cuando se emplea en frases que no llevan sujeto y en las cuales el verbo “haber” denota la existencia de algo designado por el sustantivo que lo acompaña. Por ejemplo: habrá una reunión mañana; hubo una fiesta ayer; había mal ambiente; hay un gran descontento.
Pero el problema aparece cuando lo designado por el sustantivo es plural, no singular. Pues en ese caso, como en el anterior, el verbo “haber” irá también en singular: no habrá limitaciones en el número de convocatorias; hubo varios intentos de reconciliación; en la reunión había dos bandos bien definidos; en la sesión de hoy, hay miembros de distintas tendencias, etcétera.
La explicación etimológica de esta construcción es que al ser impersonal carece de sujeto; el sustantivo pospuesto al verbo “haber” (limitaciones, intentos, bandos, miembros) desempeña la función de complemento directo, por lo que no existe concordancia. La concordancia con el verbo la determina el sujeto, no el complemento directo.
La regla es: El verbo haber con valor impersonal siempre va en singular. Seguramente a muchos hablantes les sonará rara la forma correcta, pero es que los vicios lingüísticos, como los demás, crean hábito, y lo incorrecto llega a parecer correcto o viceversa.
En cuanto al arcaísmo habemos, si se desea expresar la presencia de primeras o segundas personas (nosotros, vosotros) no debe utilizarse el verbo haber, en la lengua culta, sino ser o estar. Mejor: “somos o estamos pocos” que “habemos pocos”.
Y por fin, señalar el cuidado que se requiere para no confundir en la escritura los homófonos (mismo sonido, distinto significado) “haber” con “a ver”. “Pensaba que no iba a haber suficiente comida”. “En la pareja tiene que haber respeto mutuo”. “Vamos a ver una película”. “A ver qué pasa hoy”.
Amigos, a ver si no los aburrí...
Luque Maricarmen
miércoles, 1 de julio de 2009
El verbo oír, en peligro de extinción
Sí, sí; no pongan cara de susto. Porque es una realidad que los hispanohablantes no oímos, sólo escuchamos. El verbo oír está en peligro de extinción. Y a fuerza de no usarlo, desaparecerá. Y eso es grave. Grave, lingüísticamente hablando.
Porque, vamos a ver, ¿acaso no hemos sabido durante siglos que el verbo oír significa “percibir con el oído los sonidos”? El oído es uno de los sentidos corporales, entonces, ¿por qué escuchamos, pero no oímos? ¿Cuál es la razón por la que hoy nadie oye un disparo, ni un grito de auxilio, ni una explosión, ni un portazo, ni oye el golpe de algo que se cae, ni un ladrido que avisa, ni el ruido del tráfico, ni oye un trueno que retumba, ni la voz que le llama. Todo eso se escucha, pero no se oye.
¿Se lo imaginan? ¿Pueden figurarse a alguien con el oído preparado, la respiración contenida, el ánimo en suspenso para poder captar alguno de esos ruidos que pueden sonar a su alrededor? Porque eso es escuchar.
Escuchar es “prestar atención a lo que se oye, aplicar el oído para oír algo o a alguien, atender”.
¿No ha OÍDO alguna vez decir, me atrevería a suponer que incluso lo ha dicho, “no le escucho, ¿podría levantar la voz?” Amigo, será que no le oye, porque si no le escucha, ¿para qué quiere que levante la voz?
Vamos a precisar.
La acción de escuchar es voluntaria e implica intencionalidad por parte del sujeto, a diferencia de oír, que significa, sin más, “percibir por el oído un sonido o lo que alguien dice”.
Un disparo o un grito de auxilio se oye, no se escucha, porque sorprende y hasta asusta, ya que uno no se lo espera. Si en el silencio de la noche suena una explosión o ladra desaforadamente el perro que guarda la casa, lo oímos, no lo escuchamos porque no lo esperábamos, no estábamos escuchando, esto es, prestando atención.
Oír tiene un significado más general que escuchar, por lo que casi siempre puede usarse en lugar de este; sin embargo, no es justificable el uso de escuchar por oír.
Y si en inglés existen to listen/ to hear; en francés, ecouter/entendre; en alemán, zuhören/ hören, ¿cuál es la razón para que en español no distingamos los verbos oír escuchar, y condenemos unos de ellos?
Luque Maricarmen
La castellización del verbo ignorar
Este verbo, cuyo significado a través de los años ha sido “no saber algo o no tener noticia de ello”, ya se usa desde la primera mitad del siglo XX, hasta en el habla culta, con el sentido inglés de “no hacer caso de algo o de alguien”.
Y conduce a falsas interpretaciones.
Una frase como “la empresa ignora las demandas de los trabajadores” siempre quiso decir, sin ambigüedades, que la empresa no sabe cuáles son esas demandas; y eso se arregla con una oportuna información.
Hoy, sin embargo, puede significar también que la empresa no hace caso de esas demandas, que no le interesa saberlas, que las desprecia, lo que tendría un arreglo mucho más complicado.
¿Y cuál de los dos es el sentido recto del mensaje? Es ambiguo. Lástima que lo hayamos complicado. Y es una complicación innecesaria.
Si el principal objetivo de la lengua es comunicarse, entenderse, ¿por qué añadir complejidad a la comunicación, al entendimiento ya de por sí difícil?,p>Y es que amigos, para ese sentido foráneo del verbo ignorar, que ya aparece en nuestros diccionarios, el de “no hacer caso”, existen en español equivalencias como hacer oídos sordos, desdeñar, despreciar, hacer caso omiso. Y referido sólo a personas, ningunear, que es no hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración o menospreciarlo.
Pero el uso reiterado y continuo de ese valor del verbo ignorar por los hablantes hizo que el diccionario lo registrara para que pudiera emplearse con legítimo derecho. Y ya es nuestro. Pero no olvidemos las otras palabras y locuciones que expresan, sin riesgo de confusión, esa misma idea.
Luque Maricarmen
Discreción y prudencia
Sucede, por ejemplo, con el verbo heredar, a causa de su doble sentido activo y pasivo.
Si dicen que fulano heredó una casa, no se puede saber si el tal fulano la dejó en herencia o la recibió. Es necesario especificar el coplemento, a quin (la dejó) o de quién (la recibió). A quién la heredó o de quién la heredó.
Esta ambigüedad puede producirse en algunos lugares del área hispanohablante, como en México y en Centroamérica, donde el verbo heredar se usa con estos do sentidos. No sucede n el resto del ámbito hispánico, donde para el significado activo, es decir, dejar en herencia, se emplea el verbo legar, conservando el sentido pasivo del verbo heredar, esto es, recibir bienes o acciones de alguien mediante testameno, en herencia.
"Enrque heredó la casa; su padre se la legó".
La distinción hace imposible la confusión.
Esta doble significación, activa y pasiva afecta a otros verbos, como el oler. Oler, como verbo transitivo, significa "percibir ls olores". Como intransitivo, "echar de í o exhalar buen o mal olor". Y este doble sentido puede dar lugar a situaciones jocosas, porque no es lo mismo una cosa que la otra. Cuando hay un fétido olor ambiental, preguntar a la persona que está a nuestro ldo, para confirmar si percibió tambin el mal olor: "¿tú hueles mal?", es comprometido, porque puede interpretar que lo que en realidad queremos saber es si él es la causa del mal olor. Y aquí no hay manera de distinguir. Oler es así de ambiguo.<>Precisar el sentido requiere, en esta ocasió, dotes de discreción y prudencia.
Luque Maricarmen
miércoles, 13 de mayo de 2009
Dudas lógicas
Porque sus significados son diferentes.
Competer es corresponder, pertenecer o incumbir algo a alguien: “Con frecuencia a la mujer le competen (corresponden o incumben) actividades rutinarias”.
Competir, sin embarbo, es contender o rivalizar: “El joven no puede competir (contender o rivalizar) en experiencia con el viejo”.
El verbo competer, al ser regular, se conjuga como cualquier verbo de la 2ª conjugación, mientras que el competir, como irregular que es, lo hace como el verbo pedir. Y solamente coinciden en las dos formas antes mencionadas.
Por lo que, si nos encontramos con las frases: “Ambos equipos competían por el título” o “Era al árbitro a quien competía establecer la legitimidad de la jugada”, el sentido es el que indica a qué verbo se refieren.
Lo mismo sucede con el sustantivo competencia, al ser común a los dos verbos, como se observa en los ejemplos: “ La Comisión aclaró que eso no es de su competencia” (incumbencia) o “Existía entre los dos rivales una sorda competencia” (rivalidad).
No es común a los dos, sin embargo, el sustantivo competición, que es la acción y efecto de competir. Aunque éste coincide con “competencia” en el sentido de «prueba o torneo deportivo en el que compiten entre sí distintos participantes»: “Hoy se reanuda la competición (o competencia) de atletismo, tras la jornada de descanso de ayer”.
Son dudas, amigos, que con frecuencia la propia lógica resuelve.
Luque Maricarmen
miércoles, 29 de abril de 2009
Las muchas expresiones en inglés
| Les paso, amigos, lo que me encontré en Internet hace un tiempo: Desde que las insignias se llaman pins, los maricones, gais, las comidas frías, lunchs y la selección de actores castings este país nuestro es mucho más culto y moderno. Antaño, los niños leían tiras cómicas en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, y los empresarios hacían negocios en lugar de bussines . Hoy, nadie es realmente culto y moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas en otro idioma suenan mucho mejor; pues no es igual decir vestíbulo que hall, ni desventaja que handicap, ni sentimientos que feelings, ni sobreventa que overbooking, ni ligero que light. Compramos tickets, no tiques, regalamos compacts, no compactos, practicamos puenting, no puentismo (como ciclismo, piragüismo, etc) y nos vamos de camping, no de acampada. Estos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres e incluso han mejorado nuestro aspecto. Porque las mujeres ya no usamos medias sino panties y los hombres, después del afeitado, no se ponen tónico, sino after shave que deja la cara más fresca. Y ellos y nosotras ya no salimos a correr, caminar o hacer aerobismo, porque es más fino hacer footing o jogging. El autoservicio ahora se llama self service, ranking la tabla clasificatoria o escalafón, y el índice de audiencia, rating. Las personas más importantes son vips y los puestos de venta o casetas dentro de una exposición o feria son los stands. En la oficina ya no se envían correos, sino mailings, la empresa no organiza cursos de capacitación o entrenamiento, sino trainings y las mujeres que quieren cambiar su imagen, perdón, su look, no se hacen un estiramiento sino un lifting. En fin, amigos, los dejo para irme de compras, no de shopping y así aprovecho la ventaja de los saldos, mejor que soldes. Y me despido, no con el incoloro bye, sino en nuestra lengua, con un mensaje lleno de contenido: adiós (a Dios). Luque Maricarmen |
miércoles, 22 de abril de 2009
Sacarle partido al verbo pelar
Antes de seguir, quiero aclarar que el adjetivo corriente equivale a común u ordinario; es corriente lo que sucede con frecuencia, lo que es de uso común. Y no es lícito darle a este vocablo el sentido de vulgar o de mal gusto.
Pues bien, el término “pelar” encierra varios significados, y para todos ellos lo empleamos: pelar es cortar el pelo, es quitar las plumas a un ave, es quitar la piel a un animal, es quitar la piel o la corteza a algo.
Pero, en sentido figurado, sus significados y usos son innumerables. Pelar es quitar con engaño, arte o violencia los bienes a alguien: “Entre todos los herederos lo dejaron pelado”. Pelar es criticar a alguien: “Están pelando a una amiga común”. Y un pelado es alguien grosero: “Ese joven no tiene educación, es un pelado”.
En locuciones familiares, “pelar” aparece con frecuencia: “Ese es duro de pelar” se dice cuando alguien es difícil de convencer; “corre que se las pela”, cuando ejecuta algo con rapidez, o dicho de una cosa caliente o fría, cuando produce una sensación extremada: “El agua de la alberca está que pela”, o “hace un frío que pela”, si la temperatura ambiente es muy baja.
Sin embargo, ni en sentido figurado ni en el literal, pelar es hacer caso, escuchar o atender. Por eso, es expresión indebida, aunque bastante frecuente “no me pela”, cuando se quiere expresar: “No me hace caso”, “no me escucha” o “no me atiende”.
Y respondiendo a un lector amigo, vademécum es un término latino formado por las palabras “vade”, ven, y “mecum”, conmigo. Se llama vademécum a un libro de poco volumen y de fácil manejo para consulta inmediata de nociones o informaciones fundamentales.
Hoy, en plena era informática, habría que revisar el significado de esta palabra, pues raro es el que no dispone de su “vademécum” fijo o portátil, la computadora.
Luque Maricarmen
sábado, 18 de abril de 2009
El honor de la palabra: Agredir con malentendidos
A la palabra agredir le costó trabajo entrar en el Diccionario de la Real Academia, pues aunque en el siglo XIX ya lo empleaban escritores de renombre como José Martí, en América, y Angel Ganivet, en España, conjugado en todos sus tiempos, modos y personas, fue en 1914 cuando la Academia le dio entrada. Pero entró con la recomendación de no emplearlo en las formas que carecieran de la letra “i”. Y así, no se consideraba demasiado culto decir agredo, agredes, agrede, agreda. Hasta 2001.
A partir de entonces, año en que se publicó la última edición del Diccionario de la RAE, el verbo agredir figura como verbo regular, no defectivo, por lo que puede emplearse en toda su conjugación, como ya se hacía en algunos lugares de habla hispana; aunque su uso, amigos, su uso práctico en el sentido real de “causar daño a alguien”, debe evitarse.
Otra duda frecuente es la que surge a la hora de pluralizar ese sustantivo procedente del “malentendu” francés. Malentendido es mala interpretación o equivocación en el entendimiento de algo. Pero, cuando son varios, ¿son malentendidos o malos entendidos?
Parece razonable pluralizarlo como cualquier otro sustantivo: de malentendido, malentendidos, como de bienvenido, bienvenidos o de malintencionado, malintencionados. Todos, sustantivos completos formados de dos elementos inseparables.
Y termino contestando a una pregunta de un lector: ¿cuál es el término que se aplica al último hijo mucho menor que su hermano? El más castizo, a pesar de ser poco usado, es tardano. Sin embargo, lo más frecuente es aplicar a este hijo tardío el nombre del hijo menor del patriarca Jacob, Benjamín, y como Benjamín se nombra al menor de la familia e, incluso, al miembro más joven de un grupo.
Luque Maricarmen
miércoles, 15 de abril de 2009
Términos que plantean dudas
Cognoscitivo se aplica a lo que es capaz de conocer; como en los ejemplos: “conviene desarrollar las potencias cognoscitivas” o “sus facultades cognoscitivas están muy desarrolladas”.
Podría decirse que el concepto “cognitivo” es más general.
¿Qué sucede con esplendor y resplandor? Pueden usarse las dos para referirse a la luz muy clara que desprende un cuerpo luminoso o al brillo de algunas cosas. Se emplea más la segunda.
En un lenguaje menos directo, las dos toman el sentido de “gloria, lustre o nobleza”.
Esplendor expresa también “auge o apogeo”. Por ejemplo: “el Siglo de Oro fue una época de esplendor para las letras españolas”.
En cuanto a los adjetivos correspondientes a esos dos sustantivos, esplendoroso y resplandeciente, se aplican a lo que es muy brillante o que impresiona por su gran belleza.
Y cuidado con espléndido, escrito erróneamente y con excesiva frecuencia expléndido. Nada tiene que ver con las palabras anteriores. Significa magnífico, y en un sentido más familiar, se califica de espléndido al que es generoso y desprendido.
Conviene recordar que el vocablo aluzar es sinónimo de alumbrar o iluminar, pues significa, como éstos, “dar luz y claridad”. Se usa, sobre todo en México, Colombia, Guatemala, Puerto Rico y República Dominicana. Los sinónimos, alumbrar o iluminar, son de uso más general. Sin embargo, alumbrar puede significar también parir o “dar a luz”.
Y no hace mucho, apareció en nuestra lengua la palabra alunizar que es “posarse en la superficie de la luna”, refiriéndose a una nave espacial o a un tripulante de ella; es lo que sucedió en el año 1969, dando con ello el primer paso a una nueva era.
Luque Maricarmen