La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
lunes, 3 de octubre de 2011
Ladrocinio y Latrocinio, enviscar, patético. Múltiplos. Incubu y súcubu. Podólogo, podiatra, foniatra, geriatra y mas
Maricarmen Luque
lunes, 26 de septiembre de 2011
Olfato. Apreciar, agradecer. Civilidad, civismo. Verdura, hortaliza. Genero de calor y maratón. Imprimir.
Maricarmen Luque
Nariz, narices y sus usos. Entremer y entrometer. Lúdico y sus derivados. Lúdicro. Contemporaneo, coetáneo. Oliva y aceituna.
Maricarmen Luque
Ermitaño, eremita, ermita. Ejecutar, asesinar, castañear, castañetear, explicar, explicitar, golpear, golpetear.
Maricarmen Luque
domingo, 25 de septiembre de 2011
Historia de las palabras: monosabio, monitor, campechano, ínfula.
Maricarmen Luque
Espetar, traspaso, trasvase, sintonizar, sincronizar.
Maricarmen Luque
Plural de palabras: tijera, pantalon, gafa, calzoncillo, braga, tenaza, treberes, panti. Acronimos.
Maricarmen Luque
miércoles, 1 de julio de 2009
La castellización del verbo ignorar
Este verbo, cuyo significado a través de los años ha sido “no saber algo o no tener noticia de ello”, ya se usa desde la primera mitad del siglo XX, hasta en el habla culta, con el sentido inglés de “no hacer caso de algo o de alguien”.
Y conduce a falsas interpretaciones.
Una frase como “la empresa ignora las demandas de los trabajadores” siempre quiso decir, sin ambigüedades, que la empresa no sabe cuáles son esas demandas; y eso se arregla con una oportuna información.
Hoy, sin embargo, puede significar también que la empresa no hace caso de esas demandas, que no le interesa saberlas, que las desprecia, lo que tendría un arreglo mucho más complicado.
¿Y cuál de los dos es el sentido recto del mensaje? Es ambiguo. Lástima que lo hayamos complicado. Y es una complicación innecesaria.
Si el principal objetivo de la lengua es comunicarse, entenderse, ¿por qué añadir complejidad a la comunicación, al entendimiento ya de por sí difícil?,p>Y es que amigos, para ese sentido foráneo del verbo ignorar, que ya aparece en nuestros diccionarios, el de “no hacer caso”, existen en español equivalencias como hacer oídos sordos, desdeñar, despreciar, hacer caso omiso. Y referido sólo a personas, ningunear, que es no hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración o menospreciarlo.
Pero el uso reiterado y continuo de ese valor del verbo ignorar por los hablantes hizo que el diccionario lo registrara para que pudiera emplearse con legítimo derecho. Y ya es nuestro. Pero no olvidemos las otras palabras y locuciones que expresan, sin riesgo de confusión, esa misma idea.
Luque Maricarmen
miércoles, 29 de abril de 2009
Las muchas expresiones en inglés
| Les paso, amigos, lo que me encontré en Internet hace un tiempo: Desde que las insignias se llaman pins, los maricones, gais, las comidas frías, lunchs y la selección de actores castings este país nuestro es mucho más culto y moderno. Antaño, los niños leían tiras cómicas en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, y los empresarios hacían negocios en lugar de bussines . Hoy, nadie es realmente culto y moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas en otro idioma suenan mucho mejor; pues no es igual decir vestíbulo que hall, ni desventaja que handicap, ni sentimientos que feelings, ni sobreventa que overbooking, ni ligero que light. Compramos tickets, no tiques, regalamos compacts, no compactos, practicamos puenting, no puentismo (como ciclismo, piragüismo, etc) y nos vamos de camping, no de acampada. Estos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres e incluso han mejorado nuestro aspecto. Porque las mujeres ya no usamos medias sino panties y los hombres, después del afeitado, no se ponen tónico, sino after shave que deja la cara más fresca. Y ellos y nosotras ya no salimos a correr, caminar o hacer aerobismo, porque es más fino hacer footing o jogging. El autoservicio ahora se llama self service, ranking la tabla clasificatoria o escalafón, y el índice de audiencia, rating. Las personas más importantes son vips y los puestos de venta o casetas dentro de una exposición o feria son los stands. En la oficina ya no se envían correos, sino mailings, la empresa no organiza cursos de capacitación o entrenamiento, sino trainings y las mujeres que quieren cambiar su imagen, perdón, su look, no se hacen un estiramiento sino un lifting. En fin, amigos, los dejo para irme de compras, no de shopping y así aprovecho la ventaja de los saldos, mejor que soldes. Y me despido, no con el incoloro bye, sino en nuestra lengua, con un mensaje lleno de contenido: adiós (a Dios). Luque Maricarmen |
Las trampas de los vocablos
Una palabra relativamente reciente en nuestros diccionarios, y con la que podemos encontrarnos, sobre todo en revistas de decoración, es trampantojo, un vocablo formado por la aglutinación de los elementos que constituyen la frase: “trampa ante ojo”. Y ésa es la definición de este nuevo término: una trampa o ilusión con que se engaña a uno haciéndole ver lo que no es.
El trampantojo es un recurso que con frecuencia utilizan los arquitectos de interiores o los decoradores para conseguir efectos reales donde no existe tal realidad: una falsa ventana, una chimenea simulada etcétera.
Hábil recurso para conseguir resultados estéticos, siempre y cuando el ojo del posible cliente no se engañe a la hora de distinguir la realidad de la trampa. Y si no es capaz de hacerlo, es que el trampantojo es perfecto.
Agravante y atenuante son dos adjetivos que, como tales, aceptan el género masculino o femenino del sustantivo a que acompañan: un móvil agravante, una intención atenuante.
Pero, cuando estas palabras se sustantivan colocándoles un artículo delante, son femeninas, ya que se sobreentiende el sustantivo “circunstancia”. Por lo que se dice: “actuaron con la agravante de su falta de interés” o “les disculpa la atenuante de su falta de conocimiento”. No obstante, la Academia reconoce como buenos los dos géneros, masculino y femenino, por lo que puede decirse sin cometer error : la o el agravante, así como la o el atenuante.
Y en cuanto a la consulta sobre cuál es el nombre que se aplica a los que les gusta aprovechar la noche para hacer de todo menos dormir, éstos son noctámbulos, del latín noctis, noche y ambulare, andar: los que andan vagando durante la noche, o más poéticamente noctívagos, de la misma procedencia e igual significado. Estos dos términos vinieron a sustituir al más antiguo, pero todavía vigente, nocherniego: que anda de noche, formado con el sufijo “iego”, como andariego y mujeriego.