Hoy me hago eco de unas reflexiones que en su día hizo el gran lingüista y director que fue de la Real Academia Española de la Lengua, Fernando Lázaro Carreter.
Se refieren al espíritu geométrico que se ha impuesto en el español, espíritu cultivado con fervor por los emisores de la lengua, que desde todos los medios de comunicación, demuestran su inclinación a anglicanizar (si es que valiera el término) el idioma.
Y se lee y oye hasta la saciedad el adjetivo lineal, cuyo uso ya está aceptado de hecho, cuando se habla de pensiones, salarios; y significa “de la misma cuantía para todos los afectados, sin tener en cuenta su rango, categoría.”
Es, por tanto, lícito hablar de un aumento de sueldo lineal cuando afecta a todos por igual, es decir, que es común para todos.
Como se habrán encontrado multitud de veces con las “soluciones globalizadas”, calificadas con este nuevo adjetivo derivado del verbo globalizar, verbo de uso legítimo, equivalente al antiguo: universalizar. O sea, que hoy se adoptan soluciones globalizadas, donde antes se adoptaban “en bloque” o en su totalidad.
Y ya casi nos hemos acostumbrado a hablar de acuerdos “puntuales” cuando sólo se refieren a determinados puntos, arrinconando los adjetivos: concreto o parcial.
Y es que, en realidad, puntual, en español significa “pronto, diligente o exacto en hacer las cosas a su tiempo”. De manera que hablaremos de acuerdos concretos, parciales o limitados a ciertos puntos, pero no de acuerdos puntuales.
Y es que abundan los geómetras del idioma, que recurren a las metáforas fundadas en la línea, el globo y el punto. Y no es reprobable, siempre que no desplacen a términos usados desde hace siglos, o a no ser que se empleen cuando su uso todavía no está legitimado.
Amigos, por si no llegó a alguno de mis lectores, a todos les deseo un felicísimo año 2008.
Luque Maricarmen
La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
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miércoles, 1 de julio de 2009
sábado, 18 de abril de 2009
Soy fiel a la etimología
Al estudiar geometría, todos aprendimos los distintos nombres de los polígonos, según el número de lados de que cada uno estaba formado: pentágono, heptágono, octógono, etcétera, derivados del latín, lengua a la que pasaron procedentes del griego. Y nunca dudamos a la hora de escribir el de seis lados así: hexágono, con hache.
Y es que, gracias a nuestros conocimientos (superficiales o profundos), de etimología, sabíamos que el prefijo griego “hex” significaba, y significa, seis.
Del griego se formó el vocablo latino “hexagonum”, del cual directamente procede nuestro hexágono.
Pero hoy la Academia, en un arranque simplificador, acepta escribir también la palabra que nombra el polígono de seis lados, así: “exágono”, y su derivado, “exagonal”, aunque tales formas son consideradas semicultas.
Complicada decisión que planteará dudas a la hora de buscar el origen de estas palabras, teniendo en cuenta que el poliedro de seis caras sigue escribiéndose hexaedro, el verso de seis pies, hexámetro, el de seis sílabas, hexasílabo, y hexápodo el insecto que tiene seis patas. Yo, fiel a la etimología, seguiré escribiendo hexágono y hexagonal.
Sin olvidar que muchas de las palabras en cuyo significado entra el número seis también se forman con el prefijo latino “sex”, de significado idéntico al “hex” griego: sexto, sexagenario, sexagésimo, etcétera.
Y es que, gracias a nuestros conocimientos (superficiales o profundos), de etimología, sabíamos que el prefijo griego “hex” significaba, y significa, seis.
Del griego se formó el vocablo latino “hexagonum”, del cual directamente procede nuestro hexágono.
Pero hoy la Academia, en un arranque simplificador, acepta escribir también la palabra que nombra el polígono de seis lados, así: “exágono”, y su derivado, “exagonal”, aunque tales formas son consideradas semicultas.
Complicada decisión que planteará dudas a la hora de buscar el origen de estas palabras, teniendo en cuenta que el poliedro de seis caras sigue escribiéndose hexaedro, el verso de seis pies, hexámetro, el de seis sílabas, hexasílabo, y hexápodo el insecto que tiene seis patas. Yo, fiel a la etimología, seguiré escribiendo hexágono y hexagonal.
Sin olvidar que muchas de las palabras en cuyo significado entra el número seis también se forman con el prefijo latino “sex”, de significado idéntico al “hex” griego: sexto, sexagenario, sexagésimo, etcétera.
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