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viernes, 14 de febrero de 2014

Sobre el estornudo

Sobre el estornudo hay mucho escrito. El origen de la palabra está en el verbo latino sternutāre tomado literalmente del sonido que causa el que estornuda como si exprimiera las tres primeras consonantes del vocablo latino str. La verdadera raíz del verbo estornudar como la de todas las palabras que pertenecen al lenguaje de la naturaleza es la armonía imitativa, esa grande y maravillosa etimología de la creación. Los antiguos daban al estornudo distintos agüeros: era señal fatal si se estornudaba hacia la izquierda y augurio favorable si se hacía hacia la derecha, presagio de felicidad para el que estornudaba al nacer. Señal de buen agüero si se estornudaba por la tarde, malo si se hacía por la mañana y peor si se producía al salir de la cama.
En la antigüedad se llamó al estornudo “pequeña muerte” pues se creía que al estornudar el alma se separaba del cuerpo. Pero, de dónde vienen las expresiones que se dirigen hacia el que estornuda: en tiempo de Aristóteles el estornudo era tenido como algo divino razón por la que al estornudaba se le decía “Vive! que Zeus te salve”. Los romanos decían “Salve!”, nadie era indiferente a un estornudo y si no había quién saludara al estornudador el mismo lo hacía.
Cómo el estornudo era muchas veces aviso de resfriado y parece que en la peste que sacudió Roma en el siglo VI los infectados morían estornudando se impuso la costumbre entre los cristianos de responder a un estornudo ajeno con las expresiones de “Dios te bendiga”, “Jesús” o “Salud” con el fin de espantar la enfermedad.
Avicena, un médico árabe del siglo X, explicaba la costumbre del saludo al considerar el estornudo como señal de un desorden físico, por lo que era bueno desearle salud y pedir a Alá que lo librara del mal. Los alemanes ante el estornudo también dicen “salud”, los italianos “felicidad”. En la cultura anglosajona se dice “un estornudo un deseo, dos estornudos un beso, tres estornudos algo mucho mejor”.
El escritor y ensayista francés del siglo XVI Montaigne escribe sobre el estornudo éstas palabras: “¿Me preguntáis de dónde proviene esa costumbre de bendecir a los que estornudan? Nosotros producimos tres clases de viento: el que sale por abajo es demasiado puerco, el que exhala nuestra boca lleva algún reproche de glotonería, el tercero es el estornudo y porque viene de la cabeza y no es acreedor de censura le dedicamos honroso recibimiento, no os burléis de esta sutileza de la cuál Aristóteles es el padre.
Curiosa y larga historia la del estornudo. De las diferentes interpretaciones que se le ha dado a través del tiempo y las distintas expresiones que lo acompañan.

Maricarmen Luque

miércoles, 10 de marzo de 2010

El primer diccionario de la lengua española

Un lector curioso me pregunta cuándo se publicó el primer diccionario de nuestra lengua. Y por si alguien más siente la misma curiosidad, se lo cuento. El primer diccionario de español monolingüe, es decir, con las definiciones de las palabras en el propio idioma, fue publicado en 1611 y se llamó Tesoro de la lengua española o castellana. Su autor, el licenciado don Sebastián de Covarrubias Orozco, capellán del rey Felipe III, realizó una obra ingente y de un valor extraordinario, primera de ese tipo publicada en Europa.
Un siglo después, fue fundada la Real Academia Española de la Lengua a instancias del Marqués de Villena en 1713, reinando Felipe V. El primer trabajo académico de esta institución fue el diccionario, que se publicó en 1726.
Diccionario de autoridades se llamó este primer diccionario académico, por ser las autoridades de la lengua, es decir, los escritores de mayor prestigio hasta el momento, las fuentes que se utilizaron para su elaboración.
En la segunda página aparece: “Como base y fundamento de este diccionario se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”. El Diccionario de autoridades intenta establecer un modelo lingüístico y de estandarización del castellano del siglo XVIII, tomando como modelo el Tesoro de la lengua española o castellana, su mejor precursor.
La obra se hizo en 6 tomos y se acabó en 1739, trece años después de su comienzo. A lo largo de los siglos se han hecho muchas más ediciones del diccionario académico: tres en el siglo XVIII, diez en el siglo XIX, ocho en el siglo XX, y la última, la vigésima segunda, en el año 2001.
Sucesivas ediciones que van reflejando la evolución de la lengua, una lengua que pasó de ser patrimonio de unos pocos, a pertenecer a más de cuatrocientos millones de hablantes repartidos por el mundo.
La normativa y el arbitraje, consensuados entre las veintidós academias de la lengua española, nos llevan a caminar de la mano, unidos hacia el engrandecimiento del español. Una lengua única y diversa, con las peculiaridades de cada lugar en que se habla, pero entendiéndonos todos en el mismo idioma. Un privilegio.

Luque Maricarmen

Los nombres de personajes notables


Cualquier camino es bueno si conduce al enriquecimiento de la lengua. Personajes notables que destacan en el ámbito de su profesión tienen parte activa en la formación del idioma, pues consiguen que de su nombre o su obra pasen vocablos a la lengua, donde quedan asentados y son de uso normal.

Del actor londinense de principios del siglo XX, Charles Chaplin, creador del personaje cómico inolvidable del cine mudo, Charlot, nos llegó la palabra charlotada, con el sentido de “actuación pública colectiva, grotesca o ridícula”. Pero, curiosamente, fue el torero bufo Carmelo Tusquellas quien, tomando el apodo de Charlot e imitando en su vestido y actitudes al conocido actor cinematográfico, instituyó una forma de torear cómica y grotesca que se hizo famosa. Y como charlotada se conoce también desde entonces , “cualquier festejo taurino de carácter cómico, rayando en lo grotesco”.



Más cercano a nosotros es el famoso actor y comediante mexicano Mario Moreno, Cantinflas, quien, a lo largo del siglo XX cautivó, enterneció e hizo reír con sus frases y maneras geniales a varias generaciones. Y a su personaje cómico debemos una serie de palabras: cantinflear, “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”; cantinflesco, “que habla a la manera del actor mexicano Cantinflas”, y cantinflada, “dicho o acción de quien habla o actúa como Cantinflas”.



Del personaje más conocido de la literatura universal, el Quijote, protagonista de la novela escrita en el siglo XVII por Miguel de Cervantes, tenemos en nuestra lengua: quijote, con el significado de “hombre que antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada y comprometida en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo”, exactamente las cualidades que definen al famoso hidalgo.



Y por semejanza con el aspecto físico del personaje, también se aplica este apelativo al “hombre alto, flaco y grave, cuyo aspecto y carácter hacen recordar al héroe cervantino”. Quijotada o quijotería es “la acción propia de un quijote” y quijotesca, el adjetivo que la califica. Estos términos reflejan el sentido caricaturesco de la novela, que es el que el autor quiso darle; pues en realidad su obra es una sátira al héroe de los “libros de caballerías”.

Luque Maricarmen

lunes, 8 de febrero de 2010

Algo no tan frecuente

Hoy les traigo una serie de palabras, a veces no tan frecuentes, que conviene revisar.
En el lenguaje escrito, más que en el oral, aparecen dos adverbios contrarios; son antaño, cuyo significado es “en tiempo pasado” y hogaño, que significa “en esta época, en la actualidad”. Ambos proceden de la palabra latina anno, año, precedido, en el primer caso, de ante (ante anno): antaño, y en el segundo, de hoc (hoc anno): hogaño.
De uso más frecuente, aunque a veces empleada una por otra, son calcomanía y pegatina. La calcomanía es una estampa engomada sobre un papel, que puede trasladarse a otras superficies. La pegatina, sin embargo, es solo un adhesivo que lleva algo impreso. Y pegatinas son los adhesivos que se pegan al automóvil o a otros lugares para múltiples funciones.
La calcomanía, de técnica más complicada que la pegatina, lleva impresas imágenes coloridas preparadas con trementina, que pasan del papel a superficies de madera, porcelana, seda, etcétera.
Poco usado en la lengua hablada, pero más frecuente en la escrita es el adjetivo espurio, procedente de la palabra latina spurius que significa bastardo, más usado en español con el sentido de falso o ilegítimo. A pesar de que muchos defienden la forma “espureo”, es espurio la que ha venido empleándose desde la Edad Media hasta nuestros días, ajustada a su etimología y refrendada por la Academia.
Dos vocablos parecidos en su forma, pero de contrario sentido, son exacerbar y desacerbar. Exacerbar es irritar a alguien o causarle grave enfado o enojo. También algo se exacerba cuando se agrava. Desacerbar, en cambio, es templar, endulzar o quitar lo áspero. Por eso cuando alguien o algo está exacerbado, lo mejor es desacerbarlo.
Todos sabemos que se llama tilde tanto al acento escrito u ortográfico como al rasgo o trazo pequeño que forma parte de algunas letras, como la ñ o la t. Y tildar es el verbo correspondiente. Pero otro sentido del verbo tildar es atribuir a alguien una característica negativa. Esa característica va introducida por la preposición –de. Así: “Tildaba a su jefe de explotador y en realidad no lo era”. Y no es válido tildar a alguien de algo bueno, porque el verbo tildar lleva implícito el sentido denigrativo de lo que se tilda: Lo tildaban de embustero y embaucador.

Luque Maricarmen

miércoles, 20 de enero de 2010

Desencadena sentimientos encontrados: Entre nosotros, el libro electrónico

Ya tenemos entre nosotros el libro electrónico. De hecho, ha sido uno de los regalos estrella en las fiestas que acaban de terminar. Y su aparición desencadena sentimientos encontrados: ¿servirá para facilitar la lectura en los momentos en que no se puede acudir a una biblioteca o transportar un libro? ¿Resolverá problemas de almacenamiento y ampliará la capacidad de información? ¿Provocará la muerte del libro impreso?
Es obvio que en la última generación hemos vivido una revolución en las comunicaciones, consecuencia de la generalización de la computadora u ordenador personal, y del uso también generalizado de Internet.
Con frecuencia se afirma que la revolución electrónica es tan importante como lo fue la revolución de la imprenta o como la sustitución de los manuscritos por los códices en la Alta Edad Media. Y hay expertos que piensan que esta revolución acabará con la muerte del libro.
Pero echando un vistazo a la historia se ve que ninguna revolución ha sido definitiva. Si la invención de la escritura no hizo desaparecer la necesidad de la comunicación oral, ni el libro impreso terminó totalmente con los manuscritos, es de esperar que lo de hoy sea una especie de coexistencia entre los textos impresos y los electrónicos, y será el uso el que marque la adecuación de unos u otros para distintos propósitos.
Está claro que adaptarse a cambios revolucionarios nunca es fácil, y menos para los que ya llevamos gran parte del camino recorrido con los medios anteriores. Porque yo he de confesar que prefiero arrellanarme en un sillón a disfrutar de un buen libro, oyendo el ruido de las hojas al pasar y respirando el olor que despiden, a ser lectora electrónica con una pantalla entre las manos.
Como ven, es cuestión de preferencias. Y aunque no se pueden negar las ventajas del libro electrónico: una memoria capaz de almacenar más de 1500 títulos, su peso y tamaño reducidos, la posibilidad de elegir el tipo y tamaño de letra, etc., seguirá habiendo quien no esté dispuesto a privarse de la sensación de hojear un libro.

Luque Maricarmen

domingo, 3 de enero de 2010

Muy buen provecho

Gastronómico es el tema de hoy; es decir, relacionado con la comida. La palabra gastronomía nos llegó directamente del francés, en el siglo XIX, aunque su origen es el griego, donde gastro es estómago y nemo, distribuir o gobernar. Como en francés, significa “arte de preparar una buena comida o afición al buen comer”.
Todos sabemos que la mayonesa es una salsa que se hace batiendo aceite y huevo. Las dudas surgen a la hora de nombrarla: ¿es mayonesa o mahonesa?
Ambas formas están aceptadas por la Academia, aunque la más usada es mayonesa. Así la llamaron los franceses al hacerla popular, y con ese nombre pasó a nuestra lengua; aunque la forma mahonesa hace alusión a su lugar de origen, pues fue en la ciudad de Mahón, situada en la isla española de Menorca donde, en el siglo XVIII, el cocinero del mariscal francés Richelieu la descubrió y la introdujo en la cocina francesa. De allí pasó al resto del mundo, y aunque en francés se llama mayonnaise, en español es conocida como salsa mayonesa o mahonesa.
Nada tiene que ver con la bayonesa, un pan dulce hecho de dos capas de masa de hojaldre al horno, que llevan entremedias cabello de ángel.
Cuando hablamos de besamel o bechamel, nos estamos refiriendo a esa salsa blanca hecha con harina, leche y mantequilla que los franceses llamaron bechamel. De ellos recibimos el nombre y la salsa. Y aunque en español existen las variantes besamela y bechamela, son formas que apenas se usan.
Y como estamos en época navideña, les cuento la historia del mazapán, ese dulce típico de estas fiestas, elaborado a base de almendras molidas y azúcar que se presenta en formas diversas.
La palabra parece que viene del árabe hispánico, y según la tradición, fue durante un asedio al que los árabes sometieron a la ciudad de Toledo, España, cuando los defensores sufrieron una gran escasez de cereales para elaborar el pan. Para suplir esa falta, se les ocurrió sustituir la harina por almendras machacadas a las que añadieron azúcar, resultando una pasta de alto valor nutritivo y de sabor exquisito. Así nació el mazapán, combinación de las palabras masa y pan.
Hoy fueron términos culinarios o relativos a la cocina, palabra derivada de culina, que es como se dice cocina en latín.
Amigos lectores, para todos vaya mi felicitación más sincera en estas fiestas navideñas y el deseo de un año 2010 especialmente bueno.

Luque Maricarmen

Los orígenes de la mirra y el incienso

Hoy, cercanas ya las fiestas navideñas, les traigo la historia de la mirra, una de las ofrendas que los Santos Reyes, o Reyes Magos, presentaron a Jesús cuando, siguiendo la estrella, llegaron al Portal de Belén.
La palabra, de origen griego, nombra a una resina amarga, aromática, semitransparente y brillante. Tiene propiedades antiespasmódicas y estimulantes, y procede de un árbol que crece en Arabia y Abisinia.
La mirra debe su nombre al personaje mitológico Myrra, hija de un rey de Chipre. La diosa Afrodita hizo que Myrra se enamorase de su padre; pero, después del incesto, huyó y fue transformada en el árbol que lleva su nombre, cuya corteza se abrió para dar nacimiento al bello Adonis.
El incienso, mucho más conocido, fue otro de los presentes con que los Reyes obsequiaron al Niño Dios. La palabra procede del latín incendere, encender. Es otra resina muy aromática que, desde hace siglos, se quema en las ceremonias religiosas. El incienso se obtiene por exudación de una planta arbórea, el Olíbano que crece en Asia, aunque también son inciensos otras resinas o aceites aromáticos.
La costumbre de quemar inciensos o sustancias aromáticas en los exorcismos, se introdujo para contrarrestar los hedores nauseabundos que, según se creía, acompañaban las manifestaciones del demonio.
Inciensos y perfumes se utilizaron también en las purificaciones y el efecto que causaban en las personas hizo que entraran a formar parte del ritual de algunos cultos.
El cristianismo, en un principio, consideró pagano el uso del incienso y lo rechazó, pero con el tiempo terminó adoptándolo, primero en las ceremonias funerarias y luego, cada vez más, en la liturgia, tanto en Oriente como en Occidente.
Y para terminar, les presento una palabra poco frecuente, onanismo, que entró en nuestro idioma en el siglo XIX. Equivale a “masturbación” y debe su nombre al personaje bíblico Onán, hijo de Judá, quien fue obligado por su padre a contraer matrimonio con la viuda de su hermano, para asegurar la descendencia. Pero Onán cohabitó con su cuñada de tal manera que no hubiera concepción, por lo que tomó el nombre de onanismo la práctica sexual en la que no se busca la concepción, identificándola con masturbación.

Luque Maricarmen

Estoy triste por la muerte de Francisco Ayala

Hoy les traigo un suceso luctuoso, triste. Triste para los que leemos, escribimos y nos entendemos en español. En estos días se nos fue un prestigioso escritor y un hombre inquebrantable, al que una larga vida, 103 años, jamás venció. Francisco Ayala murió cansado, pero no vencido. Con una lucidez que conservó hasta el último minuto. Ese último minuto que aprovechó para despedirse, completamente sereno, de su esposa, su mujer amada.
La vida de Ayala transcurrió en dos siglos en los que conoció la tragedia de la guerra y el exilio. Fue un hombre íntegro y luchador, profundamente demócrata y liberal.
Como escritor, fue autor de una extensa obra, cultivando sobre todo novela y ensayo.
Su relato de Erika ante el invierno muestra el presentimiento de la Guerra Civil, donde su padre y su hermano son ejecutados en 1936. Terminada la guerra, abandona España, se dirige a París y de allí se embarca hacia La Habana, rumbo a Buenos Aires, donde arriba el 10 de agosto de 1939, donde permanece varios años, con estancias en Estados Unidos, México y Puerto Rico.
Su obra transita desde la siniestra gravedad de La cabeza del cordero y Los usurpadores al humor de Muerte de perro y El fondo del vaso, pasando por el lirismo melancólico de El jardín de las delicias.
Después de varios acercamientos hacia su vuelta a España, regresa definitivamente en el año 1977. Pronuncia conferencias, recibe homenajes y es galardonado con el premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nacional de Letras y Literatura.
Sigue escribiendo y es elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua en 1983.
En 2005, a punto de cumplir los cien años, termina la edición definitiva de su libro Recuerdos y olvidos, valiéndose de la tecnología moderna, que no se le resistía a pesar de su avanzada edad. (Es de señalar que tenía su página en Facebook).
Era Francisco Ayala un intelectual que nunca perdió el interés y la curiosidad por el mundo que le rodeaba.

Luque Maricarmen

El bello lenguaje de la tauromaquia

Siempre he sentido admiración por los que escriben sobre los toros. Y no es que yo sea taurófila ni me apasione la tauromaquia. Sin embargo, tengo que confesar que disfruto leyendo las crónicas de los reporteros taurinos.
Si torear es un arte, escribir sobre el toreo también puede convertirse en arte. Disfruten un párrafo elegido “a voleo”.
* * *
La anochecida se filtraba por entre las telas de la cubierta de la plaza. Y a esa hora en que el sol se ha escondido, tibio temeroso de otoño, el torero (¿?) citó a las musas del temple, ¡bendita ilusión! Llegó a mi corazón el palpitar de la mano amiga del toreo y vibré sintiendo su roce. Qué faena más grande y hermosa, qué despacio pasaban los segundos eternos. El diestro se estremecía con el empaque que acuna las embestidas. Reposado, sin violencia ni crispaciones, natural sin imposturas, ¡bendita ilusión!
Toreaba la panza de la muleta, los muslos ceñidos, la cintura, el cuerpo entero. Y la clase se aunaba con la calidad del toro. Crecido en una trinchera de ensueño, en todos los adornos, en un cambio de mano, en aquel de pecho, en este molinete, en un ayudado a dos manos que barrió el lomo completo hasta el rabo con un codilleo de escalofriante belleza (...) Eran las musas que trepaban como la hiedra por los tendidos.
No hace falta ser un experto para sentir la belleza que encierran estas líneas.
Y sólo hay que poner atención a nuestra forma de expresarnos para cerciorarse de la influencia de los términos taurinos en la lengua habitual. Porque de todos es conocido el sentido de “agarrar el toro por los cuernos” como enfrentarse resueltamente a una dificultad. “Cortarse la coleta”, en alusión a la que los toreros lucen, es apartarse de alguna afición o dejar una costumbre. “Ve los toros desde la barrera” el que no se involucra ni se compromete en una situación, y así como el torero que triunfa sale por la puerta principal de la plaza, “sale por la puerta grande” el que consigue el éxito en algo. “Lanzarse al ruedo” es decidirse a actuar afrontando los riesgos, y “echar un capote”, intervenir en una disputa para evitar conflictos.
Esto no es más que una muestra. Seguramente, amigo, conoce muchas más.

Luque Maricarmen

lunes, 26 de octubre de 2009

El porqué de la expresión complejo de Edipo

No es extraño encontrarse con la palabra Edipo para dar nombre a un desorden emocional que los psicoanalistas conocen como complejo de Edipo. Y como todas las palabras tienen su razón histórca les cuento la historia que justifica este nombre.
Antes, les recuerdo que el complejo de Edipo o complejo edípico es una inclinación sexual del hijo hacia la madre, normalmente acompañada de hostilidad hacia el padre.
,p>El nombre surge del ito griego deloráculo de Delfos, el cual predijo al rey de Tebas, Layo, que sería asesinado por su primer hijo, quien después se casaría con su propia madre, Yocasta.
Layo, para evitar que esto sucediera, cuando nació el bebé ordenó a un criado suy que lo matara, peroeste lo abandonó colgándolo de un árbol, por los pies.
Así lo encontró un pastor que se lo llevó al rey de Corinto, el cual lo crió como hijo propio y le llamó Edipo, en recuerdo de la forma en que había sido hallado, ya que oidpous en griego significa pes hinchados.
Al crecer Edipo, llegó a sus oídos el rumor sobre su misterioso origen, por lo que acudió al oráculo donde se enteró de lo que estaba escrito sobre él. Decidió no regresar al palacio del que creía que era su erdadero padre para evitar que l predicción se cumpliera.
Salió de Corinto y se dirigió a Tebas. En el camino se encontró con un hombre al que mató por una nimia discusión. El hombre era Layo, su verdadero padre.
Poco después, a las puertas e Tebas, derrotó en una lucha feroz a una temble esfinge que tenía atemorizados a los habitantes de la ciudad. Para premiarle, los tebanos le concedieron la mano de la reina viuda, su verdadera madre, con la que procreó cuatro hijos, cumpliéndose así la trrible profecía.
Edipo, ignorante de lo que abía hecho, vivió feliz en Tebas, pero tiempo después se declaró una epidemia de peste que el oráculo atribuyó al hecho de no haberse aclarado el asesinato del rey Layo.
Edipo ordenó una investigacón, descubriendo ser él mismo el asesino de su padre y esoso de su madre, lo que confirmó el cumplimiento del oráculo.
Al conocerse todo, Yocasta se ahorcó y Edipo fue expulsado de Tebas por sus hijos. Huyó y encontró la muerte tragado por la tierra.
Fue el escritor griego, Sófocles, hace 2500 años, quien inmoralizó esta tragedia.

Luque Maricarmen

sábado, 3 de octubre de 2009

Código, sistema o alfabeto morse

La palabra morse no aparece en el diccionario académico hasta bien entrado el siglo XX, con la definición de "sistema de telegrafía que utiliza un código consistente en la combinación de rayas y punto". El morse es un lenguaje inventado en el siglo XIX por el pintor e inventor estadounidense Samuel F B Morse (1791-1872).
El joven Samuel viajó a Europa en 1829, y en el viaje de vuelta, estudiando los descubrimientos del físico y matemático francés, André Ampère, (1775-1836) concibió la idea del telégrafo eléctrico.
Dedicó varios años a la realización de su invento, y sin ninguna ayuda y con escasos recursos económicos, en 1837, efectuó las primeras demostraciones de su telégrafo que apeas despertó interés en su país.
Durante varios años peleó para conseguir su patente y reunir los medios necesarios, y fue en 1844 cuando por fin consiguió que fuera establecida una línea telegráfica entre Washington y Baltimore con el código de comuicación que lleva su nombre.
El sistema morse fue adoptado en 1865 por la Unión Telegráfica Internacional, y su invento revolucionó en aquel entonces el sistema de comunicación.
Y ya que salió de pasada el sabio André Ampère, cuyos descubrimintos sobre la relación entre la electricidad y el magnetismo tanto ayudaron a la ciencia, y al que debemos los términos amperio, amperímetro y ampervuelta, quiero resaltar que siendo hijo de un comerciante retirado, muerto en la guillotina en 1793, se hizo a sí mismo leyendo todo lo que encontraba sobre literatura, filosofía, ciencias naturales y matemáticas. Se dedicó apasionadamente a la botánica, la poesía y la música. Recibió el reconocimiento a su labor académica e investigadora, creó un vocabulario de electricidad introduciendo las plabras corriente y tensión. Inventó el galvanómetro, instrumento que mide la intensidad de pequeñas corrientes eléctricas, y hacia el final de su vida emprendió una obra gigantesca para clasificar todos los conocimientos humnos, bajo el título de Ensayo obre la filosofía de las ciencias, obra que no llegó a terminar.
A pesar de su grandeza, murió casi en el olvido.

Luque Maricarmen

lunes, 10 de agosto de 2009

Los clínex y el signo @

Ya escribí hace tiempo, en este mismo espacio, sobre el signo @ y la palabra arroba. Que durante la Edad Media fue utilizado por los copistas como abreviatura de la preposición latina –ad cuyo significado es a, hacia o en. Que empezó a escribirse como el número 6, pero fue evolucionando hasta convertirse en @.
Que la palabra arroba tiene su origen en el vocablo árabe –ar-roba que significa 4ª parte, y que hoy es una medida de peso y capacidad que se utiliza en algunas zonas de América y España con distintos valores.
Que la primera representación escrita de este símbolo como unidad de medida fue en 1536 y figuraba en una carta escrita por un mercader italiano donde avisaba de un envío desde Sevilla a Roma. En ella se lee: “una @ de vino vale 7 u 8 ducados”.
Este símbolo ha sido resucitado por la actualidad informática para indicar la preposición española –en o la inglesa –at.
La primera dirección electrónica de la historia, tal como hoy las conocemos, fue la de Ray Tomlinson, en 1971, desde su computadora digital PDP-10: tomlinson@bbn-tenexa.
El símbolo que en español se llama arroba, es llamado en alemán y holandés, cola de mono; en búlgaro, monito; en checo, arenque; caracol acuático, en coreano; ratoncito, en chino; en finés (finlandés), cola de gato; en griego, patito; en italiano, caracol; perrito en ruso; mono, en polaco y rosa, en turco.
Son curiosidades que aparecen en uno de esos libros que vale la pena ojear u hojear, es decir, “leer superficialmente” o “pasar las hojas de un libro leyendo algunos pasajes”, como el de Pancracio Celdrán titulado: Hablar bien no cuesta tanto. Son libros que entretienen e instruyen.
El mismo autor nos cuenta cómo la palabra clínex ha pasado a nuestro idioma como adaptación gráfica del kleenex inglés, con el sentido de “pañuelo de papel desechable”. Los clínex (kleenex) aparecieron en la Gran Guerra de 1914, como sucedáneo del algodón (algodón de celulosa) y funcionaron como compresas, vendajes, etcétera. Su fabricación alcanzó tal auge que al acabar la contienda empezaron e emplearse en cosmética para eliminar el colorete, pintalabios, maquillaje. Pero el paso a su utilización como pañuelos desechables se debe a Andrew Olsen, de Chicago, que en 1921 ideó la caja dispensadora de clínex, cuyo nombre, acuñado por la Kimberley-Clark Company en 1924, se basa en el verbo inglés to clean.
El clínex o los clínex (invariable para singular y plural) amigos, para limpiarnos la nariz.

Luque Maricarmen

domingo, 12 de julio de 2009

Algunas curiosidades

Existen palabras en nuestro idioma que usamos con relativa frecuencia, pero de las que no siempre conocemos su origen. Por si alguna vez les picó la curiosidad, hoy les traigo algunas.
Debacle es un sustantivo femenino que procede del francés y significa “desastre, ruina o derrota”. Se utiliza cuando se pierde el control de una situación, ante la proximidad de un desastre, para anunciar una derrota etc.; por ej. “Cuando sonó la señal de alarma todos salieron de estampida y se formó la debacle”. “Las últimas derrotas sufridas por el Real Madrid condujeron al equipo a la debacle”.
La palabra empezó a usarse en Francia tras su derrota por el ejército alemán en 1870. Su difusión fue definitiva con la publicación del libro La débâcle, en 1892, que sobre ese tema escribió el novelista francés Emile Zola.
Draconiano es un adjetivo que se aplica a una ley o a una medida sanguinaria o excesivamente severa. La palabra se debe a Dracón, legislador griego que 600 años antes de Cristo, dictó el primer código legislativo de Atenas. Y eran tan duras las penas con que las leyes castigaban hasta los pequeños delitos, que al cabo de más de veintiséis siglos, su dureza se recuerda en nuestra lengua con este calificativo. Por ej. “En el ejército se aplicaban medidas draconianas a los desertores”.
A la persona dominada por la gula se le llama heliogábalo, en memoria de aquel emperador romano, del siglo II a. de C. conocido por ese nombre, que comía opípara y vorazmente. Cuentan que a pesar de que solo duró en el trono tres años, de los 14 a los 17, asombró a sus súbditos de Roma, no sólo por su glotonería sino por sus muchas excentricidades; era tan afeminado que vestía ropas de mujer y se casó con varios gladiadores. En sus famosos banquetes se complacía en gastar pesadas bromas a sus invitados; en uno de ellos, a la hora de los postres, cuando ya todos estaban afectados por la bebida, para aterrorizarlos, cerró todas las puertas y soltó una manada de fieras salvajes a las que previamente había hecho arrancar dientes y garras. No parece que la gula fuese su peor defecto. Aunque más famoso por su buen yantar se hizo Pantagruel, el protagonista de la obra del francés Rabelais, del siglo XVI, Gargantúa y su hijo Pantagruel. Su desmedido apetito y las comilonas con que se agasajaba pasaron a la posteridad, por lo que suele calificarse de pantagruélico el festín excesivo y copioso.

Luque Maricarmen

jueves, 2 de julio de 2009

Conservarla o eliminarla: La polémica h

Otras veces he traído a esta página la Historia de las Letras, ese libro fascinante que sobre las letras de nuestro alfabeto escribieron “al alimón”, es decir, conjuntamente, los autores Salvador y Lodares. Pero nunca les conté nada sobre la H; porque, en verdad, es una letra que no cae simpática. A nadie le hechiza la hache.
La hache no tiene hoy valor fonético, sin embargo conserva su valor ortográfico. La propia Academia reconoce que “la h, que en otro tiempo fue aspirada, carece hoy de valor fonológico y no es más que un signo ortográfico ocioso, mantenido por una tradición respetable”.
Pero la h tiene su historia: procede de la het, octava letra del alfabeto fenicio que sonaba como una jota suavemente aspirada. Los griegos la adoptaron manteniendo la aspiración, y así llegó a latín.
Hace dos mil años, los romanos no se ponían de acuerdo sobre si se debía pronunciar, insinuar o eliminar; y se suscitó tal polémica ante su conservación o eliminación, que un autor latino escribe que “se combatía por ella como se haría por la posesión de un reino”.
Hacia el siglo II la hache ya había perdido su sonido aspirado, por lo que todas las lenguas neolatinas o románicas, como la nuestra, que proceden del latín, no recibieron la h aspirada porque en latín no se aspiraba, pero sí la letra h porque estaba en la ortografía latina.
En las escrituras más antiguas en español puede no aparecer h en palabras que hoy la llevan; pero desde mediados del siglo XIII, con Alfonso X el Sabio, se recuperaron todas las haches por fidelidad a la ortografía latina, y pasando los siglos, quedó como norma académica dejar la h en todas las palabras que en latín la llevaban.
En el siglo XIX vuelve a surgir la polémica sobre la utilidad o inutilidad del uso de la letra, y a ambos lados del Atlántico se toman distintas posiciones.
En el momento actual el debate sigue abierto. Defensores y detractores esgrimen sus argumentos a favor o en contra del uso de la letra. Los hay de todos los gustos. Hasta humorísticos.
Decía Jardiel Poncela, autor español del siglo XX, que las cosas importantes de este mundo se escriben con h, y sin ella las nimiedades: Ayer y mañana no importan, lo importante es hoy; los principales alimentos se escriben con h: harina, huevo, hortaliza; la sal de la vida es el humor; el hombre, el rey de la creación.

Luque Maricarmen

La mímica del mimo

Les traigo hoy unas palabras de uso frecuente para que profundicemos en ellas, buscando su origen y rastreando en su historia.
Mimo es una palabra con dos acepciones distintas, según su procedencia. Si su origen es expresivo significa cariño, halago o demostración de ternura. Viene del sonido de la propia palabra, esa –m prolongada que acompaña tantas veces a la caricia misma.
El otro sentido de mimo corresponde a su origen griego, mimos. De ahí pasó al latín mimus, y del latín al español con el significado de: “actor que se vale exclusiva o preferentemente de gestos y de movimientos corporales para actuar ante el público”.
Entre griegos y romanos el mimo era un farsante del género cómico más bajo, un bufón hábil en gesticular y en imitar a otras personas en escena o fuera de ella. Y también llamaban mimo a la representación teatral festiva y generalmente obscena.
De mimo surgió la mímica, “expresión de sentimientos o acciones por medio de gestos o ademanes”: lenguaje mímico.
Participa del mismo origen y significación la palabra pantomima, “representación mediante posturas y gestos sin que intervengan las palabras”. Aunque en el lenguaje coloquial, alguien hace la pantomima cuando finge algo que no siente; por ejemplo:”Hacía la pantomima de que sufría, pero nadie se lo creía”.
En la Roma imperial eran frecuentes las pantomimas trágicas y cómicas, pero en el siglo VI fueron prohibidas por su carácter grosero.
Sin embargo, siglos después, entre el XVI y el XVIII, la pantomima resucitó alcanzando gran auge en Francia, Italia e Inglaterra, donde siempre aparecían elementos mímicos en las comedias.
Durante el siglo XIX, la pantomima se convierte en un espectáculo dotado de gran escenografía y riqueza de vestuario, basado en fantasías, con danzas y acrobacias. En el siglo XX, la pantomima, más sencilla y de temas cotidianos, adquiere enorme importancia gracias al cine mudo.
Si hurgan en su filmoteca, seguro que encontrarán películas del actor Charles Chaplin que hizo de la pantomima su gran creación. Disfrútenlas, porque merece la pena.

Luque Maricamen