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La Dichosa Palabra es un programa cultural que se transmite por Canal 22 de la Ciudad de México en donde se hace una apología de la cultura, los libros y el buen hablar de la lengua española. Este blog tiene la la finalidad de mejorar el uso de nuestro idioma. No tiene ninguna relación con el programa antes citado a excepción del objetivo.
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viernes, 11 de abril de 2014
Cambios en el alfabeto y en las reglas de escritura
Drásticos cambios en el alfabeto y en las reglas de escritura contiene
la nueva edición de Ortografía elaborada por la Real Academia Española
(RAE), que se publicará a fines de este año.
Entre las
modificaciones más llamativas está la eliminación de algunas letras del
alfabeto. Éstas son la "ch" y "ll", que fueron suprimidas formalmente de
la tabla del alfabeto, por lo que las letras del abecedario ahora pasan
a ser 27.
También la RAE decidió cambiarle el nombre a
algunas letras. De este modo, la "i griega" se llamará "ye". Con esto,
la "i latina" pasará a denominarse simplemente "i".
En
tanto, la "b" se llamará sólo "be" y la "v" sólo "uve" –y no "be alta",
"be larga", "ve baja" ni "ve corta"–. En el caso de la "w", se nominará
sólo "doble uve".
Respecto de la tilde, dejará de usarse
en la palabra "solo" incluso en casos de posible ambigüedad, como "voy
solo al cine", aunque no se condenará si alguien quiere utilizarla.
Tampoco
llevarán tilde "guión", "huí" y "truhán", debido a que se considera que
son palabras "monosílabas a efectos ortográficos", cualquiera sea la
forma de pronunciarlas.
Asimismo, se eliminará la tilde
entre números, por ejemplo "4 ó 5". La explicación es que esta regla se
basaba en que antes todo el mundo escribía a mano. Sin embargo, ahora se
toma en cuenta que tanto la máquina de escribir como el computador han
eliminado "el peligro de confundir la letra ‘o‘ con la cifra cero, que
es de tamaño mayor".
"Cuórum" y "Catar"
La
RAE decidió además en algunas palabras cambiar la "q" por la letra "c" o
"k", dependiendo del caso. Así, "Iraq" será "Irak", "Qatar" se
escribirá "Catar", "quásar" será "cuásar", y "quórum" ahora será
"cuórum".
Esto se debe a que en nuestro sistema de
escritura la letra "q" sólo representa al fonema "k" en la combinación
"qu" antes de la "e" o la "i", por lo que escribirla en estas otras
palabras "representa una incongruencia con las reglas".
Quienes
prefieran escribir estas palabras de la forma anterior, deberán hacerlo
como si fueran extranjerismos, es decir en cursiva y sin tilde.
Finalmente,
el prefijo "ex" se escribirá unido a la base léxica, en caso de que
afecte a una sola palabra. Por ejemplo: "exmarido", "exministro" y
"exdirector", pero continuará escribiéndose separado cuando se trate de
palabras compuestas, como "ex director general"
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sábado, 29 de diciembre de 2012
Magias y problemas del íncipit
La palabra “íncipit”, que viene del latín y significa “empieza” o
“comienza”, es el nombre que se le da al primer párrafo de cualquier
texto, ya sea una novela, un ensayo, un poema, un cuento, una encíclica
papal o un artículo periodístico. El mejor ejemplo es el íncipit más best seller de
todos, el de la Biblia, que sencilla y grandiosamente nos introduce en
medio de la acción y del escenario y nos presenta de una vez al
Protagonista:
“En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra”.
Otro ejemplar íncipit, aunque de tono más sencillo, es el del Quijote, con el que don Miguel de Cervantes, dizque dando un simple dato topográfico, nos intriga mediante la lateral alusión a un penoso asunto que por nada en el mundo querría recordar:
“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”
Si hubiera que traer un ejemplo más reciente y cercano, cuál mejor que el del íncipit de tan alta tensión narrativa de Pedro Páramo, que ya propone una obsesión y una búsqueda:
“Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.
Cualquier comienzo de un texto es un íncipit, pero no todos los íncipits enganchan al lector o quedan en la memoria. Si hay los que te animan a continuar leyendo un libro, también existen los que te causan sopor o soponcio, y los que son irrecordables a los cinco minutos de haberlos leído. Algunos buenos lectores e incluso algunos críticos muy serios han dicho que las primeras líneas de un libro alientan o desalientan a su lectura. Por eso hay escritores que “se matan” ante la cuartilla en blanco, devanándose los sesos para hallar el ¡ábrete, sésamo!, el íncipit que desencadene la imaginación, o el razonamiento, o la catarata de endecasílabos, y que, en fin, eche a andar la maquinaria verbal. No faltan los doctos o los irresponsables que recomiendan empezar por donde sea, o a media res, puesto que “para trazar un círculo se puede comenzar por cualquier parte”. Argumento circular si los hay, y solución no siempre acertada, pues no todos los comienzos tienen la garra, the it, el abracadabra, le charme del íncipit que apenas ha brotado en la página lo sentimos llegado para quedarse. Por lo contrario, aun siendo yo un proustiano devoto, no creo que se podría animar a nadie a leer el libro enorme y exquisito de don Marcel citando la línea tan banal, tan insípidamente cotidiana, y tan sin gracia, que lo inicia:
“Por largo tiempo me he acostado temprano”.
En contraparte, hay íncipits como el de La metamorfosis, de Kafka, que te fascinan y te arrastran hacia el inquietante curso del relato:
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.
Tómese en cuenta que así como hay el íncipit que propicia y engendra el libro, en cambio existe el íncipit que de entrada ha comenzado a destruirlo.
La verdad es que no se conoce una fórmula, una receta, un método para el íncipit. Intuimos que hay una clase de íncipit que en estos tiempos ya es obsoleto y aberrante, y que sólo se atrevería a usarlo un escritor con vocación suicida como tal. Umberto Eco ha dicho que ya nadie osaría comenzar un cuento de modo tan lindo, cándido y desastroso como:
“Era un alegre día de primavera, el sol lucía y los pájaros cantaban.”
Aunque, ¿quién sabe?, quizá un íncipit así tenga razón de ser si se le escribiera en sentido irónico, o paródico, o cómico, o en una demostración de la cursilería de cierto autor de bigote de manubrio y con espíritu de pianola con vista al mar.
El íncipit es un animal misterioso, escurridizo, de difícil clasificación y de ardua reducción a fórmula, a regla de manual de redacción. No hay instructivo de “how to make it”. Se sabe, por ejemplo, que ciertos atendibles autores recomiendan empezar el escrito con una oración larga y circunvolutiva (como la del íncipit del Quijote), de modo que envuelva y cautive al lector del relato, y otros autores igualmente atendibles aconsejan el íncipit de oración breve (como el del libro de Proust) para capturarnos en la red de largos periodos que se extiende por los siete gruesos tomos de A la recherche du temps perdu.
Y…
No es posible concluir este desconcertado artículo sin mencionar “El dinosaurio”, el célebre relato de Augusto Monterroso que ejerce la maravilla de ser a la vez un mero íncipit y el cuento completo:
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”
“En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra”.
Otro ejemplar íncipit, aunque de tono más sencillo, es el del Quijote, con el que don Miguel de Cervantes, dizque dando un simple dato topográfico, nos intriga mediante la lateral alusión a un penoso asunto que por nada en el mundo querría recordar:
“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”
Si hubiera que traer un ejemplo más reciente y cercano, cuál mejor que el del íncipit de tan alta tensión narrativa de Pedro Páramo, que ya propone una obsesión y una búsqueda:
“Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.
Cualquier comienzo de un texto es un íncipit, pero no todos los íncipits enganchan al lector o quedan en la memoria. Si hay los que te animan a continuar leyendo un libro, también existen los que te causan sopor o soponcio, y los que son irrecordables a los cinco minutos de haberlos leído. Algunos buenos lectores e incluso algunos críticos muy serios han dicho que las primeras líneas de un libro alientan o desalientan a su lectura. Por eso hay escritores que “se matan” ante la cuartilla en blanco, devanándose los sesos para hallar el ¡ábrete, sésamo!, el íncipit que desencadene la imaginación, o el razonamiento, o la catarata de endecasílabos, y que, en fin, eche a andar la maquinaria verbal. No faltan los doctos o los irresponsables que recomiendan empezar por donde sea, o a media res, puesto que “para trazar un círculo se puede comenzar por cualquier parte”. Argumento circular si los hay, y solución no siempre acertada, pues no todos los comienzos tienen la garra, the it, el abracadabra, le charme del íncipit que apenas ha brotado en la página lo sentimos llegado para quedarse. Por lo contrario, aun siendo yo un proustiano devoto, no creo que se podría animar a nadie a leer el libro enorme y exquisito de don Marcel citando la línea tan banal, tan insípidamente cotidiana, y tan sin gracia, que lo inicia:
“Por largo tiempo me he acostado temprano”.
En contraparte, hay íncipits como el de La metamorfosis, de Kafka, que te fascinan y te arrastran hacia el inquietante curso del relato:
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.
Tómese en cuenta que así como hay el íncipit que propicia y engendra el libro, en cambio existe el íncipit que de entrada ha comenzado a destruirlo.
La verdad es que no se conoce una fórmula, una receta, un método para el íncipit. Intuimos que hay una clase de íncipit que en estos tiempos ya es obsoleto y aberrante, y que sólo se atrevería a usarlo un escritor con vocación suicida como tal. Umberto Eco ha dicho que ya nadie osaría comenzar un cuento de modo tan lindo, cándido y desastroso como:
“Era un alegre día de primavera, el sol lucía y los pájaros cantaban.”
Aunque, ¿quién sabe?, quizá un íncipit así tenga razón de ser si se le escribiera en sentido irónico, o paródico, o cómico, o en una demostración de la cursilería de cierto autor de bigote de manubrio y con espíritu de pianola con vista al mar.
El íncipit es un animal misterioso, escurridizo, de difícil clasificación y de ardua reducción a fórmula, a regla de manual de redacción. No hay instructivo de “how to make it”. Se sabe, por ejemplo, que ciertos atendibles autores recomiendan empezar el escrito con una oración larga y circunvolutiva (como la del íncipit del Quijote), de modo que envuelva y cautive al lector del relato, y otros autores igualmente atendibles aconsejan el íncipit de oración breve (como el del libro de Proust) para capturarnos en la red de largos periodos que se extiende por los siete gruesos tomos de A la recherche du temps perdu.
Y…
No es posible concluir este desconcertado artículo sin mencionar “El dinosaurio”, el célebre relato de Augusto Monterroso que ejerce la maravilla de ser a la vez un mero íncipit y el cuento completo:
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”
Los inmortales del momento
José de la Colina
Artículo aparecido en el periódico Milenio, Edición Nacional, el 16/09/2012 en la sección de Cultura.
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lunes, 10 de octubre de 2011
Nueva edición del Diccionario de la Lengua Española. Adiciones: sunami, chiste verde, obrón, grafito, grafitero, libro electrónico, broker, espray.
Maricarmen Luque
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lunes, 3 de octubre de 2011
Palabras feas: sudadera, moquero, miadero. Historia de la lengua
Maricarmen Luque
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domingo, 25 de septiembre de 2011
miércoles, 10 de marzo de 2010
El primer diccionario de la lengua española
Un lector curioso me pregunta cuándo se publicó el primer diccionario de nuestra lengua. Y por si alguien más siente la misma curiosidad, se lo cuento. El primer diccionario de español monolingüe, es decir, con las definiciones de las palabras en el propio idioma, fue publicado en 1611 y se llamó Tesoro de la lengua española o castellana. Su autor, el licenciado don Sebastián de Covarrubias Orozco, capellán del rey Felipe III, realizó una obra ingente y de un valor extraordinario, primera de ese tipo publicada en Europa.
Un siglo después, fue fundada la Real Academia Española de la Lengua a instancias del Marqués de Villena en 1713, reinando Felipe V. El primer trabajo académico de esta institución fue el diccionario, que se publicó en 1726.
Diccionario de autoridades se llamó este primer diccionario académico, por ser las autoridades de la lengua, es decir, los escritores de mayor prestigio hasta el momento, las fuentes que se utilizaron para su elaboración.
En la segunda página aparece: “Como base y fundamento de este diccionario se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”. El Diccionario de autoridades intenta establecer un modelo lingüístico y de estandarización del castellano del siglo XVIII, tomando como modelo el Tesoro de la lengua española o castellana, su mejor precursor.
La obra se hizo en 6 tomos y se acabó en 1739, trece años después de su comienzo. A lo largo de los siglos se han hecho muchas más ediciones del diccionario académico: tres en el siglo XVIII, diez en el siglo XIX, ocho en el siglo XX, y la última, la vigésima segunda, en el año 2001.
Sucesivas ediciones que van reflejando la evolución de la lengua, una lengua que pasó de ser patrimonio de unos pocos, a pertenecer a más de cuatrocientos millones de hablantes repartidos por el mundo.
La normativa y el arbitraje, consensuados entre las veintidós academias de la lengua española, nos llevan a caminar de la mano, unidos hacia el engrandecimiento del español. Una lengua única y diversa, con las peculiaridades de cada lugar en que se habla, pero entendiéndonos todos en el mismo idioma. Un privilegio.
Luque Maricarmen

Un siglo después, fue fundada la Real Academia Española de la Lengua a instancias del Marqués de Villena en 1713, reinando Felipe V. El primer trabajo académico de esta institución fue el diccionario, que se publicó en 1726.
Diccionario de autoridades se llamó este primer diccionario académico, por ser las autoridades de la lengua, es decir, los escritores de mayor prestigio hasta el momento, las fuentes que se utilizaron para su elaboración.
En la segunda página aparece: “Como base y fundamento de este diccionario se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”. El Diccionario de autoridades intenta establecer un modelo lingüístico y de estandarización del castellano del siglo XVIII, tomando como modelo el Tesoro de la lengua española o castellana, su mejor precursor.
La obra se hizo en 6 tomos y se acabó en 1739, trece años después de su comienzo. A lo largo de los siglos se han hecho muchas más ediciones del diccionario académico: tres en el siglo XVIII, diez en el siglo XIX, ocho en el siglo XX, y la última, la vigésima segunda, en el año 2001.
Sucesivas ediciones que van reflejando la evolución de la lengua, una lengua que pasó de ser patrimonio de unos pocos, a pertenecer a más de cuatrocientos millones de hablantes repartidos por el mundo.
La normativa y el arbitraje, consensuados entre las veintidós academias de la lengua española, nos llevan a caminar de la mano, unidos hacia el engrandecimiento del español. Una lengua única y diversa, con las peculiaridades de cada lugar en que se habla, pero entendiéndonos todos en el mismo idioma. Un privilegio.
Luque Maricarmen
miércoles, 1 de julio de 2009
En defensa de la lengua española
Siempre que se produce algún hecho o novedad que atañe a nuestra lengua, ustedes lo saben, hago partícipe de él a todos los que me siguen a través de estas líneas. Hoy preferiría no tener que pasarles la noticia. Porque la noticia es la reivindicación del uso, en todo el territorio español, de la lengua común de todos los españoles.
Ha sido necesaria la publicación del Manifiesto por la Lengua Común, promovido por un grupo de intelectuales de variadas tendencias, Fernando Savater, Fernando Vargas Llosa, Gregorio Salvador, Manuel Seco, entre otros, para despertar la conciencia colectiva al reconocimiento del patrimonio cultural que compartimos más de cuatrocientos millones de hablantes: el español o castellano.
Defiende el Manifiesto que el conocimiento y defensa del idioma oficial no se contrapone con los de las otras lenguas vernáculas.
Que el español es la lengua oficial de España. Que debe ser respetado y defendido el acceso a ella de todos los españoles, y el de todos los que sin serlo, viven en España. Y respetado el derecho a ser educados en la lengua oficial del país, sea cual fuere su lengua materna. Que las lenguas cooficiales deben figurar en los planes de estudio, pero nunca como lengua vehicular exclusiva.
Y que cualquier ciudadano que viva en una comunidad bilingüe debe tener la posibilidad de ser entendido y atendido en cualquiera de las dos lenguas oficiales del lugar. Pero, sobre todo, en la lengua oficial del país en que vive.
Y esa lengua, amigos, es el español o castellano; la lengua más extendida del planeta; el segundo idioma más estudiado en el mundo.
La conservación y difusión de las lenguas que conviven en España con el castellano no debe hacerse desde criterios cerrados, cicateros y reduccionistas, sino con mentalidad abierta, moderna e integradora, para que todos los españoles nos sintamos unidos en un esfuerzo común por rescatar valores culturales comunes.
Luque Maricarmen
Ha sido necesaria la publicación del Manifiesto por la Lengua Común, promovido por un grupo de intelectuales de variadas tendencias, Fernando Savater, Fernando Vargas Llosa, Gregorio Salvador, Manuel Seco, entre otros, para despertar la conciencia colectiva al reconocimiento del patrimonio cultural que compartimos más de cuatrocientos millones de hablantes: el español o castellano.
Defiende el Manifiesto que el conocimiento y defensa del idioma oficial no se contrapone con los de las otras lenguas vernáculas.
Que el español es la lengua oficial de España. Que debe ser respetado y defendido el acceso a ella de todos los españoles, y el de todos los que sin serlo, viven en España. Y respetado el derecho a ser educados en la lengua oficial del país, sea cual fuere su lengua materna. Que las lenguas cooficiales deben figurar en los planes de estudio, pero nunca como lengua vehicular exclusiva.
Y que cualquier ciudadano que viva en una comunidad bilingüe debe tener la posibilidad de ser entendido y atendido en cualquiera de las dos lenguas oficiales del lugar. Pero, sobre todo, en la lengua oficial del país en que vive.
Y esa lengua, amigos, es el español o castellano; la lengua más extendida del planeta; el segundo idioma más estudiado en el mundo.
La conservación y difusión de las lenguas que conviven en España con el castellano no debe hacerse desde criterios cerrados, cicateros y reduccionistas, sino con mentalidad abierta, moderna e integradora, para que todos los españoles nos sintamos unidos en un esfuerzo común por rescatar valores culturales comunes.
Luque Maricarmen
Las palabras hacen camino al andar
Sobre la enorme influencia del árabe en nuestra lengua ya hemos tratado en este espacio, y vuelvo a ello ante la pregunta de uno de nuestros amigos lectores que se interesa por la palabra aljamiado. Y aunque no es este un vocablo que nos vayamos a encontrar a cada paso, bueno es saber su significado por si alguna vez nos lo tropezamos.
De su origen árabe no hay duda por empezar con la sílaba –al, lo mismo que cientos de arabismos que utilizamos en español (alguacil, alhaja, albornoz, alquimia, alberca) y que, en realidad, es el artículo determinado de esa lengua.
Aljamiado procede de la palabra al’jamía, nombre que durante la dominación musulmana daban los árabes a las lenguas que hablaban los cristianos de la Península Ibérica.
Son textos aljamiados los que están en castellano, pero transcritos con caracteres árabes; también lo son los textos judeoespañoles transcritos con caracteres hebreos. Ambos son el testimonio de la larga convivencia entre cristianos, árabes y judíos en España.
Y ya dentro del tema, no está de más saber que el nombre del alfabeto árabe es alifato, por ser alif su primera letra; como alefato es el del alfabeto hebreo, por llamarse su primera letra, alef. Y no dejamos de constatar la presencia de la lengua árabe en el español en palabras como alcancía, del árabe alkanciyya, “la caja para atesorar”; alcázar, de alqásr, que es “palacio” y alférez, de la palabra alfáris, “jinete”.
De alhúmbra, que era el tapiz para cubrir el piso, nos llegó alfombra y de almuhádda, “lugar donde se apoya la mejilla”, tenemos almohada.
Y, fíjense, que los árabes llaman a su lengua al’arabyya; pero como aquellos cristianos de España no la entendían y les sonaba como una lengua confusa e ininteligible, designaron con ese mismo nombre, ya castellanizado, algarabía, a cualquier “lengua o escritura que no se entiende”; significado que hoy permanece y que comparte con la “gritería confusa de varias personas que hablan a un tiempo”. Como ven, amigos, también las palabras hacen camino al andar.
Luque Maricarmen
De su origen árabe no hay duda por empezar con la sílaba –al, lo mismo que cientos de arabismos que utilizamos en español (alguacil, alhaja, albornoz, alquimia, alberca) y que, en realidad, es el artículo determinado de esa lengua.
Aljamiado procede de la palabra al’jamía, nombre que durante la dominación musulmana daban los árabes a las lenguas que hablaban los cristianos de la Península Ibérica.
Son textos aljamiados los que están en castellano, pero transcritos con caracteres árabes; también lo son los textos judeoespañoles transcritos con caracteres hebreos. Ambos son el testimonio de la larga convivencia entre cristianos, árabes y judíos en España.
Y ya dentro del tema, no está de más saber que el nombre del alfabeto árabe es alifato, por ser alif su primera letra; como alefato es el del alfabeto hebreo, por llamarse su primera letra, alef. Y no dejamos de constatar la presencia de la lengua árabe en el español en palabras como alcancía, del árabe alkanciyya, “la caja para atesorar”; alcázar, de alqásr, que es “palacio” y alférez, de la palabra alfáris, “jinete”.
De alhúmbra, que era el tapiz para cubrir el piso, nos llegó alfombra y de almuhádda, “lugar donde se apoya la mejilla”, tenemos almohada.
Y, fíjense, que los árabes llaman a su lengua al’arabyya; pero como aquellos cristianos de España no la entendían y les sonaba como una lengua confusa e ininteligible, designaron con ese mismo nombre, ya castellanizado, algarabía, a cualquier “lengua o escritura que no se entiende”; significado que hoy permanece y que comparte con la “gritería confusa de varias personas que hablan a un tiempo”. Como ven, amigos, también las palabras hacen camino al andar.
Luque Maricarmen
Entendimiento recíproco
Hay muchos términos que se refieren a la forma de comunicarse de los hablantes, y como cada uno tiene sus propias características, sería bueno precisar sus significados. Así se disiparán dudas sobre cuál de ellos debemos emplear.
La discusión es la acción de hablar de dos o más personas sobre algo alegando razones contrarias. El complemento del verbo discutir, es decir, lo que se discute, puede ir sin preposición: discutían el precio, o introducido por sobre, de o acerca de: discutían sobre el precio, del precio o acerca del precio.
Mediante la discusión se trata de conseguir un acuerdo.
El debate o controversia es la contienda de opiniones contrapuestas sobre un tema entre dos o más interlocutores. Hoy se está generalizando en los medios de comunicación “mantener debates” acerca de temas de actualidad.
En el debate, los contendientes no tratan de llegar a una solución o acuerdo, sino de mostrar diferentes puntos de vista sobre algo que se plantea.
En el coloquio, que es la reunión de varias personas para debatir un problema o discutir sobre un tema planteado, tampoco se persigue llegar a un acuerdo.
El diálogo es la plática entre dos o más individuos que alternativamente exponen sus ideas, las cuales pueden ser o no coincidentes; si no lo son, mediante el diálogo se busca el acuerdo o avenencia.
Como se ve, en la discusión existe la intención de alcanzar una solución; el debate sirve más bien para contrastar puntos de vista distintos. El coloquio es una simple conversación entre varias personas interesadas en un tema común; pero el diálogo supone un hecho intencionado de acercamiento y conciliación entre diferentes posturas.
Naturalmente, se produce con frecuencia un cruce o encuentro entre estos términos, pues en un debate puede surgir una discusión, y de una discusión derivarse un diálogo.
El diálogo y la discusión son espontáneos, no así el coloquio y el debate, por estar planeados.
Pero lo importante, amigos, es que todos conduzcan al fin primordial de la lengua: el entendimiento recíproco.
La discusión es la acción de hablar de dos o más personas sobre algo alegando razones contrarias. El complemento del verbo discutir, es decir, lo que se discute, puede ir sin preposición: discutían el precio, o introducido por sobre, de o acerca de: discutían sobre el precio, del precio o acerca del precio.
Mediante la discusión se trata de conseguir un acuerdo.
El debate o controversia es la contienda de opiniones contrapuestas sobre un tema entre dos o más interlocutores. Hoy se está generalizando en los medios de comunicación “mantener debates” acerca de temas de actualidad.
En el debate, los contendientes no tratan de llegar a una solución o acuerdo, sino de mostrar diferentes puntos de vista sobre algo que se plantea.
En el coloquio, que es la reunión de varias personas para debatir un problema o discutir sobre un tema planteado, tampoco se persigue llegar a un acuerdo.
El diálogo es la plática entre dos o más individuos que alternativamente exponen sus ideas, las cuales pueden ser o no coincidentes; si no lo son, mediante el diálogo se busca el acuerdo o avenencia.
Como se ve, en la discusión existe la intención de alcanzar una solución; el debate sirve más bien para contrastar puntos de vista distintos. El coloquio es una simple conversación entre varias personas interesadas en un tema común; pero el diálogo supone un hecho intencionado de acercamiento y conciliación entre diferentes posturas.
Naturalmente, se produce con frecuencia un cruce o encuentro entre estos términos, pues en un debate puede surgir una discusión, y de una discusión derivarse un diálogo.
El diálogo y la discusión son espontáneos, no así el coloquio y el debate, por estar planeados.
Pero lo importante, amigos, es que todos conduzcan al fin primordial de la lengua: el entendimiento recíproco.
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“Un árbol sin hojas que da sombra”: El Premio Cervantes a Juan Gelman
México, más que otro país, se sentirá feliz y orgulloso de que un gran poeta, que eligió su suelo para gozar de la etapa más plena de su vida, la de recapitulaciones, encuentros y compensaciones, haya sido galardonado con uno de los premios más importantes que se otorga a algunos escritores en lengua española: el Cervantes.
En la ciudad de Alcalá de Henares, cuna del insigne escritor que da nombre al galardón, Juan Gelman recogió el trofeo de manos de los Reyes de España.
Y recoge en él el reconocimiento a un gran escritor, a un hombre que ha batallado contra la injusticia hasta perder el aliento, pero no la palabra. La palabra hecha poesía que le ha acompañado desde que era niño y se ha convertido en su aliada.
Porque el argentino Juan Gelman sufrió en sus propias carnes la crueldad de la dictadura de su país: fue condenado dos veces a muerte; secuestraron, torturaron y asesinaron a un hijo suyo, y a su nuera, una joven de 19 años, embarazada de siete meses, cuando dio a luz, la asesinaron también y dieron a su bebé en adopción.
A partir de ese momento el objetivo de su vida fue encontrar a esa criatura, algo que consiguió al cabo de años de lucha sin desmayo, en 2000, en Paraguay.
Y abrazado a esa nieta, y a tres nietos más, ha vivido en estos días una hermosa experiencia. La poesía de Gelman es el testimonio de una vida desgarrada, de una búsqueda constante de la verdad: “la única diosa que los hombres no quieren ver desnuda”, según sus propias palabras.
Alejado de causas y partidos políticos, hoy sólo “busca, como todo el mundo, la paz y la justicia”. El poeta define la poesía como “un árbol sin hojas que da sombra”; no la considera un arma, ni un bálsamo, ni un compromiso, sino una necesidad. Y del exilio, que le llevó por varias ciudades europeas, hasta su llegada a México, donde reside desde finales de los años ochenta, rescata un aspecto enriquecedor.
Luque Maricarmen
En la ciudad de Alcalá de Henares, cuna del insigne escritor que da nombre al galardón, Juan Gelman recogió el trofeo de manos de los Reyes de España.
Y recoge en él el reconocimiento a un gran escritor, a un hombre que ha batallado contra la injusticia hasta perder el aliento, pero no la palabra. La palabra hecha poesía que le ha acompañado desde que era niño y se ha convertido en su aliada.
Porque el argentino Juan Gelman sufrió en sus propias carnes la crueldad de la dictadura de su país: fue condenado dos veces a muerte; secuestraron, torturaron y asesinaron a un hijo suyo, y a su nuera, una joven de 19 años, embarazada de siete meses, cuando dio a luz, la asesinaron también y dieron a su bebé en adopción.
A partir de ese momento el objetivo de su vida fue encontrar a esa criatura, algo que consiguió al cabo de años de lucha sin desmayo, en 2000, en Paraguay.
Y abrazado a esa nieta, y a tres nietos más, ha vivido en estos días una hermosa experiencia. La poesía de Gelman es el testimonio de una vida desgarrada, de una búsqueda constante de la verdad: “la única diosa que los hombres no quieren ver desnuda”, según sus propias palabras.
Alejado de causas y partidos políticos, hoy sólo “busca, como todo el mundo, la paz y la justicia”. El poeta define la poesía como “un árbol sin hojas que da sombra”; no la considera un arma, ni un bálsamo, ni un compromiso, sino una necesidad. Y del exilio, que le llevó por varias ciudades europeas, hasta su llegada a México, donde reside desde finales de los años ochenta, rescata un aspecto enriquecedor.
Luque Maricarmen
La vitalidad del latín
Muchas veces lo he dicho. Todos los que hablamos una lengua románica, es decir, procedente del latín, deberíamos tener, al menos, unos conocimientos rudimentarios de esa lengua. Pero con los vientos que corren, el pragmatismo manda incluso en la esfera de la educación, y “distraer” al estudiante adquiriendo conocimientos sobre una lengua muerta, aunque haya sido la más importante lengua de cultura hablada por la mayor cantidad de individuos a la vez, durante el periodo más largo de la historia, es “desviar” al hombre moderno del sentido práctico que debe guiar su formación. Y así vemos cómo va desapareciendo de los planes de estudio de la mayoría de las escuelas del mundo.
Sin embargo, hoy les traigo la noticia de un profesor de filología clásica de la Universidad de Munich, que a lo largo de 36 años de docencia, y todavía hoy, trata de rescatar el interés y la pasión por el estudio del latín.
El profesor Stroh, también conocido como “Valahfridus”, está considerado como el hombre que mejor habla esta lengua en el mundo. Ha enseñado el idioma latino como cualquier otra lengua moderna viva, mediante la conversación, la lectura comentada de los grandes autores latinos, Horacio, Petrarca, Ovidio, etcétera, e incluso representando con sus alumnos obras de teatro de dramaturgos latinos, en latín, naturalmente.
Ha sacado el latín a la calle participando en programas de televisión, y en los años 90 tomaba parte en manifestaciones de protesta con pancartas y canciones en latín.
Su lucha por resucitar esta lengua clásica incluye numerosas obras publicadas. La última, El latín ha muerto, ¡viva el latín!, llegó a entrar en la lista de los libros más vendidos. Gracias a su entusiasmo y al de otros colegas, nuevas generaciones de estudiantes alemanes de filología clásica son capaces de entenderse en esta lengua, y desde el año 2000 ha aumentado en casi un millón el número de estudiantes que han decidido aprenderlo.
¡Salve, magister, amantes linguae latinae te salutant!
Luque Maricarmen
Sin embargo, hoy les traigo la noticia de un profesor de filología clásica de la Universidad de Munich, que a lo largo de 36 años de docencia, y todavía hoy, trata de rescatar el interés y la pasión por el estudio del latín.
El profesor Stroh, también conocido como “Valahfridus”, está considerado como el hombre que mejor habla esta lengua en el mundo. Ha enseñado el idioma latino como cualquier otra lengua moderna viva, mediante la conversación, la lectura comentada de los grandes autores latinos, Horacio, Petrarca, Ovidio, etcétera, e incluso representando con sus alumnos obras de teatro de dramaturgos latinos, en latín, naturalmente.
Ha sacado el latín a la calle participando en programas de televisión, y en los años 90 tomaba parte en manifestaciones de protesta con pancartas y canciones en latín.
Su lucha por resucitar esta lengua clásica incluye numerosas obras publicadas. La última, El latín ha muerto, ¡viva el latín!, llegó a entrar en la lista de los libros más vendidos. Gracias a su entusiasmo y al de otros colegas, nuevas generaciones de estudiantes alemanes de filología clásica son capaces de entenderse en esta lengua, y desde el año 2000 ha aumentado en casi un millón el número de estudiantes que han decidido aprenderlo.
¡Salve, magister, amantes linguae latinae te salutant!
Luque Maricarmen
Ha nacido Wikilengua
Les paso hoy una noticia, que seguro les interesa, como a mí.
Acaba de ser presentado en España, por todo lo alto, el proyecto hecho realidad de un espacio en Internet dedicado a la lengua española; su nombre: Wikilengua. La Real Academia de la Lengua del siglo XXI no podía dar la espalda a Internet.
Se trata, como otras wikis, de una página del ciberespacio (ámbito artificial creado por medios informáticos) que recibirá las aportaciones lingüísticas de quien entre en ella, aportaciones que, naturalmente, pasarán por el filtro de la supervisión de los expertos.
La página de Wikilengua (www.wikilengua.org) supondrá una inmensa red de autopistas de acceso al trabajo de las academias; un espacio para intercambiar opiniones y estudios. Es una enciclopedia participativa hecha por y para los copropietarios del idioma; un medio excelente para fomentar la conciencia del patrimonio que supone la lengua española.
El director de la Real Academia, Víctor García de la Concha, señaló que la misión de la Academia es “tener abiertos los ojos y los oídos a quien hace la lengua: el pueblo”; “ver hacia dónde va el idioma y, a partir de ahí, dictar la norma”; “levantar acta de lo que el pueblo entiende por correcto en el uso de la lengua”.
Conviene aclarar, sin embargo, que esta página no es una obra de referencia, como el Diccionario o la Gramática, ni un consultorio lingüístico, sino un espacio para la reflexión sobre el idioma, ese gran instrumento de la inteligencia humana; un medio dedicado a una lengua que cree en la democracia y que debe servir para que nos entendamos y, sobre todo, nos comprendamos.,p>Y lo bueno de la red es que se puede participar en ella sin capital, pues, en palabras de uno de los financieros que participó en el acto de inauguración, Internet no sólo está haciendo un mundo más justo y democrático, de mayores oportunidades, sino que ha hecho bueno el viejo dicho latino de: navigare necessarium est (navegar es necesario).
Luque Maricarmen
Acaba de ser presentado en España, por todo lo alto, el proyecto hecho realidad de un espacio en Internet dedicado a la lengua española; su nombre: Wikilengua. La Real Academia de la Lengua del siglo XXI no podía dar la espalda a Internet.
Se trata, como otras wikis, de una página del ciberespacio (ámbito artificial creado por medios informáticos) que recibirá las aportaciones lingüísticas de quien entre en ella, aportaciones que, naturalmente, pasarán por el filtro de la supervisión de los expertos.
La página de Wikilengua (www.wikilengua.org) supondrá una inmensa red de autopistas de acceso al trabajo de las academias; un espacio para intercambiar opiniones y estudios. Es una enciclopedia participativa hecha por y para los copropietarios del idioma; un medio excelente para fomentar la conciencia del patrimonio que supone la lengua española.
El director de la Real Academia, Víctor García de la Concha, señaló que la misión de la Academia es “tener abiertos los ojos y los oídos a quien hace la lengua: el pueblo”; “ver hacia dónde va el idioma y, a partir de ahí, dictar la norma”; “levantar acta de lo que el pueblo entiende por correcto en el uso de la lengua”.
Conviene aclarar, sin embargo, que esta página no es una obra de referencia, como el Diccionario o la Gramática, ni un consultorio lingüístico, sino un espacio para la reflexión sobre el idioma, ese gran instrumento de la inteligencia humana; un medio dedicado a una lengua que cree en la democracia y que debe servir para que nos entendamos y, sobre todo, nos comprendamos.,p>Y lo bueno de la red es que se puede participar en ella sin capital, pues, en palabras de uno de los financieros que participó en el acto de inauguración, Internet no sólo está haciendo un mundo más justo y democrático, de mayores oportunidades, sino que ha hecho bueno el viejo dicho latino de: navigare necessarium est (navegar es necesario).
Luque Maricarmen
miércoles, 13 de mayo de 2009
El zápara: Una lengua en agonía
Hace tiempo, ya años, me encontré con una noticia en un periódico que me emocionó. Y es que, aunque no se lo crean, a veces puede uno encontrarse en la prensa noticias conmovedoras. Y por eso hoy la traigo aquí, porque aunque algunos ya la conozcan, no resisto la tentación de que la lean los que aún la ignoran.
Se trata del rescate de una lengua que estaba a punto de morir, de desaparecer porque también lo estaban sus últimos hablantes. La lengua es el zápara, perteneciente a la tribu indígena del mismo nombre, de la amazonia ecuatoriana. Sólo cinco personas ancianas lo hablaban, y a marchas forzadas, con la urgencia del tiempo que se escapa, se fue transmitiendo a un grupo de niños záparas. Saludos, canciones y leyendas brotaban de los labios de los ancianos y eran recogidos por las grabadoras y los atentos oídos de los niños, que escuchaban embelesados las voces casi mágicas de sus mayores.
El resultado es que tanto la lengua como el pueblo zápara fueron declarados patrimonio de la humanidad. Una colectividad de algo más de doscientos individuos ubicados en el nacimiento del río Conambo, en la amazonia ecuatoriana, son los que quedan de una comunidad numerosa, que fueron invadidos y diezmados por grupos jíbaros.
La guerra entre Perú y Ecuador, en 1941, y la desertización de la zona por la explotación del caucho fueron causa de dispersión del pueblo zápara, por lo que los mayores pensaron que había llegado el momento de que desaparecieran de la tierra su idioma y sus costumbres. Pero los pocos jóvenes que quedan decidieron lo contrario: la salvación.
Y para ello emprendieron la encomiable tarea de rescatar de los labios y la memoria de los mayores su lengua y sus tradiciones. Y en ello están.
Sorprende hoy, amigos, y es digno de resaltar, que alguien ponga la mente y el esfuerzo en una empresa cultural, altruista y hermosa como la que les comento, ¿no les parece
Luque Maricarmen
Se trata del rescate de una lengua que estaba a punto de morir, de desaparecer porque también lo estaban sus últimos hablantes. La lengua es el zápara, perteneciente a la tribu indígena del mismo nombre, de la amazonia ecuatoriana. Sólo cinco personas ancianas lo hablaban, y a marchas forzadas, con la urgencia del tiempo que se escapa, se fue transmitiendo a un grupo de niños záparas. Saludos, canciones y leyendas brotaban de los labios de los ancianos y eran recogidos por las grabadoras y los atentos oídos de los niños, que escuchaban embelesados las voces casi mágicas de sus mayores.
El resultado es que tanto la lengua como el pueblo zápara fueron declarados patrimonio de la humanidad. Una colectividad de algo más de doscientos individuos ubicados en el nacimiento del río Conambo, en la amazonia ecuatoriana, son los que quedan de una comunidad numerosa, que fueron invadidos y diezmados por grupos jíbaros.
La guerra entre Perú y Ecuador, en 1941, y la desertización de la zona por la explotación del caucho fueron causa de dispersión del pueblo zápara, por lo que los mayores pensaron que había llegado el momento de que desaparecieran de la tierra su idioma y sus costumbres. Pero los pocos jóvenes que quedan decidieron lo contrario: la salvación.
Y para ello emprendieron la encomiable tarea de rescatar de los labios y la memoria de los mayores su lengua y sus tradiciones. Y en ello están.
Sorprende hoy, amigos, y es digno de resaltar, que alguien ponga la mente y el esfuerzo en una empresa cultural, altruista y hermosa como la que les comento, ¿no les parece
Luque Maricarmen
Centenario de El cantar del Mío Cid
Este es un año especial para todos los hispanohablantes. 2007 es el año en que se celebra institucionalmente el VIII centenario de la publicación del libro más antiguo escrito en lengua castellana, El Cantar de Mío Cid.
En realidad no se sabe con certeza cuándo ni quién lo escribió, pero fue en 1207 cuando apareció la copia manuscrita atribuida al monje Per Abbat.
El Cantar de Mío Cid, un cantar de gesta que narra las hazañas, venturas y desventuras del caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, quien a pesar de la firme e inquebrantable lealtad a su rey, Alfonso VI, para quien conquistó tierras a los moros en victoriosas campañas, es desterrado a causa de las calumnias de cortesanos envidiosos.
La obra narra en verso la desgracia de este valiente soldado y caballero que tiene que abandonar sus tierras y a su familia para marchar al destierro, y su paso por los mismos campos y ciudades que antes fueron testigos de su gloria.
El Cid, cuya fama de buen soldado es conocida hasta los más recónditos rincones de Castilla, atraviesa todos esos lugares, acompañado de unos pocos fieles, sin que nadie ose ofrecerle hospitalidad, pues a su paso se cierran puertas y ventanas ante el temor a la represalia anunciada por el rey a quien lo acogiera en su casa: “sería despojado de sus bienes y hasta los ojos perdería”.
Y 800 años después de la salida a la luz de este poema épico, se crea una ruta cultural que quedará institucionalizada, el Camino del Cid, y que recorrerá aquellos lugares que supuestamente el Cid recorrió camino del destierro.
Aquel glorioso personaje de quien el propio autor escribió: “¡Dios, que buen vasallo si tuviese un buen señor!”.
Luque Maricarmen
En realidad no se sabe con certeza cuándo ni quién lo escribió, pero fue en 1207 cuando apareció la copia manuscrita atribuida al monje Per Abbat.
El Cantar de Mío Cid, un cantar de gesta que narra las hazañas, venturas y desventuras del caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, quien a pesar de la firme e inquebrantable lealtad a su rey, Alfonso VI, para quien conquistó tierras a los moros en victoriosas campañas, es desterrado a causa de las calumnias de cortesanos envidiosos.
La obra narra en verso la desgracia de este valiente soldado y caballero que tiene que abandonar sus tierras y a su familia para marchar al destierro, y su paso por los mismos campos y ciudades que antes fueron testigos de su gloria.
El Cid, cuya fama de buen soldado es conocida hasta los más recónditos rincones de Castilla, atraviesa todos esos lugares, acompañado de unos pocos fieles, sin que nadie ose ofrecerle hospitalidad, pues a su paso se cierran puertas y ventanas ante el temor a la represalia anunciada por el rey a quien lo acogiera en su casa: “sería despojado de sus bienes y hasta los ojos perdería”.
Y 800 años después de la salida a la luz de este poema épico, se crea una ruta cultural que quedará institucionalizada, el Camino del Cid, y que recorrerá aquellos lugares que supuestamente el Cid recorrió camino del destierro.
Aquel glorioso personaje de quien el propio autor escribió: “¡Dios, que buen vasallo si tuviese un buen señor!”.
Luque Maricarmen
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El arte de la escritura
La escritura, en el sentido primario de la palabra, es la acción de escribir, es decir, representar las palabras o las ideas mediante letras o signos convencionales.
Y puede ser: escritura manuscrita, si se realiza con la mano, o impresa, si se hace mediante el procedimiento de la impresión, que desde el siglo XV viene utilizándose en el mundo occidental, gracias al alemán, Gutenberg, quien ideó y construyó la primera imprenta en el año 1440.
Por cierto, como dato curioso, el primer libro impreso con esa técnica rodeada del más riguroso secreto, pero luego reconocida como el procedimiento de la impresión con caracteres movibles, fue la famosa Biblia latina.
Aunque, fieles a la memoria histórica, debemos recordar que un precedente de la imprenta se debe a los chinos, los cuales, ya en el año 868, imprimieron un texto con grabados de madera y letras en altorrelieve, sobre papel de arroz.
Pero, a través de la letra manuscrita quería yo llegar a la letra cursiva, porque, con frecuencia se confunden los adjetivos: manuscrita y cursiva, como si fueran la misma cosa. Y no lo son.
La letra cursiva es un tipo de letra manuscrita que se liga mucho para escribir deprisa. De hecho, las letras van unidas entre sí, y sólo se levanta la mano del papel, entre palabra y palabra, logrando más rapidez en la escritura. De donde se deduce, que no toda la manuscrita es cursiva.
Y hablando de letras, sorprende leer en muchos lugares, sobre todo en periódicos, titulares escritos mezclando letras mayúsculas con minúsculas, arbitrariamente.
Digo yo, que los que utilizan como instrumento de trabajo la letra impresa deberían respetar el uso correcto de las mayúsculas.
Porque no es válido tratar de llamar la atención del lector revolviendo mayúsculas y minúsculas sin orden ni concierto.
O se escribe con mayúsculas el titular completo, o sólo la primera letra del mismo. Mezclarlas no está bien. A menos que en dicho titular figuren palabras que compongan el nombre de una institución. Por ejemplo: “Hoy se inaugura una exposición en el Museo de Bellas Artes”.
La escritura indiscriminada de letras mayúsculas responde a usos caprichosos, no ortodoxos.
Luque Maricarmen
Y puede ser: escritura manuscrita, si se realiza con la mano, o impresa, si se hace mediante el procedimiento de la impresión, que desde el siglo XV viene utilizándose en el mundo occidental, gracias al alemán, Gutenberg, quien ideó y construyó la primera imprenta en el año 1440.
Por cierto, como dato curioso, el primer libro impreso con esa técnica rodeada del más riguroso secreto, pero luego reconocida como el procedimiento de la impresión con caracteres movibles, fue la famosa Biblia latina.
Aunque, fieles a la memoria histórica, debemos recordar que un precedente de la imprenta se debe a los chinos, los cuales, ya en el año 868, imprimieron un texto con grabados de madera y letras en altorrelieve, sobre papel de arroz.
Pero, a través de la letra manuscrita quería yo llegar a la letra cursiva, porque, con frecuencia se confunden los adjetivos: manuscrita y cursiva, como si fueran la misma cosa. Y no lo son.
La letra cursiva es un tipo de letra manuscrita que se liga mucho para escribir deprisa. De hecho, las letras van unidas entre sí, y sólo se levanta la mano del papel, entre palabra y palabra, logrando más rapidez en la escritura. De donde se deduce, que no toda la manuscrita es cursiva.
Y hablando de letras, sorprende leer en muchos lugares, sobre todo en periódicos, titulares escritos mezclando letras mayúsculas con minúsculas, arbitrariamente.
Digo yo, que los que utilizan como instrumento de trabajo la letra impresa deberían respetar el uso correcto de las mayúsculas.
Porque no es válido tratar de llamar la atención del lector revolviendo mayúsculas y minúsculas sin orden ni concierto.
O se escribe con mayúsculas el titular completo, o sólo la primera letra del mismo. Mezclarlas no está bien. A menos que en dicho titular figuren palabras que compongan el nombre de una institución. Por ejemplo: “Hoy se inaugura una exposición en el Museo de Bellas Artes”.
La escritura indiscriminada de letras mayúsculas responde a usos caprichosos, no ortodoxos.
Luque Maricarmen
sábado, 2 de mayo de 2009
Buenas noticias para la lengua española
Nuevas noticias en torno al IV Congreso Internacional de la Lengua Española y al XIII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua, clausurados en Colombia hace unas semanas. Pero, sobre todo, noticias nuevas sobre el español, nuestra lengua.
Y ahora son conclusiones. Medidas prácticas que siguen a estas celebraciones periódicas, a estos encuentros que desplazan a cientos de estudiosos y amantes del idioma, desde los puntos más lejanos del planeta, unidos por un interés común: la puesta a punto del español.
El español, un vínculo que hermana a 400 millones de hablantes repartidos por veintiún países.
El Diccionario Histórico es la gran deuda pendiente de la Academias del español con su lengua. Este proyecto, que arrancó en el año 2000, presentará el recorrido de 150 mil palabras usadas para entenderse los hispanohablantes a lo largo de mil años de andadura. Y según los planes de la Real Academia Española (RAE) podremos tenerlo en las manos en 2013, cuando se cumplan 300 años de su fundación.
Antes de esa fecha, en 2008, la Asociación de las 21 Academias de la Lengua Española publicará una Ortografía, renovada y más extensa que la editada en 1999.
Y ese mismo año, tendremos en las librerías la Nueva gramática panhispánica, un texto descriptivo y normativo a la vez, que ya estábamos esperando.
El Diccionario de americanismos es otro de los proyectos más adelantado de las Academias. Contiene 100 mil americanismos, esto es, palabras surgidas entre los hispanohablantes de América, e indigenismos, vocablos del español cuyo origen está en las lenguas amerindias; en resumen, 100 mil voces más añadidas al español, para enriquecerlo y hacerlo más grande.
Antes de clausurar este IV Congreso, se anunció la sede del próximo, el que será V Congreso Internacional de la Lengua Española. Se celebrará en Chile, coincidiendo con el bicentenario de la independencia del país andino, en 2010. Las ciudades propuestas son Valdivia o Valparaíso, pero eso está aún sin determinar. Demos tiempo al tiempo.
Luque Maricarmen
Y ahora son conclusiones. Medidas prácticas que siguen a estas celebraciones periódicas, a estos encuentros que desplazan a cientos de estudiosos y amantes del idioma, desde los puntos más lejanos del planeta, unidos por un interés común: la puesta a punto del español.
El español, un vínculo que hermana a 400 millones de hablantes repartidos por veintiún países.
El Diccionario Histórico es la gran deuda pendiente de la Academias del español con su lengua. Este proyecto, que arrancó en el año 2000, presentará el recorrido de 150 mil palabras usadas para entenderse los hispanohablantes a lo largo de mil años de andadura. Y según los planes de la Real Academia Española (RAE) podremos tenerlo en las manos en 2013, cuando se cumplan 300 años de su fundación.
Antes de esa fecha, en 2008, la Asociación de las 21 Academias de la Lengua Española publicará una Ortografía, renovada y más extensa que la editada en 1999.
Y ese mismo año, tendremos en las librerías la Nueva gramática panhispánica, un texto descriptivo y normativo a la vez, que ya estábamos esperando.
El Diccionario de americanismos es otro de los proyectos más adelantado de las Academias. Contiene 100 mil americanismos, esto es, palabras surgidas entre los hispanohablantes de América, e indigenismos, vocablos del español cuyo origen está en las lenguas amerindias; en resumen, 100 mil voces más añadidas al español, para enriquecerlo y hacerlo más grande.
Antes de clausurar este IV Congreso, se anunció la sede del próximo, el que será V Congreso Internacional de la Lengua Española. Se celebrará en Chile, coincidiendo con el bicentenario de la independencia del país andino, en 2010. Las ciudades propuestas son Valdivia o Valparaíso, pero eso está aún sin determinar. Demos tiempo al tiempo.
Luque Maricarmen
Artículo para leerse en voz alta
La de hoy, amigos, es para leerla en voz alta. Vean por qué.
El arte de pronunciar correctamente un idioma es eso, un arte. La ortología es un arte que pocos dominan, pero si conocemos las normas que la regulan, todos podremos articular mejor.
En la pronunciación de la x (equis) cuyo sonido es ks, se dan dos tendencias contrarias: la de exagerar el sonido ks cayendo en la ultracorrección, o la de ignorarlo, reduciéndolo a una s, lo cual es una pronunciación vulgar.
Las normas dicen que la equis entre vocales o al final de palabra debe sonar claramente ks, como ocurre con las palabras examen, taxi, dúplex, relax.
En cambio, cuando la equis va en posición inicial de palabra o delante de otra consonante, la pronunciación normal es casi s. Tal sucede con xenofobia, xilófono, exponer, extra, etcétera, más cerca de la s que de la ks. Exagerar el sonido resulta afectado.
Dos letras distintas para un solo sonido son la b (be) y la v (uve). Ambos grafemas, que antaño nos hacían pronunciar de forma diferente, tienen el mismo sonido, bilabial sonoro (con los dos labios). Por lo que en burro, tabaco y balón, la b suena igual que la v en venta, viejo y valiente.
Pronunciar la v con sonido labiodental (labio y dientes) es una falta que, por cierto, se comete frecuentemente entre locutores y hasta profesores.
El dígrafo ll (elle) tiene un sonido consonántico muy propio, palatal lateral (a un lado del paladar) que sólo es respetado en algunas zonas determinadas, y entre hablantes de pronunciación esmerada. La pronunciación normal y más extendida es la del sonido palatal central (en el centro del paladar) muy cerca del de la y (i griega) que se llama yeísmo. Esta simplificación en la pronunciación de ambas letras (ll, y) que neutraliza la oposición entre el sonido de una y otra, está muy extendida en el área de habla hispana, a ambos lados del Atlántico. Tanto, que hoy el yeísmo se considera correcto.
Luque Maricarmen
El arte de pronunciar correctamente un idioma es eso, un arte. La ortología es un arte que pocos dominan, pero si conocemos las normas que la regulan, todos podremos articular mejor.
En la pronunciación de la x (equis) cuyo sonido es ks, se dan dos tendencias contrarias: la de exagerar el sonido ks cayendo en la ultracorrección, o la de ignorarlo, reduciéndolo a una s, lo cual es una pronunciación vulgar.
Las normas dicen que la equis entre vocales o al final de palabra debe sonar claramente ks, como ocurre con las palabras examen, taxi, dúplex, relax.
En cambio, cuando la equis va en posición inicial de palabra o delante de otra consonante, la pronunciación normal es casi s. Tal sucede con xenofobia, xilófono, exponer, extra, etcétera, más cerca de la s que de la ks. Exagerar el sonido resulta afectado.
Dos letras distintas para un solo sonido son la b (be) y la v (uve). Ambos grafemas, que antaño nos hacían pronunciar de forma diferente, tienen el mismo sonido, bilabial sonoro (con los dos labios). Por lo que en burro, tabaco y balón, la b suena igual que la v en venta, viejo y valiente.
Pronunciar la v con sonido labiodental (labio y dientes) es una falta que, por cierto, se comete frecuentemente entre locutores y hasta profesores.
El dígrafo ll (elle) tiene un sonido consonántico muy propio, palatal lateral (a un lado del paladar) que sólo es respetado en algunas zonas determinadas, y entre hablantes de pronunciación esmerada. La pronunciación normal y más extendida es la del sonido palatal central (en el centro del paladar) muy cerca del de la y (i griega) que se llama yeísmo. Esta simplificación en la pronunciación de ambas letras (ll, y) que neutraliza la oposición entre el sonido de una y otra, está muy extendida en el área de habla hispana, a ambos lados del Atlántico. Tanto, que hoy el yeísmo se considera correcto.
Luque Maricarmen
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Vivan los libros, viva la libertad
Me llamó la atención, por sugerente, el título que encabezaba un artículo periodístico firmado por el académico García de la Concha, actual director de la Real Academia de la Lengua.
El lema, “más libros, más libres”, es todo un reconocimiento a la capacidad liberadora de la lectura.
Más libre es el hombre que sale de su aldea personal para sumirse en el universo del libro. El que se olvida de sí mismo y se sumerge en el mundo de otros. Más libre porque no pone barreras a la imaginación ni al pensamiento.
Si durante siglos se insistió en la necesidad de conocer una serie interminable de reglas antes de embarcarse en la aventura audaz de la lectura de un libro, ya es hora de que nos aventuremos, cuantas más veces mejor, en esa travesía emocionante, en ese apasionante viaje que es la lectura.
No hay barreras que nos impidan leer. Cualquier momento es bueno; cualquier edad es buena; cualquier lugar es bueno. Y si no nos inculcaron el hábito por la lectura, siempre se está a tiempo de adquirirlo.
Desde luego, es la escuela la que tiene el papel de sustituir el viejo adagio de “la letra con sangre entra” por “la letra con letra entra”, como decía con frecuencia el poeta Pedro Salinas.
Si los libros nos hacen más libres, usemos las armas que tenemos a nuestro alcance para luchar por la libertad. Leamos. Leamos y regalemos libros. Libros a los niños, libros a los jóvenes, a los de mediana edad, libros a nuestros mayores. Hagamos nuestro el lema: “más libros, más libres”.
Luque Maricarmen
El lema, “más libros, más libres”, es todo un reconocimiento a la capacidad liberadora de la lectura.
Más libre es el hombre que sale de su aldea personal para sumirse en el universo del libro. El que se olvida de sí mismo y se sumerge en el mundo de otros. Más libre porque no pone barreras a la imaginación ni al pensamiento.
Si durante siglos se insistió en la necesidad de conocer una serie interminable de reglas antes de embarcarse en la aventura audaz de la lectura de un libro, ya es hora de que nos aventuremos, cuantas más veces mejor, en esa travesía emocionante, en ese apasionante viaje que es la lectura.
No hay barreras que nos impidan leer. Cualquier momento es bueno; cualquier edad es buena; cualquier lugar es bueno. Y si no nos inculcaron el hábito por la lectura, siempre se está a tiempo de adquirirlo.
Desde luego, es la escuela la que tiene el papel de sustituir el viejo adagio de “la letra con sangre entra” por “la letra con letra entra”, como decía con frecuencia el poeta Pedro Salinas.
Si los libros nos hacen más libres, usemos las armas que tenemos a nuestro alcance para luchar por la libertad. Leamos. Leamos y regalemos libros. Libros a los niños, libros a los jóvenes, a los de mediana edad, libros a nuestros mayores. Hagamos nuestro el lema: “más libros, más libres”.
Luque Maricarmen
Lengua que une la diversidad
Ya está listo para el despegue el IV Congreso Internacional de la Lengua Española.
Después de aquel primer encuentro que todos recordamos, en la ciudad de Zacatecas, hace ya diez años, el segundo en Valladolid, ciudad castellana de larga historia, en 2001, y el tercero en la ciudad argentina de Rosario, en 2004, la ciudad colombiana de Cartagena de Indias será la anfitriona de este IV Congreso que se celebrará del 26 al 29 de marzo.
“Presente y futuro de la lengua española. Unidad en la diversidad” es el lema que presidirá las sesiones de trabajo del congreso, el cual se organizará en torno a cuatro ejes: “El español, instrumento de integración iberoamericana”. “El español, lengua de comunicación universal”.
“Ciencia, técnica y diplomacia en español”. “Unidad en la diversidad lingüística”.
En el acto de presentación, el director de la Real Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, señaló que nuestra lengua ha de consolidarse en dos frentes: ciencia y tecnología, y diplomacia.
Serán objetivos de este encuentro la aprobación de nuevos estatutos para las Academias de la Lengua Española hispanoamericanas y la certificación del español como lengua extranjera.
En los días previos a la inauguración de este IV Congreso, que tendrá lugar el día 26 y será presidido por el Rey de España y el presidente de Colombia, se celebrará el XIII Congreso de la
Asociación de Academias de la Lengua, en el que se presentará la nueva Gramática panhispánica. Un texto descriptivo y normativo a la vez, una radiografía del español de todo el mundo.
Uno de los actos más emotivos e importantes del IV Congreso es el homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien cumple 80 años de vida coincidiendo con los 60 años de su primera publicación literaria, 40 de su obra más importante y 25 de la concesión del premio Nobel.
La RAE y la Asociación de Academias le entregarán una edición conmemorativa de su Cien años de soledad, edición revisada página a página por el propio autor.El carácter panhispánico que presidirá los actos de la semana del 22 al 29 de marzo en Colombia responde a la grandeza de una lengua en la que nos expresamos más de 400 millones de hablantes, la segunda lengua de comunicación en el mundo.
Luque Maricarmen
Después de aquel primer encuentro que todos recordamos, en la ciudad de Zacatecas, hace ya diez años, el segundo en Valladolid, ciudad castellana de larga historia, en 2001, y el tercero en la ciudad argentina de Rosario, en 2004, la ciudad colombiana de Cartagena de Indias será la anfitriona de este IV Congreso que se celebrará del 26 al 29 de marzo.
“Presente y futuro de la lengua española. Unidad en la diversidad” es el lema que presidirá las sesiones de trabajo del congreso, el cual se organizará en torno a cuatro ejes: “El español, instrumento de integración iberoamericana”. “El español, lengua de comunicación universal”.
“Ciencia, técnica y diplomacia en español”. “Unidad en la diversidad lingüística”.
En el acto de presentación, el director de la Real Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, señaló que nuestra lengua ha de consolidarse en dos frentes: ciencia y tecnología, y diplomacia.
Serán objetivos de este encuentro la aprobación de nuevos estatutos para las Academias de la Lengua Española hispanoamericanas y la certificación del español como lengua extranjera.
En los días previos a la inauguración de este IV Congreso, que tendrá lugar el día 26 y será presidido por el Rey de España y el presidente de Colombia, se celebrará el XIII Congreso de la
Asociación de Academias de la Lengua, en el que se presentará la nueva Gramática panhispánica. Un texto descriptivo y normativo a la vez, una radiografía del español de todo el mundo.
Uno de los actos más emotivos e importantes del IV Congreso es el homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien cumple 80 años de vida coincidiendo con los 60 años de su primera publicación literaria, 40 de su obra más importante y 25 de la concesión del premio Nobel.
La RAE y la Asociación de Academias le entregarán una edición conmemorativa de su Cien años de soledad, edición revisada página a página por el propio autor.El carácter panhispánico que presidirá los actos de la semana del 22 al 29 de marzo en Colombia responde a la grandeza de una lengua en la que nos expresamos más de 400 millones de hablantes, la segunda lengua de comunicación en el mundo.
Luque Maricarmen
Hablamos y escribimos un idioma rico
La verdad, amigos, es que hablamos y escribimos en un idioma rico, expresivo y bello. Nuestra lengua posee tantos matices, que una sola raíz cuando está acompañada de los distintos afijos (prefijos y sufijos) aportados por las diversas lenguas que conformaron la nuestra, genera múltiples significados, aumentando casi indefinidamente el número de vocablos. Y así, nuestra capacidad de expresión es casi ilimitada. Es sorprendente, sin embargo, que la mayoría de los hablantes nos conformemos con un reducido número de términos para hacernos entender. Cierto que el fin primordial del lenguaje es la comunicación, pero, ¿por qué desperdiciar las infinitas posibilidades de nuestro idioma para comunicarnos mejor? ¿Y por qué no reflexionar sobre él de vez en cuando?
Para hacerlo les propongo algunas palabras sobre las qué pensar. El sentido del sufijo aumentativo “on” es aumentar o añadir intensidad. Sin embargo, a veces hace lo contrario. Por eso vemos que la pluma es cada una de las piezas que forman la cubierta exterior (plumaje) de un ave, mientras el plumón, que nace en la parte más interior, es más suave y más pequeña.
La rata es un roedor de unos 36 centímetros, con cola incluida, más grande que ratón, que no pasa de los 20 centímetros y, curiosamente, frente a pelo está pelón que significa carencia de lo que expresa la palabra de que procede. Curiosidades del lenguaje.
Los prefijos “ante” y “anti” a veces son confundidos. “Ante” denota anterioridad y equivale a “antes”. “Anti” es lo opuesto y equivale a “contra”. Por eso, anteayer es antes de ayer, anteproyecto, antes del proyecto. Así como antitusígeno es contra la tos, y antisocial, opuesto a la sociedad. Con esto queda aclarada la duda sobre si a lo que sucedió antes del diluvio, me refiero al diluvio universal, cuando Noé se encerró en un arca con una pareja de cada especie animal, se le aplica el calificativo antidiluviano o antediluviano. Y por extensión, se califica de antediluviano a lo que es antiquísimo.
Luque Maricarmen
Para hacerlo les propongo algunas palabras sobre las qué pensar. El sentido del sufijo aumentativo “on” es aumentar o añadir intensidad. Sin embargo, a veces hace lo contrario. Por eso vemos que la pluma es cada una de las piezas que forman la cubierta exterior (plumaje) de un ave, mientras el plumón, que nace en la parte más interior, es más suave y más pequeña.
La rata es un roedor de unos 36 centímetros, con cola incluida, más grande que ratón, que no pasa de los 20 centímetros y, curiosamente, frente a pelo está pelón que significa carencia de lo que expresa la palabra de que procede. Curiosidades del lenguaje.
Los prefijos “ante” y “anti” a veces son confundidos. “Ante” denota anterioridad y equivale a “antes”. “Anti” es lo opuesto y equivale a “contra”. Por eso, anteayer es antes de ayer, anteproyecto, antes del proyecto. Así como antitusígeno es contra la tos, y antisocial, opuesto a la sociedad. Con esto queda aclarada la duda sobre si a lo que sucedió antes del diluvio, me refiero al diluvio universal, cuando Noé se encerró en un arca con una pareja de cada especie animal, se le aplica el calificativo antidiluviano o antediluviano. Y por extensión, se califica de antediluviano a lo que es antiquísimo.
Luque Maricarmen
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