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viernes, 11 de abril de 2014

Cambios en el alfabeto y en las reglas de escritura

Drásticos cambios en el alfabeto y en las reglas de escritura contiene la nueva edición de Ortografía elaborada por la Real Academia Española (RAE), que se publicará a fines de este año.

Entre las modificaciones más llamativas está la eliminación de algunas letras del alfabeto. Éstas son la "ch" y "ll", que fueron suprimidas formalmente de la tabla del alfabeto, por lo que las letras del abecedario ahora pasan a ser 27.

También la RAE decidió cambiarle el nombre a algunas letras. De este modo, la "i griega" se llamará "ye". Con esto, la "i latina" pasará a denominarse simplemente "i".

En tanto, la "b" se llamará sólo "be" y la "v" sólo "uve" –y no "be alta", "be larga", "ve baja" ni "ve corta"–. En el caso de la "w", se nominará sólo "doble uve".

Respecto de la tilde, dejará de usarse en la palabra "solo" incluso en casos de posible ambigüedad, como "voy solo al cine", aunque no se condenará si alguien quiere utilizarla.

Tampoco llevarán tilde "guión", "huí" y "truhán", debido a que se considera que son palabras "monosílabas a efectos ortográficos", cualquiera sea la forma de pronunciarlas.

Asimismo, se eliminará la tilde entre números, por ejemplo "4 ó 5". La explicación es que esta regla se basaba en que antes todo el mundo escribía a mano. Sin embargo, ahora se toma en cuenta que tanto la máquina de escribir como el computador han eliminado "el peligro de confundir la letra ‘o‘ con la cifra cero, que es de tamaño mayor".

"Cuórum" y "Catar"

La RAE decidió además en algunas palabras cambiar la "q" por la letra "c" o "k", dependiendo del caso. Así, "Iraq" será "Irak", "Qatar" se escribirá "Catar", "quásar" será "cuásar", y "quórum" ahora será "cuórum".

Esto se debe a que en nuestro sistema de escritura la letra "q" sólo representa al fonema "k" en la combinación "qu" antes de la "e" o la "i", por lo que escribirla en estas otras palabras "representa una incongruencia con las reglas".

Quienes prefieran escribir estas palabras de la forma anterior, deberán hacerlo como si fueran extranjerismos, es decir en cursiva y sin tilde.

Finalmente, el prefijo "ex" se escribirá unido a la base léxica, en caso de que afecte a una sola palabra. Por ejemplo: "exmarido", "exministro" y "exdirector", pero continuará escribiéndose separado cuando se trate de palabras compuestas, como "ex director general"


Real Academia Española © Todos los derechos reservados

jueves, 10 de abril de 2014

27 signos que contienen el mundo.

La Fundación Lara publica la nueva 'Geografía fantástica del alfabeto español' de la RAE en el marco de los actos del tricentenario de la Academia. 

 

No solemos pararnos a pensar en ello, porque la costumbre y lo extraordinario no parecen en principio los mejores socios, y sin embargo, "visto desde cierta perspectiva", el acto de escribir, esa prodigiosa invención humana que sostenida en el aire puede llegar a contener mundos enteros, "parecería más propio de lo mágico". Con estas palabras abre el escritor y académico José María Merino (sillón m minúscula) su nota de introducción a la última publicación de la Real Academia Española (RAE), Al pie de la letra. Geografía fantástica del alfabeto español, presentada ayer en Madrid en la sede de la institución.

El volumen, editado en colaboración con la Fundación José Manuel Lara y con ilustraciones de Óscar Astromujoff, contiene 67 textos de académicos vivos o ya fallecidos, pues el libro, coordinado en esta tercera edición por Merino, añade nuevas aportaciones, más de una docena, a las que recogieron las anteriores de 2001 y 2007, las cuales, a diferencia de ésta, fueron no venales, tuvieron una circulación casi exclusivamente interna y no llegaron a las librerías. Sí lo hará ahora, en el marco de las actividades de su tricentenario, algo que celebró el secretario de la RAE, Darío Villanueva, tras recordar que esta conmemoración es especial porque ni el primer centenario de la Academia por excelencia, a causa de la invasión napoleónica, ni el segundo, por la inminencia de la Primera Guerra Mundial, pudieron celebrarse.

En su texto, Villanueva (sillón D mayúscula) aceptó el "juego", según explicó en conversación telefónica, y como homenaje a su antecesor en la plaza y en el cargo de secretario, Alonso Zamora Vicente, que para la primera edición escribió un texto titulado También hay letras fantasmales, decidió entregar un lipograma, una forma de composición griega que consiste en omitir alguna o varias letras del alfabeto. "Y ese fue mi homenaje a la D, convertirla en la gran ausente", explicó el filólogo, que "sin triunfalismos" se declara satisfecho con el desarrollo del programa conmemorativo de la RAE, que "ha pervivido 300
años porque cumple una función social, y de lo contrario tal cosa habría sido imposible".

En este aspecto incidió José María Merino, inquieto, no obstante, porque percibe que "no existe una conciencia social ni política del español en nuestro propio país", de la "importancia capital de un patrimonio que es de todos", como consecuencia de la "absurda
rivalidad con nuestras otras lenguas autóctonas". Este tipo de interpretaciones "perversas" de lo que es una lengua, "algo para unir, no para separar", es hoy, para el novelista, el principal "peligro" que debe combatir la Academia en España, no así en América, en su opinión.


Para tal tarea la RAE cuenta al menos con buena parte de lo mejor que ha dado la filología o la literatura española de las últimas décadas: Mario Vargas Llosa (sillón L mayúscula), Luis Goytisolo (C mayúscula), Víctor García de la Concha (c minúscula), Emilio Lledó (l minúscula), Pere Gimferrer (O mayúscula), Francisco Rico (p minúscula), Juan Gil (e minúscula), Ana María Matute (K mayúscula), Antonio Muñoz Molina (u minúscula)... Todos ellos, y muchos más, escriben sobre cuanto les sugieren las letras que azarosamente les fueron asignadas, para alabar -y recordar, si fuera preciso- en esta Geografía fantástica del alfabeto español, un volumen en el que conviven el ensayo y la disquisición erudita, la
semblanza autobiográfica y la libre asociación de conceptos, el relato de creación y hasta una colección de poemas, la "incalculable potencia germinal" de los 27 signos del español.




 Fuente: El Diario de Cadiz jueves 0 de abril de 2014
Leer más:  27 signos que contienen el mundo  http://www.diariodecadiz.es/article/ocio/1745336/signos/contienen/mundo.html#sSf3JGQF0wuhUs7M


sábado, 29 de diciembre de 2012

Magias y problemas del íncipit

La palabra “íncipit”, que viene del latín y significa “empieza” o “comienza”, es el nombre que se le da al primer párrafo de cualquier texto, ya sea una novela, un ensayo, un poema, un cuento, una encíclica papal o un artículo periodístico. El mejor ejemplo es el íncipit más best seller de todos, el de la Biblia, que sencilla y grandiosamente nos introduce en medio de la acción y del escenario y nos presenta de una vez al Protagonista:
“En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra”.
Otro ejemplar íncipit, aunque de tono más sencillo, es el del Quijote, con el que don Miguel de Cervantes, dizque dando un simple dato topográfico, nos intriga mediante la lateral alusión a un penoso asunto que por nada en el mundo querría recordar:
“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”
Si hubiera que traer un ejemplo más reciente y cercano, cuál mejor que el del íncipit de tan alta tensión narrativa de Pedro Páramo, que ya propone una obsesión y una búsqueda:
“Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.
Cualquier comienzo de un texto es un íncipit, pero no todos los íncipits enganchan al lector o quedan en la memoria. Si hay los que te animan a continuar leyendo un libro, también existen los que te causan sopor o soponcio, y los que son irrecordables a los cinco minutos de haberlos leído. Algunos buenos lectores e incluso algunos críticos muy serios han dicho que las primeras líneas de un libro alientan o desalientan a su lectura. Por eso hay escritores que “se matan” ante la cuartilla en blanco, devanándose los sesos para hallar el ¡ábrete, sésamo!, el íncipit que desencadene la imaginación, o el razonamiento, o la catarata de endecasílabos, y que, en fin, eche a andar la maquinaria verbal. No faltan los doctos o los irresponsables que recomiendan empezar por donde sea, o a media res, puesto que “para trazar un círculo se puede comenzar por cualquier parte”. Argumento circular si los hay, y solución no siempre acertada, pues no todos los comienzos tienen la garra, the it, el abracadabra, le charme del íncipit que apenas ha brotado en la página lo sentimos llegado para quedarse. Por lo contrario, aun siendo yo un proustiano devoto, no creo que se podría animar a nadie a leer el libro enorme y exquisito de don Marcel citando la línea tan banal, tan insípidamente cotidiana, y tan sin gracia, que lo inicia:
“Por largo tiempo me he acostado temprano”.
En contraparte, hay íncipits como el de La metamorfosis, de Kafka, que te fascinan y te arrastran hacia el inquietante curso del relato:
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.
Tómese en cuenta que así como hay el íncipit que propicia y engendra el libro, en cambio existe el íncipit que de entrada ha comenzado a destruirlo.
La verdad es que no se conoce una fórmula, una receta, un método para el íncipit. Intuimos que hay una clase de íncipit que en estos tiempos ya es obsoleto y aberrante, y que sólo se atrevería a usarlo un escritor con vocación suicida como tal. Umberto Eco ha dicho que ya nadie osaría comenzar un cuento de modo tan lindo, cándido y desastroso como:
“Era un alegre día de primavera, el sol lucía y los pájaros cantaban.”
Aunque, ¿quién sabe?, quizá un íncipit así tenga razón de ser si se le escribiera en sentido irónico, o paródico, o cómico, o en una demostración de la cursilería de cierto autor de bigote de manubrio y con espíritu de pianola con vista al mar.
El íncipit es un animal misterioso, escurridizo, de difícil clasificación y de ardua reducción a fórmula, a regla de manual de redacción. No hay instructivo de “how to make it”. Se sabe, por ejemplo, que ciertos atendibles autores recomiendan empezar el escrito con una oración larga y circunvolutiva (como la del íncipit del Quijote), de modo que envuelva y cautive al lector del relato, y otros autores igualmente atendibles aconsejan el íncipit de oración breve (como el del libro de Proust) para capturarnos en la red de largos periodos que se extiende por los siete gruesos tomos de A la recherche du temps perdu.
Y…
No es posible concluir este desconcertado artículo sin mencionar “El dinosaurio”, el célebre relato de Augusto Monterroso que ejerce la maravilla de ser a la vez un mero íncipit y el cuento completo:
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

Los inmortales del momento 

José de la Colina

 Artículo aparecido en el periódico Milenio, Edición Nacional, el 16/09/2012 en la sección de Cultura.

miércoles, 10 de marzo de 2010

El primer diccionario de la lengua española

Un lector curioso me pregunta cuándo se publicó el primer diccionario de nuestra lengua. Y por si alguien más siente la misma curiosidad, se lo cuento. El primer diccionario de español monolingüe, es decir, con las definiciones de las palabras en el propio idioma, fue publicado en 1611 y se llamó Tesoro de la lengua española o castellana. Su autor, el licenciado don Sebastián de Covarrubias Orozco, capellán del rey Felipe III, realizó una obra ingente y de un valor extraordinario, primera de ese tipo publicada en Europa.
Un siglo después, fue fundada la Real Academia Española de la Lengua a instancias del Marqués de Villena en 1713, reinando Felipe V. El primer trabajo académico de esta institución fue el diccionario, que se publicó en 1726.
Diccionario de autoridades se llamó este primer diccionario académico, por ser las autoridades de la lengua, es decir, los escritores de mayor prestigio hasta el momento, las fuentes que se utilizaron para su elaboración.
En la segunda página aparece: “Como base y fundamento de este diccionario se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”. El Diccionario de autoridades intenta establecer un modelo lingüístico y de estandarización del castellano del siglo XVIII, tomando como modelo el Tesoro de la lengua española o castellana, su mejor precursor.
La obra se hizo en 6 tomos y se acabó en 1739, trece años después de su comienzo. A lo largo de los siglos se han hecho muchas más ediciones del diccionario académico: tres en el siglo XVIII, diez en el siglo XIX, ocho en el siglo XX, y la última, la vigésima segunda, en el año 2001.
Sucesivas ediciones que van reflejando la evolución de la lengua, una lengua que pasó de ser patrimonio de unos pocos, a pertenecer a más de cuatrocientos millones de hablantes repartidos por el mundo.
La normativa y el arbitraje, consensuados entre las veintidós academias de la lengua española, nos llevan a caminar de la mano, unidos hacia el engrandecimiento del español. Una lengua única y diversa, con las peculiaridades de cada lugar en que se habla, pero entendiéndonos todos en el mismo idioma. Un privilegio.

Luque Maricarmen

miércoles, 20 de enero de 2010

Desencadena sentimientos encontrados: Entre nosotros, el libro electrónico

Ya tenemos entre nosotros el libro electrónico. De hecho, ha sido uno de los regalos estrella en las fiestas que acaban de terminar. Y su aparición desencadena sentimientos encontrados: ¿servirá para facilitar la lectura en los momentos en que no se puede acudir a una biblioteca o transportar un libro? ¿Resolverá problemas de almacenamiento y ampliará la capacidad de información? ¿Provocará la muerte del libro impreso?
Es obvio que en la última generación hemos vivido una revolución en las comunicaciones, consecuencia de la generalización de la computadora u ordenador personal, y del uso también generalizado de Internet.
Con frecuencia se afirma que la revolución electrónica es tan importante como lo fue la revolución de la imprenta o como la sustitución de los manuscritos por los códices en la Alta Edad Media. Y hay expertos que piensan que esta revolución acabará con la muerte del libro.
Pero echando un vistazo a la historia se ve que ninguna revolución ha sido definitiva. Si la invención de la escritura no hizo desaparecer la necesidad de la comunicación oral, ni el libro impreso terminó totalmente con los manuscritos, es de esperar que lo de hoy sea una especie de coexistencia entre los textos impresos y los electrónicos, y será el uso el que marque la adecuación de unos u otros para distintos propósitos.
Está claro que adaptarse a cambios revolucionarios nunca es fácil, y menos para los que ya llevamos gran parte del camino recorrido con los medios anteriores. Porque yo he de confesar que prefiero arrellanarme en un sillón a disfrutar de un buen libro, oyendo el ruido de las hojas al pasar y respirando el olor que despiden, a ser lectora electrónica con una pantalla entre las manos.
Como ven, es cuestión de preferencias. Y aunque no se pueden negar las ventajas del libro electrónico: una memoria capaz de almacenar más de 1500 títulos, su peso y tamaño reducidos, la posibilidad de elegir el tipo y tamaño de letra, etc., seguirá habiendo quien no esté dispuesto a privarse de la sensación de hojear un libro.

Luque Maricarmen

domingo, 3 de enero de 2010

José Emilio Pacheco: Cantera inagotable de las letras mexicanas

La poesía iberoamericana y México en particular están de enhorabuena.
No puedo dejar de traer a este espacio a un mexicano insigne, a un poeta consagrado, a un hombre de letras profundamente humilde, a pesar de haber sido acreedor, en un mismo año, de dos importantes premios literarios: el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes, el más importante galardón de las letras españolas, ambos en este año 2009 que se acaba.
José Emilio Pacheco es el nombre de este poeta que ha hecho suya la poesía tradicional, dándole nueva vida y significado a través de su lírica personal. Un escritor que camina por todos los campos de la actividad literaria y cuya vida profesional ha estado jalonada de constantes reconocimientos.
Acostumbrados al divismo de ciertos personajes que se sienten merecedores del aplauso público por méritos discutibles, no deja de emocionar la modestia de este gran hombre de letras que declina los merecimientos que se le atribuyen, a favor de los libros, de la poesía mexicana, de la literatura en general. Afirma el poeta que “la poesía no es de nadie, se hace entre todos, es anónima”.
En la recopilación de su obra poética, titulada Tarde o temprano Pacheco añade una sección de las versiones que ha hecho de poetas de todas las épocas, desde la poesía clásica griega hasta hoy. No son traducciones sino textos suyos que él llama “aproximaciones” y que acerca tiempos remotos a los nuestros, en los que se repiten los mismos excesos y errores.
Juicios de escritores que así valoran su obra:

Es José Emilio Pacheco “un grandísimo poeta impregnado de una intelectualidad extraordinaria”.
“Sus poemas son serenos y correctos, de una relevante calidad”.
“Tiene un lenguaje misterioso que consigue crear un mundo poético muy singular”.
“A sus dotes de poeta une las de narrador, crítico y periodista; todo ello sostenido por una enorme cultura”.
“Es el mayor poeta vivo de México y uno de los grandes poetas de la lengua castellana de todos los tiempos”.
Pacheco es el cuarto mexicano en ganar el premio Cervantes; antes lo hicieron Octavio Paz, Carlos Fuentes y Sergio Pitol.
Cantera inagotable de las letras mexicanas.

Luque Maricarmen

En torno al uso de la letra p

Sobre la letra p escriben los lingüistas Salvador y Lodares en su Historia de las letras, un libro que alguna vez les he traído a este espacio, reflexiones y comentarios acerca de esta letra que desde antiguo era usada como abreviatura.
Cuando los romanos escribían una p significaba pontifex (pontífice). PP: Pater Patriae (padre de la patria). PPP: Primus Pater Patriae (primer padre de la patria).
En los colegios y universidades del Renacimiento, la letra p equivalía a placet: “está bien”, expresión con la que los maestros indicaban la aprobación de los trabajos de los alumnos.
La tecnología moderna usa a veces como unidades de medida la mayúscula P: un pie, y la minúscula p: una pulgada.
También es notable el uso de esta letra en las onomatopeyas, es decir, el nombre de las palabras que imitan los sonidos: pum se emplea para representar un ruido, una explosión o un golpe. Pimpampúm es el nombre de un juego en que se derriban a pelotazos muñecos puestos en fila. Pío y piar es la voz universal de los pájaros; Ping- pong, el nombre, en inglés, del juego semejante al tenis, que se practica sobre una mesa, con pelota ligera. En español está propuesto el nombre de pimpón; también es de uso tenis de mesa.
En cuanto a la pronunciación de la letra p ante la letra t, en palabras cultas como apto, concepto, reptil, corrupto se aconseja mantenerla. Hay casos, como séptimo y septiembre, donde puede dejar de pronunciarse, e incluso de pronunciarse, aunque el uso culto aconseja conservarla.
Sin embargo, debe pronunciarse claramente la p ante la letra s: eclipse, cápsula, autopsia. Y puede no pronunciarse en el grupo inicial ps de palabras cultas como: (p)siquiatra, (p)sicólogo, (p)sicosis, (p)soriasis.
Y aunque hoy está aceptado académicamente suprimir también en la escritura la p inicial de esas palabras, es aconsejable mantenerla en favor de la etimología. Así se hace en otras lenguas, como el inglés, el francés y el alemán, donde mantienen intactos los grupos etimológicos en la escritura, aunque no los pronuncien.
Por lo tanto, aunque digamos siquiatra, sicosis y sicólogo, es más culto escribir psiquiatra, psicosis y psicólogo.

Luque Maricarmen

Estoy triste por la muerte de Francisco Ayala

Hoy les traigo un suceso luctuoso, triste. Triste para los que leemos, escribimos y nos entendemos en español. En estos días se nos fue un prestigioso escritor y un hombre inquebrantable, al que una larga vida, 103 años, jamás venció. Francisco Ayala murió cansado, pero no vencido. Con una lucidez que conservó hasta el último minuto. Ese último minuto que aprovechó para despedirse, completamente sereno, de su esposa, su mujer amada.
La vida de Ayala transcurrió en dos siglos en los que conoció la tragedia de la guerra y el exilio. Fue un hombre íntegro y luchador, profundamente demócrata y liberal.
Como escritor, fue autor de una extensa obra, cultivando sobre todo novela y ensayo.
Su relato de Erika ante el invierno muestra el presentimiento de la Guerra Civil, donde su padre y su hermano son ejecutados en 1936. Terminada la guerra, abandona España, se dirige a París y de allí se embarca hacia La Habana, rumbo a Buenos Aires, donde arriba el 10 de agosto de 1939, donde permanece varios años, con estancias en Estados Unidos, México y Puerto Rico.
Su obra transita desde la siniestra gravedad de La cabeza del cordero y Los usurpadores al humor de Muerte de perro y El fondo del vaso, pasando por el lirismo melancólico de El jardín de las delicias.
Después de varios acercamientos hacia su vuelta a España, regresa definitivamente en el año 1977. Pronuncia conferencias, recibe homenajes y es galardonado con el premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nacional de Letras y Literatura.
Sigue escribiendo y es elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua en 1983.
En 2005, a punto de cumplir los cien años, termina la edición definitiva de su libro Recuerdos y olvidos, valiéndose de la tecnología moderna, que no se le resistía a pesar de su avanzada edad. (Es de señalar que tenía su página en Facebook).
Era Francisco Ayala un intelectual que nunca perdió el interés y la curiosidad por el mundo que le rodeaba.

Luque Maricarmen

La gente prominente

La palabra gente es motivo de preocupación para mucha gente. Todo lo que hay que saber respecto a su uso correcto cabe en pocas líneas.
Este sustantivo femenino se emplea en general como nombre colectivo no contable y significa personas: Ese tipo de música gusta sobre todo a la gente joven. La gente siempre sigue a sus ídolos.
Como otros colectivos (grupo, ejército, multitud) admite un plural expresivo, usado en la lengua literaria: Enseguida se hizo popular entre las gentes del lugar.
En cuanto a la concordancia, aunque gente, por ser colectivo, encierra la idea de una pluralidad de individuos, cuando actúa de sujeto lleva el verbo en singular: La gente, al ver sus esperanzas truncadas, se sintió defraudada.
Como tal colectivo se usa en singular en frases como: Hubo mucha gente en la manifestación; asistió mucha gente a la misa; en el Zócalo se reunió mucha gente.
En ciertas zonas de América, especialmente en México y en varios países centroamericanos, la palabra gente se usa también con el sentido de “persona o individuo”, por lo que deja de ser colectivo para ser individual y, por lo tanto, admite el plural. En consecuencia, serían correctos los ejemplos: Luis es una gente de trato agradable; él es muy buena gente; en ese salón caben más de cien gentes.
Caso aparte es la duda que se produce entre las palabras prominencia y preeminencia, aunque hay que reconocer que el sentido de ambas frecuentemente tropieza. En principio, una prominencia es una “elevación o abultamiento”: Estaba preocupado porque se detectó una prominencia en el cuello. Pero también prominencia puede significar “cualidad de prominente o destacado”: “Sentía celos por la prominencia social de su hermano. Y es en este sentido en el que tropieza con preeminencia, cuyo significado es “superioridad” y “privilegio o ventaja en razón de algún mérito”: El cargo que ocupaba le confería una preeminencia notable sobre sus compañeros. Y lo mismo sucede con los adjetivos correspondientes, prominente y preeminente: Tenía una nariz prominente; estaban acusadas varias personas prominentes de la ciudad; una de las figuras preeminentes de la cultura hispánica fue José Vasconcelos.

Luque Maricarmen

Los signos de puntuación

Los signos de puntuación representan un escollo difícil de superar a la hora de escribir. Vayan unas breves nociones sobre sus funciones y uso para superar dificultades.
Sirven para marcar las pausas y la entonación de lo escrito a fin de facilitar su comprensión y evitar posibles ambigüedades. Hoy les traigo uno de los más usuales.
La coma indica una pausa breve dentro de un enunciado, aunque a veces se utiliza para encerrar incisos, esto es, explicaciones sobre lo que se está escribiendo: Los soldados, cansados de luchar, se retiraron del campo de batalla. Todos, incluidos los que no estaban presentes, fueron beneficiados.
La coma separa los elementos de una enumeración: Ayer compré ropa, calzado, libros, material escolar y una película para los niños. Acudió toda la familia: los abuelos, los padres, los hijos, los nietos, incluso algunos primos.
Se aíslan entre comas los sustantivos que sirven para llamar o nombrar al interlocutor: Por favor, María, no llegues tarde. Es importante, hijo mío, ser consecuente en la vida. También se escriben entre comas determinados enlaces, como es decir, a saber, ahora bien, en primer lugar, en fin, por último, además, en tal caso, sin embargo, no obstante, en cambio, por el contrario, o sea. Por ejemplo: En el examen tuvimos que escribir palabras sinónimas, es decir, del mismo significado, sin embargo, no nos pidieron escribir antónimos, o sea, de significado opuesto. Pudimos correr, jugar, escalar y, además, hacer turismo.
Se escribe coma delante de las conjunciones, o locuciones conjuntivas pero, más, aunque, así que, de manera que y ante. Por ejemplo: Ve al cine, pero antes debes estudiar. Me gusta hacer deporte, aunque prefiero practicar yoga. Saldremos a las nueve, así que sean puntuales. Allí compraremos refrescos, jamón, huevos, fruta.
Se escribe coma detrás de los complementos introducidos por las locuciones preposicionales: en cuanto a, respecto de, con respecto a, en relación con. Por ejemplo: En cuanto a él, no quiero volver a verle. En relación con lo dicho, estoy de acuerdo.
También se escribe coma detrás de la oración subordinada, cuando ésta precede a la principal. Por ejemplo: Si tú no vienes, iré yo solo. Cuando tú no estás, no me apetece salir. Aunque no lo creas, es verdad.
Seguiremos...

Luque Maricarmen

El bello lenguaje de la tauromaquia

Siempre he sentido admiración por los que escriben sobre los toros. Y no es que yo sea taurófila ni me apasione la tauromaquia. Sin embargo, tengo que confesar que disfruto leyendo las crónicas de los reporteros taurinos.
Si torear es un arte, escribir sobre el toreo también puede convertirse en arte. Disfruten un párrafo elegido “a voleo”.
* * *
La anochecida se filtraba por entre las telas de la cubierta de la plaza. Y a esa hora en que el sol se ha escondido, tibio temeroso de otoño, el torero (¿?) citó a las musas del temple, ¡bendita ilusión! Llegó a mi corazón el palpitar de la mano amiga del toreo y vibré sintiendo su roce. Qué faena más grande y hermosa, qué despacio pasaban los segundos eternos. El diestro se estremecía con el empaque que acuna las embestidas. Reposado, sin violencia ni crispaciones, natural sin imposturas, ¡bendita ilusión!
Toreaba la panza de la muleta, los muslos ceñidos, la cintura, el cuerpo entero. Y la clase se aunaba con la calidad del toro. Crecido en una trinchera de ensueño, en todos los adornos, en un cambio de mano, en aquel de pecho, en este molinete, en un ayudado a dos manos que barrió el lomo completo hasta el rabo con un codilleo de escalofriante belleza (...) Eran las musas que trepaban como la hiedra por los tendidos.
No hace falta ser un experto para sentir la belleza que encierran estas líneas.
Y sólo hay que poner atención a nuestra forma de expresarnos para cerciorarse de la influencia de los términos taurinos en la lengua habitual. Porque de todos es conocido el sentido de “agarrar el toro por los cuernos” como enfrentarse resueltamente a una dificultad. “Cortarse la coleta”, en alusión a la que los toreros lucen, es apartarse de alguna afición o dejar una costumbre. “Ve los toros desde la barrera” el que no se involucra ni se compromete en una situación, y así como el torero que triunfa sale por la puerta principal de la plaza, “sale por la puerta grande” el que consigue el éxito en algo. “Lanzarse al ruedo” es decidirse a actuar afrontando los riesgos, y “echar un capote”, intervenir en una disputa para evitar conflictos.
Esto no es más que una muestra. Seguramente, amigo, conoce muchas más.

Luque Maricarmen

sábado, 26 de septiembre de 2009

En mayúsculas o minúsculas

Cuando se escriben los días de la semana, con frecuencia se duda entre hacerlo con letras mayúsculas o minúsculas.
Siguiendo las normas académicas es preciso afirmar que los días de la semana, los mses y las estaciones del año se escriben con minúscula inicial; por ejemplo: Los lunes de abril, los jueves de mayo y los viernes de julio, o sea, en primavera y verano, no se interrumpirán las clases.
Sólo se escriben con mayúscula inicial cuandoforman parte de fechas históricas, festividades o nombres propios: Las fiestas de Primero de Mayo y Viernes Santo no se trabajará. El Hospital Doce de Octubre permanecerá abierto.
Otra duda que les traigo es acerca del uso indistinto de incluso e inclusve. Incluso fuciona habitualmente como adverbio, con el sentido de "también" y expresa adición enfática. Con este mismo valor se emplea también inclusive: Fue inflexible incluso (o inclusive) con sus propios amigos.
¿Cuál es la diferencia entre docnte y discente? Son os contrarios. Ambas palabras proceden del latín: docente, participio activo del verbo docere que es "enseñar", significa "el que enseña". Discente, participio activo del verbo discere que es "aprender", significa "el que aprende". Doente es el maestro,discente, el alumno.
Suscita curiosidad la palabra chiripa; ¿de dónde viene y qué significa? La chiripa surgió en el juego de billar con el significado de "suerte favorable que se gana por casualidad". Pasó al lenguaje coloquial ormando expresiones como de chiripa" o "por chiripa" con el sentido de conseguir algo bueno "por casualidad o de manera casual". Y en el colmo de la casualidad, "de o por pura chiripa": Un gol inesperado hizo que se proclamaran campeones en el último minuo de pura chiripa.
El qu usa con la misma habilidad las extremidades de los dos lados es ambidextro o ambidiestro. Más cercana a su etimología, ambidexter, es la primera, ambidextro, pero actualmente es de uso más frecuente ambidiestro: Aunque era zurdo había logrado ser ambiiestro para muchas actividades.

Luque Maricarmen