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sábado, 29 de diciembre de 2012

Magias y problemas del íncipit

La palabra “íncipit”, que viene del latín y significa “empieza” o “comienza”, es el nombre que se le da al primer párrafo de cualquier texto, ya sea una novela, un ensayo, un poema, un cuento, una encíclica papal o un artículo periodístico. El mejor ejemplo es el íncipit más best seller de todos, el de la Biblia, que sencilla y grandiosamente nos introduce en medio de la acción y del escenario y nos presenta de una vez al Protagonista:
“En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra”.
Otro ejemplar íncipit, aunque de tono más sencillo, es el del Quijote, con el que don Miguel de Cervantes, dizque dando un simple dato topográfico, nos intriga mediante la lateral alusión a un penoso asunto que por nada en el mundo querría recordar:
“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”
Si hubiera que traer un ejemplo más reciente y cercano, cuál mejor que el del íncipit de tan alta tensión narrativa de Pedro Páramo, que ya propone una obsesión y una búsqueda:
“Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.
Cualquier comienzo de un texto es un íncipit, pero no todos los íncipits enganchan al lector o quedan en la memoria. Si hay los que te animan a continuar leyendo un libro, también existen los que te causan sopor o soponcio, y los que son irrecordables a los cinco minutos de haberlos leído. Algunos buenos lectores e incluso algunos críticos muy serios han dicho que las primeras líneas de un libro alientan o desalientan a su lectura. Por eso hay escritores que “se matan” ante la cuartilla en blanco, devanándose los sesos para hallar el ¡ábrete, sésamo!, el íncipit que desencadene la imaginación, o el razonamiento, o la catarata de endecasílabos, y que, en fin, eche a andar la maquinaria verbal. No faltan los doctos o los irresponsables que recomiendan empezar por donde sea, o a media res, puesto que “para trazar un círculo se puede comenzar por cualquier parte”. Argumento circular si los hay, y solución no siempre acertada, pues no todos los comienzos tienen la garra, the it, el abracadabra, le charme del íncipit que apenas ha brotado en la página lo sentimos llegado para quedarse. Por lo contrario, aun siendo yo un proustiano devoto, no creo que se podría animar a nadie a leer el libro enorme y exquisito de don Marcel citando la línea tan banal, tan insípidamente cotidiana, y tan sin gracia, que lo inicia:
“Por largo tiempo me he acostado temprano”.
En contraparte, hay íncipits como el de La metamorfosis, de Kafka, que te fascinan y te arrastran hacia el inquietante curso del relato:
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.
Tómese en cuenta que así como hay el íncipit que propicia y engendra el libro, en cambio existe el íncipit que de entrada ha comenzado a destruirlo.
La verdad es que no se conoce una fórmula, una receta, un método para el íncipit. Intuimos que hay una clase de íncipit que en estos tiempos ya es obsoleto y aberrante, y que sólo se atrevería a usarlo un escritor con vocación suicida como tal. Umberto Eco ha dicho que ya nadie osaría comenzar un cuento de modo tan lindo, cándido y desastroso como:
“Era un alegre día de primavera, el sol lucía y los pájaros cantaban.”
Aunque, ¿quién sabe?, quizá un íncipit así tenga razón de ser si se le escribiera en sentido irónico, o paródico, o cómico, o en una demostración de la cursilería de cierto autor de bigote de manubrio y con espíritu de pianola con vista al mar.
El íncipit es un animal misterioso, escurridizo, de difícil clasificación y de ardua reducción a fórmula, a regla de manual de redacción. No hay instructivo de “how to make it”. Se sabe, por ejemplo, que ciertos atendibles autores recomiendan empezar el escrito con una oración larga y circunvolutiva (como la del íncipit del Quijote), de modo que envuelva y cautive al lector del relato, y otros autores igualmente atendibles aconsejan el íncipit de oración breve (como el del libro de Proust) para capturarnos en la red de largos periodos que se extiende por los siete gruesos tomos de A la recherche du temps perdu.
Y…
No es posible concluir este desconcertado artículo sin mencionar “El dinosaurio”, el célebre relato de Augusto Monterroso que ejerce la maravilla de ser a la vez un mero íncipit y el cuento completo:
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

Los inmortales del momento 

José de la Colina

 Artículo aparecido en el periódico Milenio, Edición Nacional, el 16/09/2012 en la sección de Cultura.

domingo, 3 de enero de 2010

José Emilio Pacheco: Cantera inagotable de las letras mexicanas

La poesía iberoamericana y México en particular están de enhorabuena.
No puedo dejar de traer a este espacio a un mexicano insigne, a un poeta consagrado, a un hombre de letras profundamente humilde, a pesar de haber sido acreedor, en un mismo año, de dos importantes premios literarios: el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes, el más importante galardón de las letras españolas, ambos en este año 2009 que se acaba.
José Emilio Pacheco es el nombre de este poeta que ha hecho suya la poesía tradicional, dándole nueva vida y significado a través de su lírica personal. Un escritor que camina por todos los campos de la actividad literaria y cuya vida profesional ha estado jalonada de constantes reconocimientos.
Acostumbrados al divismo de ciertos personajes que se sienten merecedores del aplauso público por méritos discutibles, no deja de emocionar la modestia de este gran hombre de letras que declina los merecimientos que se le atribuyen, a favor de los libros, de la poesía mexicana, de la literatura en general. Afirma el poeta que “la poesía no es de nadie, se hace entre todos, es anónima”.
En la recopilación de su obra poética, titulada Tarde o temprano Pacheco añade una sección de las versiones que ha hecho de poetas de todas las épocas, desde la poesía clásica griega hasta hoy. No son traducciones sino textos suyos que él llama “aproximaciones” y que acerca tiempos remotos a los nuestros, en los que se repiten los mismos excesos y errores.
Juicios de escritores que así valoran su obra:

Es José Emilio Pacheco “un grandísimo poeta impregnado de una intelectualidad extraordinaria”.
“Sus poemas son serenos y correctos, de una relevante calidad”.
“Tiene un lenguaje misterioso que consigue crear un mundo poético muy singular”.
“A sus dotes de poeta une las de narrador, crítico y periodista; todo ello sostenido por una enorme cultura”.
“Es el mayor poeta vivo de México y uno de los grandes poetas de la lengua castellana de todos los tiempos”.
Pacheco es el cuarto mexicano en ganar el premio Cervantes; antes lo hicieron Octavio Paz, Carlos Fuentes y Sergio Pitol.
Cantera inagotable de las letras mexicanas.

Luque Maricarmen

Estoy triste por la muerte de Francisco Ayala

Hoy les traigo un suceso luctuoso, triste. Triste para los que leemos, escribimos y nos entendemos en español. En estos días se nos fue un prestigioso escritor y un hombre inquebrantable, al que una larga vida, 103 años, jamás venció. Francisco Ayala murió cansado, pero no vencido. Con una lucidez que conservó hasta el último minuto. Ese último minuto que aprovechó para despedirse, completamente sereno, de su esposa, su mujer amada.
La vida de Ayala transcurrió en dos siglos en los que conoció la tragedia de la guerra y el exilio. Fue un hombre íntegro y luchador, profundamente demócrata y liberal.
Como escritor, fue autor de una extensa obra, cultivando sobre todo novela y ensayo.
Su relato de Erika ante el invierno muestra el presentimiento de la Guerra Civil, donde su padre y su hermano son ejecutados en 1936. Terminada la guerra, abandona España, se dirige a París y de allí se embarca hacia La Habana, rumbo a Buenos Aires, donde arriba el 10 de agosto de 1939, donde permanece varios años, con estancias en Estados Unidos, México y Puerto Rico.
Su obra transita desde la siniestra gravedad de La cabeza del cordero y Los usurpadores al humor de Muerte de perro y El fondo del vaso, pasando por el lirismo melancólico de El jardín de las delicias.
Después de varios acercamientos hacia su vuelta a España, regresa definitivamente en el año 1977. Pronuncia conferencias, recibe homenajes y es galardonado con el premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nacional de Letras y Literatura.
Sigue escribiendo y es elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua en 1983.
En 2005, a punto de cumplir los cien años, termina la edición definitiva de su libro Recuerdos y olvidos, valiéndose de la tecnología moderna, que no se le resistía a pesar de su avanzada edad. (Es de señalar que tenía su página en Facebook).
Era Francisco Ayala un intelectual que nunca perdió el interés y la curiosidad por el mundo que le rodeaba.

Luque Maricarmen

El bello lenguaje de la tauromaquia

Siempre he sentido admiración por los que escriben sobre los toros. Y no es que yo sea taurófila ni me apasione la tauromaquia. Sin embargo, tengo que confesar que disfruto leyendo las crónicas de los reporteros taurinos.
Si torear es un arte, escribir sobre el toreo también puede convertirse en arte. Disfruten un párrafo elegido “a voleo”.
* * *
La anochecida se filtraba por entre las telas de la cubierta de la plaza. Y a esa hora en que el sol se ha escondido, tibio temeroso de otoño, el torero (¿?) citó a las musas del temple, ¡bendita ilusión! Llegó a mi corazón el palpitar de la mano amiga del toreo y vibré sintiendo su roce. Qué faena más grande y hermosa, qué despacio pasaban los segundos eternos. El diestro se estremecía con el empaque que acuna las embestidas. Reposado, sin violencia ni crispaciones, natural sin imposturas, ¡bendita ilusión!
Toreaba la panza de la muleta, los muslos ceñidos, la cintura, el cuerpo entero. Y la clase se aunaba con la calidad del toro. Crecido en una trinchera de ensueño, en todos los adornos, en un cambio de mano, en aquel de pecho, en este molinete, en un ayudado a dos manos que barrió el lomo completo hasta el rabo con un codilleo de escalofriante belleza (...) Eran las musas que trepaban como la hiedra por los tendidos.
No hace falta ser un experto para sentir la belleza que encierran estas líneas.
Y sólo hay que poner atención a nuestra forma de expresarnos para cerciorarse de la influencia de los términos taurinos en la lengua habitual. Porque de todos es conocido el sentido de “agarrar el toro por los cuernos” como enfrentarse resueltamente a una dificultad. “Cortarse la coleta”, en alusión a la que los toreros lucen, es apartarse de alguna afición o dejar una costumbre. “Ve los toros desde la barrera” el que no se involucra ni se compromete en una situación, y así como el torero que triunfa sale por la puerta principal de la plaza, “sale por la puerta grande” el que consigue el éxito en algo. “Lanzarse al ruedo” es decidirse a actuar afrontando los riesgos, y “echar un capote”, intervenir en una disputa para evitar conflictos.
Esto no es más que una muestra. Seguramente, amigo, conoce muchas más.

Luque Maricarmen

lunes, 26 de octubre de 2009

Nobel de Literatura 2009: Herta Müller, mujer luchadora y humilde

Contra todos los pronósticos y las ilusiones forjadas de que el Nobel de Literatura recayera sobre un autor de lengua española, es una escritora de origen alemán, aunque nacida en Rumanía, la que figura desde el día 8 de octubre como titular del premio Nobel de Literatura del año 2009.
Herta Müller, rumana de nacimiento, cuya obra está escrita en alemán, es un testimonio viviente y escribiente de una vida y una obra marcadas por la etapa histórica represiva del presidente rumano Ceaucescu.
La nueva Nobel sufrió la represión en su persona con interrogatorios, registros y un miedo que no ha logrado superar. Estudió Filología germánica y rumana y trabajó como traductora hasta que fue despedida por negarse a colaborar con los servicios secretos del país.
Fue censurada su primera obra Tierras bajas, y en 1987, con 34 años, logra exiliarse cuando el gobierno rumano vende a Alemania los permisos de salida de sus ciudadanos de origen germano. “Alemania, de algún modo, me salvó”, reconoce la escritora.
Desde entonces vive en Berlín occidental y es allí donde ha escrito y publicado el resto de su obra sobre el mundo que perdió, sobre su nueva experiencia de extranjería forzada y sobre el recuerdo de su vida cotidiana dentro de una sociedad totalitaria.
Su obra valiente, comprometida y coherente, donde la prosa adquiere tantas veces tintes líricos y cercanos, “mi escritura siempre ha tenido que ver con cómo emprender un viaje con tierra bajo las uñas”, de una gran fuerza expresiva, refleja a una mujer luchadora y humilde que, consciente de la importancia del galardón recibido, asegura que “ni esperaba ni merecía el premio”. Esto a pesar de que a lo largo de su trayectoria literaria recibió una veintena de premios, algunos incluso antes de salir de Rumanía.
La Academia sueca pretende que el Nobel de Literatura de este año 2009 recuerde al mundo el XX aniversario de la caída del Muro de Berlín, fin de los horrores de la dictadura comunista, lo que, en cierto modo, confiere al premio un tinte político. El jurado destacó en la obra de Müller “la concentración de su poesía y la objetividad de su prosa, con las que dibuja los paisajes de los desposeídos”.

Luque Maricarmen

domingo, 5 de julio de 2009

Diez años de su fallecimiento: Sabines nos sigue enredando con su poesía

En estos días se cumplirá el décimo aniversario de la desaparición del gran poeta mexicano Jaime Sabines. Diez años después sigue conmoviéndonos con lo mejor de sí mismo, su inspiración, su sentir, su poesía.
Hace diez años perdimos al hombre, pero quedó el poeta. El poeta de la vida y de la muerte, de la esperanza y la desesperanza; el poeta del amor.
Es un poeta profundo y sensual:

Tu cuerpo está a mi lado/ fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente/ con los ojos cerrados.
Y yo te miro y fumo/ y acaricio tu pelo enamorado (...)
Miro mi cuerpo, el muslo en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado/ y el bajo y suave respirar de tu vientre/sin mis labios.
Te digo a media voz/ cosas que invento a cada rato,/ y me pongo de veras triste y solo/ y te beso como si fueras tu retrato.

Tú, sin hablar me miras/ y te aprietas a mí y haces tu llanto.
Sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar mientras las cosas/ se ponen a escuchar lo que no hablamos.
La poesía de Sabines es un diálogo consigo mismo sobre la vida y la muerte:
Morir es retirarse, hacerse a un lado,/ ocultarse un momento, estarse quieto,
Pasar el aire de una orilla a nado/ y estar en todas partes en secreto.

Morir es olvidar, ser olvidado, refugiarse desnudo en el discreto/
calor de Dios, y en su cerrado/ puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo/ hacia el humo y el hueso y la caliza,
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa/ tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

Y así llora el poeta a su padre muerto:
Padre mío, señor mío, hermano mío,/ amigo de mi alma, tierno y fuerte,
Saca tu cuerpo viejo, viejo mío,/ saca tu cuerpo de la muerte.
Saca tu corazón igual que un río,/ tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío,/ saca todo tu cuerpo de la muerte.
Jaime se desnuda en su poesía y muestra lo más hondo de su ser.

A los diez años de su muerte seguimos sintiendo cerca al poeta; nos dejó el alma enredada en sus versos.

Luque Maricarmen

Murió Harold Pinter: El privilegio de vivir con un genio

Hoy comienzo con una noticia luctuosa; no es mi costumbre, pero, teniendo en cuenta que alude a un personaje ligado al mundo de las letras, que es lo nuestro, le dedicamos este espacio y nuestro recuerdo.
El día de Nochebuena, a los 78 años, moría víctima de un cáncer, el Nobel de Literatura del año 2005, Harold Pinter.
El escritor, hijo de un sastre de origen judío, había nacido en un barrio obrero de la ciudad de Londres. Desde muy joven dio muestras de rebeldía, pues a los 13 años rechazó la religión y a los 18 se negó a cumplir el servicio militar. Por entonces ya había escrito sus primeros poemas y conocido el mundo del teatro como actor en compañías modestas.
Escribió su primera obra dramática, La habitación a los 26 años; fue el comienzo de una obra literaria cuyos frutos fueron 29 piezas teatrales, además de trabajos para televisión, radio, cine e incursiones en poesía y novela.
Defendía Pinter la tarea del escritor como explorador de la realidad a través del arte. Sostenía que “la verdad en el arte dramático es siempre esquiva. Uno nunca la encuentra del todo, pero su búsqueda llega a ser compulsiva. Es la búsqueda lo que motiva el empeño (....) En el arte dramático no hay una verdad única; hay muchas. Y cada una de ellas se enfrenta a la otra, se alejan, se reflejan entre sí, se ignoran, se burlan...”
En el teatro de Harold Pinter la realidad cotidiana se percibe como un tenso caos en aparente equilibrio. Es un teatro perturbador, desasosegante, virulento a veces, que se hermana con el de Ionesco, Beckett y Kafka.
Su época más prolífica fue la de la década de los sesenta, en la que cimentó su prestigio como gran figura del teatro británico, con obras como El amante, Retorno al hogar, Paisaje y Silencio.
En los años setenta se entrega a la dirección teatral, y ya entonces hace pública su posición política de izquierdas, con actuaciones comprometidas y coherentes.
A pesar de no haber podido recoger el Nobel a causa de su enfermedad, fue capaz, meses más tarde, en 2006, de subirse a un escenario para interpretar, en silla de ruedas, La última cinta, de Beckett, en el Royal Court Theatre.
La que fue su esposa durante los últimos treinta y tres años, Antonia Fraser, declaró a los medios que Pinter “era genial” y que vivir a su lado fue “un privilegio”.
Bonito y sentido epitafio para alguien que se ausenta.

Luque Maricarmen


jueves, 2 de julio de 2009

El Cervantes al escritor catalán Juan Marsé

Hoy les paso la noticia, tal vez conocida ya por algunos, de la concesión de uno de los galardones más importantes de las letras españolas. No de España sino escritas en español, se entiende: el Cervantes. Prueba de ello es la lista de escritores que se alzaron con ese mismo premio a lo largo de lo que va de siglo: Alvaro Mutis, en 2001, colombiano; Gonzalo Rojas, en 2003, chileno; Sergio Pitol, en 2005, mexicano; Juan Gelman, en 2007, argentino. Este año recayó en el español, Juan Marsé, un catalán que defiende su derecho a “escribir en la lengua que me dé la gana”. Y escribiendo en esa lengua, ha merecido el Cervantes 2008, convirtiéndose en un referente para los que aman el español.
Lo cierto es que ya lo era, pues su nombre sonaba desde hace tiempo entre los mejores en su oficio.
Hombre sencillo y sin ambición de laureles, confiesa que recibe agradecido el premio, aunque no escribe para conseguirlos sino para gozar escribiendo.
Según el jurado, la concesión se hizo “en reconocimiento a su decidida vocación por la escritura, a su defensa de la lengua castellana y a su capacidad para reflejar la España de la posguerra.
Las novelas de Marsé retratan de forma magistral a los personajes de la calle, personajes que conoció en el barrio barcelonés donde creció y que su memoria recrea. Ultimas tardes con Teresa, de 1965, es el título de su primera novela premiada, un relato fresco y real donde regala al lector una historia que no ha perdido frescura a pesar de los años transcurridos. Como La oscura historia de la prima Montse, de 1970, donde en clave de humor sarcástico analiza a una familia burguesa.
Para publicar Si te dicen que caí, en1973, tuvo que salir de España, y fue en México donde la publicó y recibió el premio Juan Rulfo.
Con La muchacha de las bragas de oro gana el premio Planeta, en 1978, y continúa recorriendo los caminos de la memoria en Un día volveré, de 1982.
Empieza el siglo con dos premios nacionales, el de la Crítica y el de Literatura, por su obra Rabos de lagartija, donde retorna a la posguerra a través de recuerdos vividos o soñados.
Larga es la bibliografía de Juan Marsé y prolija su enumeración, pero basta concluir situando al autor en la lista de los mejores narradores de la segunda mitad del siglo XX. Su narrativa realista está, sin embargo, cargada de poesía, poesía que envuelve las historias que él cuenta como nadie.

Luque Maricarmen

Le Clézio: autor de la sensualidad extasiada

Ya tenemos en todos los medios de comunicación la noticia, la figura, los comentarios y opiniones para todos los gustos del nuevo Nobel de Literatura, correspondiente a este año 2008, al francés Jean-Marie Le Clézio.
Nacido en 1940, hijo de inglés de origen bretón y de madre bretona, presenta todos los rasgos de un nómada desarraigado, que defiende como su primer compromiso la lengua y la cultura francesa y la belleza de la creación.
Aunque nació en Niza, confiesa como su patria íntima isla Mauricio, donde la familia paterna emigró en el siglo XVIII.
Su nomadismo geográfico, Londres, Bristol, Tailandia, México y Estados Unidos se refleja en sus libros que relatan historias sobre México, Nuevo México, Africa y Oriente. Historias escritas en francés, pero donde se escuchan las voces de otras culturas, de civilizaciones distantes.
Le Clézio es un ciudadano del mundo. Escribe sobre Nigeria o el Sahara. Es un estudioso de las culturas mesoamericanas, vive largo tiempo entre las tribus indígenas de Panamá y México. Profesor en las universidades de México, Londres, Perpiñán, Bangkok, Boston, Austin, y actualmente Alburquerque.
A pesar de haber causado sorpresa en gran parte del mundo la concesión del Nobel de Literatura de este año, hace ya tiempo, Octavio Paz, cuando recibió el suyo, en 1990, confiaba en que algún día se lo concedieran a Le Clézio, al que consideraba como el mejor prosista de la lengua francesa de la segunda mitad del siglo XX.
Y es que Jean-Marie Le Clézio es conocido en México desde su llegada a la capital, en 1967. Larga es la lista de libros y diferentes textos escritos por él sobre México, el mundo prehispánico, sobre los indios huicholes, los campesinos de Michoacán, sobre el Yucatán del siglo XIX y las jornadas sangrientas del año 1968 en la capital mexicana.
La Academia Sueca premia en Le Clézio a un autor universal y nómada, escritor de la ruptura y de la sensualidad extasiada; investigador de todo lo humano, autor coherente, de un estilo accesible, que acepta la creación sin hacer filosofía; narrador excelente, autor de más de cuarenta novelas donde pone su inteligencia literaria al servicio de la lengua y la expresión.

Luque Maricarmen

miércoles, 1 de julio de 2009

Escribe una computadora una novela

Hablé de ello hace tiempo y no me creyeron. Pero hoy ya es realidad. Lo acabo de leer en un periódico y se lo cuento.
Un ucraniano, Alexander Prokopovich, acaba de editar en San Petrsburgo la primera novela producida, generada, creada, mas no escrita, por una computadora. En tres días el cerebro informático ha sido capaz de dar al mundo su primera obra literaria.
Es cierto que para que el "invento" saliera a la calleen tan corto plzo ha sido necesario un laborioso proceso de ocho meses de trabajo colectivo, pero una vez aprendido el truco, tendremos novelas como churros. Amor verdadero.wrt es el título de la obra, inspirada en la novela de Tolstoi, ¡quién se lo iba adecir!, Anna Krenina.
¿Cómo publicar una historia de amor que no fuera escrita por un hombre ni por una mujer? ¿No es esta la única manera de contemplar el amor de una forma objetiva? Esta idea fue el móvil del experimento literario
¿Qué paa de la inspiración, de la reatividad, del estilo personal? No es necesario. Eso fue obra de otros. Ahora basta con suministrar a la máquina una serie de datos, de modelos y patrones de acción y reacción de los personajes ante los estímulos, para que surj la trama de la novela. ¿Srá esta la nueva literatura?
No nos engañemos. La metáfora, la imagen sugerente, la frase feliz, la belleza del lenguaje no pueden programarse.
El invento puede servir para dar una función distinta y nueva a la comptación, pero no cabe duda de que, al fial, será el artista, el escritor, el que tendrá que poner la calidad y la belleza literaria al nuevo invento.
Amigos, tiempo al tiempo.

Luque Maricarmen

miércoles, 13 de mayo de 2009

Centenario de El cantar del Mío Cid

Este es un año especial para todos los hispanohablantes. 2007 es el año en que se celebra institucionalmente el VIII centenario de la publicación del libro más antiguo escrito en lengua castellana, El Cantar de Mío Cid.
En realidad no se sabe con certeza cuándo ni quién lo escribió, pero fue en 1207 cuando apareció la copia manuscrita atribuida al monje Per Abbat.
El Cantar de Mío Cid, un cantar de gesta que narra las hazañas, venturas y desventuras del caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, quien a pesar de la firme e inquebrantable lealtad a su rey, Alfonso VI, para quien conquistó tierras a los moros en victoriosas campañas, es desterrado a causa de las calumnias de cortesanos envidiosos.
La obra narra en verso la desgracia de este valiente soldado y caballero que tiene que abandonar sus tierras y a su familia para marchar al destierro, y su paso por los mismos campos y ciudades que antes fueron testigos de su gloria.
El Cid, cuya fama de buen soldado es conocida hasta los más recónditos rincones de Castilla, atraviesa todos esos lugares, acompañado de unos pocos fieles, sin que nadie ose ofrecerle hospitalidad, pues a su paso se cierran puertas y ventanas ante el temor a la represalia anunciada por el rey a quien lo acogiera en su casa: “sería despojado de sus bienes y hasta los ojos perdería”.
Y 800 años después de la salida a la luz de este poema épico, se crea una ruta cultural que quedará institucionalizada, el Camino del Cid, y que recorrerá aquellos lugares que supuestamente el Cid recorrió camino del destierro.
Aquel glorioso personaje de quien el propio autor escribió: “¡Dios, que buen vasallo si tuviese un buen señor!”.

Luque Maricarmen

sábado, 2 de mayo de 2009

Artículo para leerse en voz alta

La de hoy, amigos, es para leerla en voz alta. Vean por qué.
El arte de pronunciar correctamente un idioma es eso, un arte. La ortología es un arte que pocos dominan, pero si conocemos las normas que la regulan, todos podremos articular mejor.
En la pronunciación de la x (equis) cuyo sonido es ks, se dan dos tendencias contrarias: la de exagerar el sonido ks cayendo en la ultracorrección, o la de ignorarlo, reduciéndolo a una s, lo cual es una pronunciación vulgar.
Las normas dicen que la equis entre vocales o al final de palabra debe sonar claramente ks, como ocurre con las palabras examen, taxi, dúplex, relax.
En cambio, cuando la equis va en posición inicial de palabra o delante de otra consonante, la pronunciación normal es casi s. Tal sucede con xenofobia, xilófono, exponer, extra, etcétera, más cerca de la s que de la ks. Exagerar el sonido resulta afectado.
Dos letras distintas para un solo sonido son la b (be) y la v (uve). Ambos grafemas, que antaño nos hacían pronunciar de forma diferente, tienen el mismo sonido, bilabial sonoro (con los dos labios). Por lo que en burro, tabaco y balón, la b suena igual que la v en venta, viejo y valiente.
Pronunciar la v con sonido labiodental (labio y dientes) es una falta que, por cierto, se comete frecuentemente entre locutores y hasta profesores.
El dígrafo ll (elle) tiene un sonido consonántico muy propio, palatal lateral (a un lado del paladar) que sólo es respetado en algunas zonas determinadas, y entre hablantes de pronunciación esmerada. La pronunciación normal y más extendida es la del sonido palatal central (en el centro del paladar) muy cerca del de la y (i griega) que se llama yeísmo. Esta simplificación en la pronunciación de ambas letras (ll, y) que neutraliza la oposición entre el sonido de una y otra, está muy extendida en el área de habla hispana, a ambos lados del Atlántico. Tanto, que hoy el yeísmo se considera correcto.

Luque Maricarmen

miércoles, 29 de abril de 2009

Orhan Pamuk recogió su Nobel de Literatura

Envuelto en la polémica suscitada por la concesión del Nobel de Literatura, el escritor turco Orhan Pamuk, al que muchos de sus detractores restan méritos literarios y atribuyen el premio más a su postura antinacionalista que a su valía profesional, este 10 de diciembre recogió el galardón de la Academia Sueca.

Treinta años lleva Pamuk escribiendo, sobre todo, novelas, el género literario que le une a la vida. Según sus palabras, necesita dedicarse a la literatura para ser feliz como el enfermo precisa de las medicinas para seguir viviendo.

Diez horas diarias, sentado en el mismo cuarto, dedicado al oficio de escribir. “Y no siempre escribo bien —confiesa. Cuando eso sucede, el mundo se convierte ante mis ojos en un lugar odioso, insoportable. Por eso, la mayor fuente de felicidad para mí es escribir, al menos, media página bien hecha”.

Pamuk cura sus altibajos emocionales con la literatura, creándola o disfrutando de la de otros creadores. La literatura es para él un consuelo, el refugio frente a las actividades desagradables de cada día.

Cuando estoy en medio del barullo de teléfonos, despachos, amistades, compromisos, entierros… a punto de zambullirme en el corazón de los acontecimientos, empiezo a aburrirme, y entonces siento la necesidad de escribir; es así como muchos nos convertimos en escritores, añade el autor de Nieve.

La novela une partículas de imaginación en las que nos gustaría sumergirnos lo antes posible para olvidar nuestro aburrido mundo. A fuerza de escribir, ensanchamos los límites de lo imaginario y convertimos ese segundo mundo en algo más amplio y completo. Las novelas son nuevos mundos en los que podemos entrar felices si las leemos, y más aún si las escribimos. Al igual que al buen lector le dan felicidad, al buen escritor le ofrecen un sólido mundo nuevo donde será feliz, al que podrá escapar a cualquier hora del día. Lo mejor de escribir es poder olvidar el mundo.

Como el escritor establece las reglas del juego, siente que los lectores le seguirán arrastrados por la atracción de su lenguaje, de sus frases, de su historia. La escritura es la capacidad de hacer que el lector diga: “Yo también iba a decir eso, pero…”.

Amigos, a través de estas declaraciones, ¿pudieron “entrar” en la personalidad del Nobel turco? La lectura de su obra es vital para conseguirlo.

Luque Maricarmen

Nobel de Literatura 2006: Pamuk, hombre de su tiempo y comprometido

Por primera vez en la historia de los Nobel, este reconocido galardón recae en un escritor de lengua turca. El Nobel de Literatura de este año 2006, Orhan Pamuk, es natural de Estambul, capital del antiguo Imperio Otomano, cuna de culturas y eslabón entre Oriente y Occidente.

Comprometido con el pasado y el presente de su país, denuncia valientemente la masacre del ejército turco con los kurdos y la matanza de un millón de armenios en el ocaso del Imperio Otomano (1915-1917).

Orhan Panuk, nacido hace 54 años en el seno de una familia acomodada, recibió una educación laica. Pintor, periodista, novelista y dramaturgo defiende una actitud conciliadora frente a las distintas culturas, y rechaza la imposición de una sobre otra. Ante la acusación de quien le considera un símbolo de ruptura, afirma: “Soy afortunado porque Turquía es la unión de Oriente y Occidente, donde confluye lo moderno y la herencia”.

En Estambul, obra biográfica y último libro traducido al español, se lee: “A veces me siento desdichado por haber nacido en Estambul, bajo el peso de las cenizas y las ruinas de un imperio hundido, en una ciudad que envejece… pero comprendo que Estambul, donde nací y donde he pasado toda mi vida, es para mí un destino incuestionable”.

La Academia Sueca justifica la concesión del premio otorgado a Pamuk: “En la búsqueda melancólica de su ciudad natal, en la que ha descubierto nuevos símbolos para entender el choque y la interrelación de culturas”.

Sin embargo, no puede ignorarse que este reconocimiento a la obra del autor turco puede suponer un problema añadido a la ya conflictiva incorporación de Turquía a la Unión Europea.

Pero, por encima de otras connotaciones, el Nobel turco, Orhan Pamuk es uno de los jóvenes escritores que cambió la literatura de su país, recogiendo todo lo que representaba la herencia otomana e integrándolo en el paisaje de Estambul.

Su obra no es de lectura fácil, pero tiene proyección universal porque sus temas son de interés general. Es un hombre de su tiempo, comprometido y valiente, que por méritos propios figura ya en el Olimpo de los escritores elegidos.

Luque Maricarmen

lunes, 20 de abril de 2009

Premio Cervantes a Sergio Pitol: Un galardón que hace justicia

El Premio Cervantes, el galardón más importante de las letras en español, tiene este año un sabor especial. Y lo tiene por ser este 2005 el 400 aniversario de la publicación de El Quijote, la obra que narra las venturas y desventuras de un caballero manchego de dimensión universal, que salió de la pluma del insigne don Miguel de Cervantes Saavedra.
El Cervantes del año 2005 ya está en manos de un gran escritor mexicano, Sergio Pitol, autor poco convencional, modesto, apartado del mundanal ruido, pero audaz, singular, coherente y transgresor a la hora de escribir.
Autor preferente de cuentos, género en el que se siente libre y da rienda suelta a su inteligencia, domina el párrafo largo desafiando la tradicional brevedad de este tipo de narración.
Su trayectoria vital determinó el carácter del escritor y de su obra. Huérfano desde niño y enfermo varios años de su infancia, fue criado por una abuela inteligente, culta y “magnífica”, según sus palabras.
Estudió Filosofía y Leyes, y dedicó gran parte de su vida a viajar, pronunciar conferencias, traducir, enseñar literatura y, naturalmente, escribir. Formó parte de la diplomacia mexicana como embajador y agregado cultural en distintos países.
El contacto con gente y culturas tan diversas ha hecho de él un personaje singular y distinto, enriqueciendo su cosmovisión y afianzando sus criterios contra abuso del poder y la injusticia.
Sergio Pitol es un escritor profundo y enigmático que domina la parodia e introduce en su obra el sentido del humor, poco frecuente en la literatura hispanoamericana.
Cuentos, novelas y ensayos son los géneros cultivados por este autor, que recibió la noticia del premio Cervantes con incredulidad y sorpresa, en Xalapa, donde reside.
Un galardón que hace justicia a uno de los grandes escritores en lengua española, y que le será entregado por los reyes de España el 23 de abril, aniversario de la muerte del escritor que da nombre al premio.

Luque Maricarmen

sábado, 18 de abril de 2009

Harold Pinter: Testigo de nuestro tiempo

Este año, la concesión del Nobel de Literatura ha estado envuelta por un ambiente tenso y polémico. La Academia Sueca sufrió un descalabro a causa del abandono de la misma por uno de los académicos con más prestigio nacional e internacional, Knut Ahnlund, ocurrido dos días antes de la elección del galardonado.
Knut, elegido desde 1970 por el Instituto Nobel, como experto e investigador en literatura contemporánea, comunicó el día 11 su salida de la Academia en señal de protesta por la concesión del Nobel 2004 a la austriaca Elfriede Jelinek, manifestando que “ese premio ha destruido para siempre la valía del galardón, quitando valor tanto a las anteriores como a las futuras decisiones de la Academia”.
A pesar de todo, el día 13, el secretario permanente de la Academia anunció solemnemente la concesión del premio Nobel de Literatura 2005 al autor inglés Harold Pinter, calificándolo como el dramaturgo más relevante de nuestra época.
Opiniones y comentarios de todos los gustos hubo hacia esta elección. Pinter es un personaje controvertido. Su significación política y su antiamericanismo feroz convierten para muchos el premio concedido en una baza política y oportunista por parte de la Academia.
Harold Pinter, de 75 años, hijo de un sastre judío, pertenece al movimiento de “jóvenes airados” que en los años 50 se enfrentaron al Establishment británico.
Crítico con el sistema y comprometido políticamente, es un hombre de cine y de teatro, considerado como el “máximo exponente del teatro dramático inglés de la segunda mitad del siglo XX”.
Dramaturgo, actor y guionista de películas, seguidor de Beckett e influenciado por Kafka, Pinter es el maestro de los silencios. Lo mejor de su teatro son las pausas, los silencios que el autor administra con sabiduría y crudeza. Silencios cargados de sentido, expresivos, intensos y firmes porque dramatizan la tensión de los personajes.

Luque Maricarmen

La cigarra y la hormiga: Desmitificada, popular fábula

Seguro que muchos recuerdan la fábula de “La cigarra y la hormiga”, que comienza: Cantando la cigarra/pasó el verano entero,/sin hacer provisiones/allá para el invierno. (…)
Y cuando llegan los fríos invernales, para no morir de hambre, la cigarra recurre a la hormiga, pidiéndole algunas provisiones de las que laboriosamente ésta ha ido acumulando durante el verano, mientras ella sólo cantaba y cantaba sin cesar. Pero la hormiga le responde: ¡Yo prestar lo que gano/con un trabajo inmenso!/Dime, pues, holgazana,/¿qué has hecho en el buen tiempo?/Yo, dijo la cigarra,/a todo pasajero/cantaba alegremente,/sin cesar un momento./Ah, ¿con que cantabas/cuando yo andaba al remo?/Pues ahora que yo como,/baila tú con tu cuerpo. Todos entendimos la moraleja de esta fábula: hay que ser previsor y no perder el tiempo flojeando. Y durante mucho tiempo se miró a la cigarra con cierto desprecio y se admiró, en cambio, a la laboriosa hormiga.
Años después supe, gracias al investigador José Mª Iribarren, que esta fábula tuvo numerosos detractores que levantaron su bandera a favor de la cigarra.
Unos de los que lo hicieron fue un entomólogo (estudioso de los insectos) francés del siglo XIX, Jean Fabre. Afirmaba que, gracias a la tolerancia de las cigarras, las hormigas se aprovechan de la savia que aquéllas hacen brotar de las ramas de los árboles sin dejar de cantar.
El escritor español Blasco Ibáñez, siguiendo la línea de detractores de la fábula de La Fontaine, sostiene que la cigarra no puede pedir a las hormigas las provisiones que éstas guardan (granos de trigo y cadáveres de otros insectos), ya que ella no come, chupa. Carece de mandíbulas y de boca y su herramienta para alimentarse es una especie de trompa con la que agujerea la corteza de los árboles. Y escribe sobre ella: Música del sol, habitante de las alturas, poeta del follaje… Queda así desmitificada la conocida fábula. Yo, por mi parte, rompo lanzas en favor del mérito de alegrar al pasajero, que no es poco.

Luque Maricarmen

miércoles, 15 de abril de 2009

El Quijote, tema omnipresente

Hablar, mejor dicho, escribir sobre El Quijote, cuando en el mundo entero, con motivo del IV centenario de su publicación, es un tema omnipresente, parece que está de sobra. Pero, amigos lectores, nunca está de más conocer aspectos nuevos del libro más emblemático y significativo de la literatura española, el más leído, estudiado y traducido de los que se han escrito hasta hoy en nuestra lengua.
Sabemos que El Quijote ha sido traducido a más de 80 lenguas, incluido el sánscrito. Y que hace un par de años se tradujo al latín con el título de Historia Domini Quixoti a Manica (Historia del Señor Quijote de La Mancha), y a la lengua china bajo el título de Biografía de un espadachín caballeresco y mágico.
También sabemos que no hace mucho se hizo una transcripción de la obra en 140 mil versos, y que comienza así:
“Digo, pues, que en un lugar/de La Mancha, en un paraje/de mucho campo y paisaje/cuyo nombre no he de dar/pues no quiero recordar/semejante fantasía/no hace mucho que vivía…”.
Y es sabido que se elaboró una edición crítica, con lo que la obra de Cervantes queda tal y como salió de las manos del autor, pues en ella se limpiaron las incorrecciones que se habían ido incorporando al texto original en sucesivas ediciones.
Se sabe que el autor, obligado por su situación económica, vendió el manuscrito por 1500 reales, que el editor tardó diez años en vender diez mil ejemplares, y que la primera edición del Quijote fue rematada en un millón de dólares en una subasta, en Nueva York, en 1997.
Todo esto sabemos de Don Quijote y Sancho Panza, esos dos personajes, que después de 400 años siguen vivos y despertando la admiración y la curiosidad del mundo entero.
Amigos, es el momento de retomar la lectura de esta obra, disfrutando de las aventuras y desventuras de estos dos personajes que, a lomos de Rocinante y Rucio, siguen recorriendo los caminos.

Luque Maricarmen

miércoles, 25 de marzo de 2009

Aguerridos soldados y altivos caballeros

No hace mucho, unos extranjeros me formularon una curiosa pregunta: Rocinante, la cabalgadura de Don Quijote, el héroe de la novela de Miguel de Cervantes, ¿es macho o hembra?
Pues, por si esa misma duda se le ha planteado a alguno de mis lectores, ahí va la respuesta.
Rocinante era un rocín “matalón”, es decir, endeble y lleno de mataduras. Y si es un rocín, está claro que es macho, porque el rocín, en español, es un caballo de mala traza, basto y de poca alzada.
Queda claro, entonces, el sexo de Rocinante, el caballo del manchego universal, Alonso de Quijano, conocido mundialmente como Don Quijote de la Mancha.
Como claro está el género de Tizona, la célebre espada del Cid que tan diestramente esgrimió a lomos de su caballo Babieca, y con la que tantas tierras reconquistó a los moros para España.
El soldado, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, es el personaje central del Poema de Mío Cid, la primera obra completa escrita en castellano, allá por el siglo XII.
Y si de espadas famosas se trata, también lo es Escalibur o Escalibor.
Perteneció al legendario rey Artús o Arturo, príncipe de los antiguos bretones, cuya corte de caballeros fue conocida como Los Caballeros de la Tabla Redonda, en alusión a la mesa a cuyo alrededor se sentaban a deliberar sobre los asuntos del reino.
Pues cuenta la leyenda que al morir su padre y reclamar el hijo su derecho al trono, sólo se lo concedieron cuando fue capaz de arrancar la famosa espada de una enorme piedra en la que estaba clavada, hazaña que nadie antes había logrado realizar.
Y fue la espada Escalibur la fiel compañera del rey Artús o Arturo en todas las batallas que tuvo que librar hasta su muerte.
Ficción o realidad, ¡quién sabe! Un poco de todo, pero, en cualquier caso, hermosas historias de aguerridos soldados y altivos caballeros.

Luque Maricarmen