sábado, 2 de mayo de 2009

Buenas noticias para la lengua española

Nuevas noticias en torno al IV Congreso Internacional de la Lengua Española y al XIII Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua, clausurados en Colombia hace unas semanas. Pero, sobre todo, noticias nuevas sobre el español, nuestra lengua.
Y ahora son conclusiones. Medidas prácticas que siguen a estas celebraciones periódicas, a estos encuentros que desplazan a cientos de estudiosos y amantes del idioma, desde los puntos más lejanos del planeta, unidos por un interés común: la puesta a punto del español.
El español, un vínculo que hermana a 400 millones de hablantes repartidos por veintiún países.
El Diccionario Histórico es la gran deuda pendiente de la Academias del español con su lengua. Este proyecto, que arrancó en el año 2000, presentará el recorrido de 150 mil palabras usadas para entenderse los hispanohablantes a lo largo de mil años de andadura. Y según los planes de la Real Academia Española (RAE) podremos tenerlo en las manos en 2013, cuando se cumplan 300 años de su fundación.
Antes de esa fecha, en 2008, la Asociación de las 21 Academias de la Lengua Española publicará una Ortografía, renovada y más extensa que la editada en 1999.
Y ese mismo año, tendremos en las librerías la Nueva gramática panhispánica, un texto descriptivo y normativo a la vez, que ya estábamos esperando.
El Diccionario de americanismos es otro de los proyectos más adelantado de las Academias. Contiene 100 mil americanismos, esto es, palabras surgidas entre los hispanohablantes de América, e indigenismos, vocablos del español cuyo origen está en las lenguas amerindias; en resumen, 100 mil voces más añadidas al español, para enriquecerlo y hacerlo más grande.
Antes de clausurar este IV Congreso, se anunció la sede del próximo, el que será V Congreso Internacional de la Lengua Española. Se celebrará en Chile, coincidiendo con el bicentenario de la independencia del país andino, en 2010. Las ciudades propuestas son Valdivia o Valparaíso, pero eso está aún sin determinar. Demos tiempo al tiempo.

Luque Maricarmen

Artículo para leerse en voz alta

La de hoy, amigos, es para leerla en voz alta. Vean por qué.
El arte de pronunciar correctamente un idioma es eso, un arte. La ortología es un arte que pocos dominan, pero si conocemos las normas que la regulan, todos podremos articular mejor.
En la pronunciación de la x (equis) cuyo sonido es ks, se dan dos tendencias contrarias: la de exagerar el sonido ks cayendo en la ultracorrección, o la de ignorarlo, reduciéndolo a una s, lo cual es una pronunciación vulgar.
Las normas dicen que la equis entre vocales o al final de palabra debe sonar claramente ks, como ocurre con las palabras examen, taxi, dúplex, relax.
En cambio, cuando la equis va en posición inicial de palabra o delante de otra consonante, la pronunciación normal es casi s. Tal sucede con xenofobia, xilófono, exponer, extra, etcétera, más cerca de la s que de la ks. Exagerar el sonido resulta afectado.
Dos letras distintas para un solo sonido son la b (be) y la v (uve). Ambos grafemas, que antaño nos hacían pronunciar de forma diferente, tienen el mismo sonido, bilabial sonoro (con los dos labios). Por lo que en burro, tabaco y balón, la b suena igual que la v en venta, viejo y valiente.
Pronunciar la v con sonido labiodental (labio y dientes) es una falta que, por cierto, se comete frecuentemente entre locutores y hasta profesores.
El dígrafo ll (elle) tiene un sonido consonántico muy propio, palatal lateral (a un lado del paladar) que sólo es respetado en algunas zonas determinadas, y entre hablantes de pronunciación esmerada. La pronunciación normal y más extendida es la del sonido palatal central (en el centro del paladar) muy cerca del de la y (i griega) que se llama yeísmo. Esta simplificación en la pronunciación de ambas letras (ll, y) que neutraliza la oposición entre el sonido de una y otra, está muy extendida en el área de habla hispana, a ambos lados del Atlántico. Tanto, que hoy el yeísmo se considera correcto.

Luque Maricarmen

Vivan los libros, viva la libertad

Me llamó la atención, por sugerente, el título que encabezaba un artículo periodístico firmado por el académico García de la Concha, actual director de la Real Academia de la Lengua.
El lema, “más libros, más libres”, es todo un reconocimiento a la capacidad liberadora de la lectura.
Más libre es el hombre que sale de su aldea personal para sumirse en el universo del libro. El que se olvida de sí mismo y se sumerge en el mundo de otros. Más libre porque no pone barreras a la imaginación ni al pensamiento.
Si durante siglos se insistió en la necesidad de conocer una serie interminable de reglas antes de embarcarse en la aventura audaz de la lectura de un libro, ya es hora de que nos aventuremos, cuantas más veces mejor, en esa travesía emocionante, en ese apasionante viaje que es la lectura.
No hay barreras que nos impidan leer. Cualquier momento es bueno; cualquier edad es buena; cualquier lugar es bueno. Y si no nos inculcaron el hábito por la lectura, siempre se está a tiempo de adquirirlo.
Desde luego, es la escuela la que tiene el papel de sustituir el viejo adagio de “la letra con sangre entra” por “la letra con letra entra”, como decía con frecuencia el poeta Pedro Salinas.
Si los libros nos hacen más libres, usemos las armas que tenemos a nuestro alcance para luchar por la libertad. Leamos. Leamos y regalemos libros. Libros a los niños, libros a los jóvenes, a los de mediana edad, libros a nuestros mayores. Hagamos nuestro el lema: “más libros, más libres”.

Luque Maricarmen

Adjetivos,elementos indispensables en el lenguaje

¿Cuántas veces, amigos, hablando o escribiendo, les sucede que no encuentran el calificativo adecuado para aquello que quieren calificar? A mí también.
Y es que el adjetivo, esa palabra que califica al sustantivo, es un elemento indispensable para dar fuerza descriptiva a nuestro lenguaje.
Usarlo en exceso, como todo, es un error, pues hace la expresión recargada y barroca. Pero acertar con el calificativo preciso en una plática o en un escrito es un acierto para el que está hablando o escribiendo.
Muchas veces he pensado que en la escuela, así como nos obligaban a aprender listas interminables de verbos irregulares en inglés, así nos deberían haber surtido de un buen acervo de adjetivos, en español, con sus significados correspondientes, para echar mano de ellos cuando los necesitáramos.
Y de esa forma, se evitaría el uso constante de “bonito, lindo, bueno, malo, padre”… y pocos más, para todo. E incluso llega a ocurrir que la opinión requerida sobre una película, por ejemplo, se resume en un lacónico: “me gustó”, “es buena” o “es mala”, sin más; porque nos faltan los calificativos oportunos para expresar una opinión certera sobre esa película.
Ocurre con frecuencia, que al intentar calificar algo o a alguien, ante la falta del adjetivo oportuno, se recurre a la frase adjetiva, la cual explica la significación de ese adjetivo ausente. Por ejemplo “Las personas (que carecen de fuerza de voluntad) abúlicas no superan las dificultades de la vida” o “las indicaciones (que se expresan en pocas palabras) claras y concisas son más (fáciles de entender) inteligibles”.
Y más breve resulta, decir “ese autor no me gusta porque emplea un lenguaje macarrónico”, que “no me gusta porque emplea un lenguaje vulgar faltando a las normas de la gramática y del buen gusto”, que es en realidad lo que significa macarrónico.
Pues para eso están los adjetivos, para expresar en una sola palabra todo un contenido de cualidades, sin necesidad de explicaciones.

Luque Maricarmen

Los refranes con significación

Me gustan esas frases o refranes que, cargados de significación, pasan a través de generaciones y enriquecen el lenguaje añadiéndole expresividad.
Dar gato por liebre se usa desde antiguo con el sentido de “engañar en la calidad de una cosa por medio de otra inferior, que se le parece”.
Y de atrás viene el refrán, porque parece ser que el gato no fue considerado animal doméstico en Europa hasta bien entrada la Edad Media, cuando unos mercaderes orientales lo introdujeron en Venecia como remedio contra una plaga de ratas que infestaba la ciudad. Pero hasta entonces, el gato era considerado animal salvaje y un apetecible manjar, por lo que para tal fin era cazado, aunque, en la mesa, la liebre siempre fue preferida.
Y sucedió entonces, que un famoso cocinero llamado Ruperto de Nola, virtuoso como pocos en el arte culinario, a menudo engañaba a sus comensales haciendo pasar por liebre lo que en realidad era gato salvaje. Les daba gato por liebre. De ahí el sentido de engaño que encierra el refrán.
Y ya que hoy va de animales, leí hace tiempo que la paloma migratoria o viajera, esa especie que no hace mucho surcaba los vientos en inmensas bandadas, desapareció definitivamente el 1 de septiembre de 1914.
Unos años antes, a finales del siglo XIX, se habló de una bandada de palomas viajeras volando en una columna de unos 460 metros de anchura que tardó tres horas en pasar por encima de los que la observaban, y que según cálculos estaba formada por, aproximadamente, un billón de aves. Sin embargo, la desaparición de bosques y la caza masiva acabaron con estos animales en un tiempo relativamente corto.
Y no es de extrañar, pues en 1869 se llevó a cabo en Estados Unidos una cacería en la que se llegaron a capturar más de siete millones y medio de palomas migratorias. El último ejemplar de esta ave murió en 1914 en el zoológico estadounidense de Cincinnati.

Luque Maricarmen

Lengua que une la diversidad

Ya está listo para el despegue el IV Congreso Internacional de la Lengua Española.
Después de aquel primer encuentro que todos recordamos, en la ciudad de Zacatecas, hace ya diez años, el segundo en Valladolid, ciudad castellana de larga historia, en 2001, y el tercero en la ciudad argentina de Rosario, en 2004, la ciudad colombiana de Cartagena de Indias será la anfitriona de este IV Congreso que se celebrará del 26 al 29 de marzo.
“Presente y futuro de la lengua española. Unidad en la diversidad” es el lema que presidirá las sesiones de trabajo del congreso, el cual se organizará en torno a cuatro ejes: “El español, instrumento de integración iberoamericana”. “El español, lengua de comunicación universal”.
“Ciencia, técnica y diplomacia en español”. “Unidad en la diversidad lingüística”.
En el acto de presentación, el director de la Real Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, señaló que nuestra lengua ha de consolidarse en dos frentes: ciencia y tecnología, y diplomacia.
Serán objetivos de este encuentro la aprobación de nuevos estatutos para las Academias de la Lengua Española hispanoamericanas y la certificación del español como lengua extranjera.
En los días previos a la inauguración de este IV Congreso, que tendrá lugar el día 26 y será presidido por el Rey de España y el presidente de Colombia, se celebrará el XIII Congreso de la
Asociación de Academias de la Lengua, en el que se presentará la nueva Gramática panhispánica. Un texto descriptivo y normativo a la vez, una radiografía del español de todo el mundo.
Uno de los actos más emotivos e importantes del IV Congreso es el homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien cumple 80 años de vida coincidiendo con los 60 años de su primera publicación literaria, 40 de su obra más importante y 25 de la concesión del premio Nobel.
La RAE y la Asociación de Academias le entregarán una edición conmemorativa de su Cien años de soledad, edición revisada página a página por el propio autor.El carácter panhispánico que presidirá los actos de la semana del 22 al 29 de marzo en Colombia responde a la grandeza de una lengua en la que nos expresamos más de 400 millones de hablantes, la segunda lengua de comunicación en el mundo.

Luque Maricarmen

Lo que nos dejó el griego y el latín

Ya sabemos que el español tiene su origen en las dos grandes lenguas de cultura, latín y griego, lo que hace que muchas palabras nuestras estén formadas por elementos compositivos de estas lenguas. Tal sucede con el grupo consonántico “ps”, resultado de la transcripción de la letra griega “psi” que aparece en la posición inicial de numerosos vocablos cultos: psicología, psicosis, psiquiatría, psicoanálisis (de “psyché”, alma) y pseudointelectual o pseudoprofeta, (de “pseudo”, falso).
En todos estos casos se admite la reducción del grupo “ps” a “s” y, aunque el lenguaje culto prefiere conservar la “p”, en el uso habitual pueden escribirse sin ella: sicología, siquiatría, seudoprofeta, etcétera.
En cuanto a la simplificación consistente en suprimir la letra “h” del prefijo griego “hexa”, elemento compositivo de las palabras hexágono (polígono de 6 lados) y hexagonal, escribiendo exágono y exagonal, es desaconsejable esta práctica, pues si bien “hexa” significa seis: hexaedro, (poliedro de 6 caras) hexámetro (verso de 6 pies) hexápodo (insecto de 6 patas), el prefijo “exa” significa un trillón. Nada que ver.
Sin olvidar que del numeral latino “sex” también se formaron muchas palabras relacionadas con el seis: sexto (6º) sexagésimo (60º) sexagenario (ya cumplió los 60, pero no llega a 70) sexenio, sexenal, etc.
Y hablando de prefijos, tengo que recordar que a veces se confunden “ante” y “anti”, olvidando que “ante” indica anterioridad y equivale a antes, y “anti” es “lo opuesto” y equivale a contra.
Resulta obvia la diferencia en las palabras anteayer (antes de ayer), anteproyecto (antes del proyecto), frente a antidepresivo (contra la depresión) antitusivo (contra la tos) o antitérmico (contra la fiebre).
Por eso, lo que sucedió antes del diluvio, me refiero al diluvio universal, cuando Noé se metió en un arca con una pareja de cada especie animal, es antediluviano, no antidiluviano, como tantas veces se oye. Y por extensión, se aplica este adjetivo a lo que es antiquísimo.

Luque Maricarmen